EL SEÑOR FLÖYD VISTO POR MISSS CALAMITY

Pues aquí están las fotografías que muestran pedacitos de vida de mi adorado tormento en este día de su octavo aniversario.
Espero que os gusten (en mi pueblo tengo un montón más, pero claro, no estoy en mi pueblo).

 

Aquí tenéis al enano zumbón pendiente de una pelota de juegos a los pocos días de llegar a su hogar español. Estaba más delgadito...

 

 

Estas tres también de cuando era cachorro. Aquí tendrá unos siete u ocho meses. La cuarta foto que viene en esta serie es Misss Calamity por los suelos después de que el señor Akebono Flöyd se cabreara porque le estaba haciendo unas fotos... Mi padre le estaba enseñando a coger palitos y que los devolviese. Por desgracia murió antes de que Flöyd aprendiera a devolverlos y nadie fue capaz de enseñarle...

 

 

Otra de cachorro, a punto de cumplir un año. Soy una pesada, lo sé, pero es que está tan guapo en esta instantánea... Por cierto, al lado está la Quinta de los Sustos y un poco más arriba un castillo medieval. ¿A que mola?

 

 

Simplemente Flöyd. Ahí donde le veis, con esa cara de tío serio, es un cachondo mental y un terrorista sentimental... Cuando algo no le gusta pone una carita que se te cae el alma al suelo de la pena.

 

 

Aquí está en la salita del la Quinta de los Sustos devorando una cuajada. Sólo hay una cosa que le guste más que los yogures: los donuts de chocolate. De pequeño era un escolimado, pero ahora come muchísimo y de vez en cuando hay que hacerle dietas de adelgazamiento porque se pone como una vaca. Mi madre y mis tías me lo sobrealimentan.

 

 

Aquí están Paquete (sí, es él, uohhhh, ovación del público presente) y su hijo adoptivo, osease Flöyd, en la salita. Flöyd está mirando mi mano en la que está la súper cuajada...

 

 

Y la última. Esta se la hice el verano pasado en medio de un trigal de los que ya quedan pocos en mi pueblo... Luego, evidentemente, hubo visita al veterinario porque al enano le encanta revolcarse por el suelo y se le clavan las pajitas en la oreja y, no veas tú, no hay quien se las quite, excepto Agustín, su vete que lo tiene dominado.

 

 

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