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ARGUMENTO
La
acción transcurre en Madrid, a finales del siglo XIX, y se inicia en el obrador
de plancha de Manuela, en el barrio de la Cava. Rosario y Emilia están
planchando en una mesa, mientras en otra, Pura, Lolita, Concha y Ascensión
hacen lo mismo. Cantan en ausencia de Manuela, la maestra, de quien a decir de
las demás, Rosario siente una cierta envidia. Los cantos de las planchadoras
son acompañados por los organilleros en la calle.
Llega
Manuela, guapa, bien plantada y chulapona, contando los piropos que por el
camino la han brindado. Entra en el obrador el señor Antonio, hombre cincuentón,
y padre de Emilia, viudo desde hace unos años y que corteja a Manuela, que toma
a broma sus pretensiones amorosas.
Quedan
solas Manuela y Rosario, que muestra cierto malhumor en la breve conversación
de trabajo que tienen entre las dos, hasta que aparece José María, joven bien
parecido y de condición popular, que es novio de Manuela. Las zalamerías de
ambos tienen lugar en presencia de Rosario, que demuestra una aparente
indiferencia. Cuando se marcha José María, Manuela confiesa lo mucho que
quiere a su novio. Rosario, se muestra muy escéptica respecto a la fidelidad de
los hombres. El tono empleado por Rosario habló, despierta ciertas sospechas en
Manuela, que insta a aquella para que la cuente todo lo que sepa de las andanzas
de su novio.
Estando
Rosario sola en el taller de plancha, vuelve José María en busca de Manuela,
que al ver que no está decide esperarla, entablando conversación con Rosario.
Acosada la joven por José María, esta rompe a llorar descubriendo sus
sentimientos por José María, que la besa en los ojos y ambos se abrazan. En
ese momento aparece Manuela, que simula no haber visto nada, pero cuando Rosario
hace acción de marcharse, le dice se deja el novio, lo que avergüenza a
Rosario, que sale y a José María le señala con la mano el camino de la calle.
Días
después, en una plazuela del barrio de la Moreria, donde hay una taberna y
enfrente la casa de Rosario, de la que sale José Maria encontrándose con
Antonio, al que explica que sus amores con Manuela, terminaron.
José
María vuelve a casa de Rosario con una manojo de claveles. De la taberna sale
el señor Antonio, que se detiene un momento en la puerta cuando aparece Manuela
con el traje de los domingos y mantilla negra. Salen de su casa, Rosario, su
madre y José María, produciéndose una situación violenta con insultos más o
menos encubiertos, afirmado Rosario que ahora José Maria es su novio. Manuela
reacciona con rabia pero es calmada por el señor Antonio.
Pasados
unos días más, en la Plaza de la Cebada, Rosario está buscando a José Maria,
al que lleva sin ver varios días. Piensa que pueda estar en el café cantante
Naranjero, pero no se atreve a en. Al poco rato llega José María con la
intención de entrar, pero el sereno lo detiene preguntándole si todas las
noches asiste a el para olvidar a Rosario o para pensar en la Manuela.
En
el interior del café y con el asombro de todo el mundo, entra Manuela, a la que
recibe con halagos el señor Antonio. Ella se dedica a escudriñar con la mirada
todo el café como buscando a alguien. Aparece José Maria y con Manuela
recuerdan su cariño y acaban confesándose de nuevo su amor y marchándose los
dos, con el enfado del señor Antonio que tira al suelo con fuerza la copa que
tenia en la mano.
En
los Viveros de Lázaro o de
“Migas Calientes”, donde se está celebrando la boda de Emilia, hija del señor
Antonio, donde han sido los padrinos el padre de la novia y Manuela, y donde
entre otros invitados se encuentran Rosario y José Maria. Rosario corta el paso
a José María recriminándole su olvido, a lo que José Maria replica ”Lo
nuestro ha muerto, mujer. En el transcurso de la fiesta Rosario se acerca a
Manuela y entre las dos mujeres tiene lugar un dialogo en el que Rosario pide
perdón a Manuela, y la confiesa que esta esperando un hijo de José Maria.
Manuela toma la decisión, le dice a José María que cumpla con su deber, y se
case con Rosario, de nada le sirven las protestas a José Maria, para convencer
a Manuela de que es a ella a quien quiere. Manuela se dirige al señor Antonio,
diciéndole que es libre.
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