Layla Uthman, escritora kuwaytí


Se abandona el país, se separa el camino

1994

relato

El coche de Ganima inició el recorrido por el barrio residencial... La tranquilidad reinaba en las calles... Ni tiendas... ni ultramarinos, ni olor a pollo asado, ni aroma de especias... La limpieza era manifiesta y la hierba sembrada exhalaba su olor a verde con ese calor intenso... Las ramas de los árboles cubrían el cielo con sus hojas... y ni una sola brisa las agitaba... No había ni una sola persona en movimiento... ¡Ni canciones que provinieran de las ventanillas del autobús!

Sintió tristeza... Aún tenía en sus oidos los sonidos de las apasionadas canciones.

-Mañana... les pediré las letras -se dijo.

Se alegró por esa decisión y recordó las caras de las estudiantes... La alegría desplegada en su rostros a pesar de ir amontonadas en el autobús sin aire acondicionado... Suspiró profundamente.



Una vez en casa... respiró el olor de la apetitosa comida... aunque le dijo a su madre que no tenía ganas de comer.

Cuando llovieron los mimos de la madre... probó algo de los variados entremeses y platos cocinados... aunque la muchacha permaneció taciturna... Sus ojos vagaron por todo el espacio... todo limpio... bonito y suntuoso... el olor de la dignidad emanaba como el de lacomida... La voz de su madre venía como si estuviera lejos... En sus oidos jugaba todavía la música de las canciones de las que no conservaba sus palabras... el sonido de las risas de las estudiantes fluctuaba con ellas y con la alegría salida de sus corazones.

Su madre miró con atención su rostro; y entonces, una nube de temor se apoderó de él:

-Ganima... ¿qué te pasa? ¿estás enferma?

-No, mamá.

-¡Es que... estás tan callada! ¿No quieres comer?

-Sueño... estoy soñando mamá...

Se arrojó en el mullido sofá y su madre le preguntó con alegría:

-¡Tú sueñas! ¿Con qué? Díme, todos tus sueños se harán realidad inmediatamente.

La tristeza correteó en la cara de la muchacha.

-Excepto este sueño -insistió.

-Todos tus sueños los haré realidad para tí...

-Pues... quiero subir al autobús como las niñas de Hawalla.

-...

El rostro de su madre se contrajo.

Traducción de Julia Orós Capdevila

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