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Cuando el río suena
Descender por aguas turbulentas o realizar todo tipo de maniobras en la espuma de un río es el mayor atractivo de esta disciplina.
Hay muchas formas de disfrutar de una piragua, pero quizás el kayak de aguas bravas sea la modalidad más extrema y la que ha ganado mayor número de adeptos en los últimos años.
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Esta disciplina se practica en ríos cuyas aguas están sometidas a variaciones constantes de velocidad, dirección y sentido, y cuyo grado de dificultad va de la categoría III a la VI. El riesgo que entraña su práctica obliga al piragüista a 'leer' el río, es decir, a saber interpretar cualquier movimiento que no sea el específico de la corriente principal para prever posibles obstáculos.
Estados Unidos, Francia y Alemania fueron los primeros en lanzarse a la aventura de las aguas bravas a finales del siglo XIX, pero hubo que esperar hasta la década de 1980 para asistir a su total expansión gracia a la aparición del plástico polietileno.
Los primeros kayaks de aguas bravas medían unos 4 metros de largo; hoy en día el tamaño se ha reducido considerablemente y se utilizan embarcaciones de 2,20 a 2,50 metros, pero con un gran volumen para ganar en estabilidad. |
Descenso en Aguas Bravas
Descender un río de aguas bravas entraña una cierta dificultad, por eso los expertos hacen especial hincapié en las medidas de seguridad. «El río es inesperado y cambiante, por eso hay que reconocerlo a fondo antes de meterse, e ir siempre con gente cualificada que haga al mismo tiempo de guía y de maestro cuando uno está empezando», aconseja el bilbaíno Luis Abando.
Las rocas y las ramas son los obstáculos más comunes, pero el río sorprende al piragüista a cada momento con saltos, pasos estrechos, corrientes, olas... Siempre hay que ir con los cinco sentidos y nunca navegar solo.
El rodeo
El equilibrio es fundamental para dominar la embarcación. Un buen aprendizaje se consigue jugando con las olas. Por supuesto, también hay que dominar la técnica de apoyo y de paleo, y el esquimotaje -recuperar la posición tras un vuelco-. Una buena forma de empezar es a través de cursos de iniciación y perfeccionamiento», añade.
Lo ideal es asimilar las técnicas y maniobras en aguas tranquilas. Los diferentes clubes que existen en el país ofrecen cursillos cuyo precio ronda los 60 euros.
Para poder maniobrar bien el kayak es importante tener en cuenta que éste y el palista han de formar una unidad. El cuerpo tiene que quedar totalmente acoplado, pero sin tener la sensación de estar comprimido. «En este deporte hay que ir progresando y si crees que no puedes dominar un río técnicamente, no meterte. El río cada vez te pide más, y hay que saber cuándo dejarlo para evitar riesgos personales», apunta Abando.
Una especialidad que se ha popularizado en el kayak de aguas bravas es el rodeo, que consiste en jugar dentro de la ola que se forma cuando el agua rompe en una roca. Para ello se necesitan embarcaciones más pequeñas, desde 1,78 metros de largo, con la proa y la popa más estrechas de lo habitual.
Spot
Esta es una de las disciplinas más dinámicas, excitantes, divertidas y atractivas de las aguas bravas. Con un 'spot' adecuado y un caudal más o menos estable, el palista debe demostrar su habilidad y dominio del kayak realizando el máximo de maniobras posibles. Los 'loopings' y los aéreos son las más espectaculares.
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