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O la paranoia como forma de vida

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El Manifiesto Comunista II
“Intentar cambiar el mundo antes de que el mundo nos cambie a nosotros…y nos vuelva dóciles y mansos”. Quizás ésta parezca la máxima de un joven revolucionario. Y quizás decir “joven revolucionario” sea una redundancia, porque hubo un tiempo en el que todo joven era por naturaleza revolucionario. Pero es cierto, eso fue hace años. Ahora nos hacemos adultos demasiado pronto, no sé si por miedo a que nos descubran como niños asustadizos que no saben lo que hacer. Aceptamos un sistema que no nos convence y nos dejamos crecer la barba para parecer más viejos. “¿Y cual es la revolución que a usted le gustaría emprender, señorita?”. Pues la revolución de los valores.
Está claro que la ética existe desde que el hombre es hombre. Lo que han cambiado han sido las normas que le daban forma. De la lucha por la supervivencia a la cooperación para sobrevivir. Del reino del más fuerte a la defensa del más débil. De uno para todos y todos para todos a tres son multitud. La historia los llamó “utópicos”. Fueron aquellos que creyeron que las cosas se podrían hacer mejor, es decir, más humanas. ¿Por qué utópico suena a pobre soñador, a ingenuo perdido? Me pregunto su hoy en día existe algún tipo de reflexión al respecto; si al llegar a casa nos decimos “bueno, ya vale, esto tiene que acabar no podemos seguir así, y yo voy a hacer algo para cambie”, os si al encender la TV y meternos las zapatillas de paño, nuestra mente se convierte en una gran bola de algodón, blanda y suave, al que cualquier iniciativa revolucionaria le llega como un vago lametón.
¿Existe la cooperación, la verdadera amistad, la lealtad en el trabajo, el reconocimiento del error propio y el elogio del mérito ajeno, el juego limpio, la sonrisa franca, la ayuda incondicional, el abrazo desnudo? Pero, ¡peligro!. Acabo de llegar a casa y mientras todas estas ideas, mezcladas con el cabreo, fluyen de mi cabeza, empiezo a desvestirme y a ponerme las zapatillas, y desde la sala una voz me dice “Esta noche en TVE…”y entonces me acuerdo que ponen esa peli que tanto me gustó en el 98…y todo empieza a volverse blando, sin aristas…sin truenos…y me dejo llevar por la suave melodía de la comodidad.

Rosa Arroyo
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En el extrarradio también se especula
Antes de nada, darte la enhorabuena por la creación de tu página web.
Me parece una iniciativa tan buena como interesante. Pero yo, en mi empeño de mujer (chica, joven, adolescente o llámalo X) perfeccionista, creo estar en mi deber de informarte de algo. He estado leyendo tu artículo de ese ser tan carismático llamado Rouco Varela, y, no es porque seas tú, pero he de reconocer que me ha gustado mucho.
Sin embargo, mi matiz llega en la parte en la que mencionas el extrarradio. Llegados a este punto, y dado el viaje que realizo todos los días hacia la capital de la lujuría y desenfreno, como dice nuestro simpático amigo, me considero del extrarradio o, como algunos me llaman (espero q con cariño) extracomunitaria. Y has de saber, que la especulación de la vivienda ha llegado hasta estos lares, que no por lejanos, abandonados de la mano de Dios. Aquí un pisito corriente (y entendemos por corriente, de segunda mano, menos de 80 metros cuadrados y, con suerte, un par de habitaciones) no te baja de los 30 millones.
En fin, que todo está fatal y cada vez se extiende más. Sólo era eso. Siento ser tan puñetera, pero quería que lo supieras de primera mano. Cuídate y un beso.

Laura Romero





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