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Joan Miró
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(1893-1983)
Pintor, ceramista y escultor catalán, se establece con su mujer
Pilar, en Palma de Mallorca, donde realiza gran parte de su obra. Llega
a París en 1919, conoce a Picasso, visita y estudia las pinturas
del Louvre y allí pasa los inviernos en contacto con los surrealistas
hasta que, como dice Bretón, llega a ser <<la más
bella pluma del sombrero surrealista>>. En Montroig pasa los
veranos practicando una vida sencilla que será la fuente de sus
temas: La Masía o Tierra Arada, de 1922, revelan
un espacio real metamorfoseado por objetos de un universo onírico.
Asiste
a sesiones dadaístas y se encuentra con Bretón en 1924,
participando en las actividades surrealistas. En su temática dominan
los seres humanos, animales, vegetales o minerales que toman vida en sus
mutaciones hasta llegar a <<pinturas oníricas>>
a <<cuadros poema>>. El carnaval del arlequín,de
1924, muestra una serie de objetos transformados por las alucinaciones
del hambre que pasaba con frecuencia en esa época. Usa la técnica
del óleo sobre lienzo y también emplea collages de
papeles y objetos. Hacia 1930 se inicia en la litografía y muestra
sus primeras esculturas, decorados de ballet y diseños de trajes.
En 1933 realiza aguafuertes. No cesa en sus investigaciones y, junto a
los pasteles, acuarelas y guaches, realiza pinturas sobre papel de lija,
sobre cobres y uralistas, murales al fresco, emplea también arpilleras,
cuerdas, cartones, todo lo que le ayude en la creación. Destacamos
sus decoraciones murales de mosaico y, especialmente, la que realizó
para el pabellón de España en la Exposición Universal
de 1937: El Segador.
Con
el tiempo, sus lenguajes se simplifican, se adentra en los símbolos
y llega al signo. Así, Constelaciones crean un universo
imaginario con signos solares, estrellas y curvas graciosas. En Mujer
y pájaro en la noche representa una serie de signos y símbolos
del mundo femenino. Pasa de un grafismo expresivo a formas evasivas y
etéreas. El color recobra su fuerza expresiva, como en el fauvismo,
colores simpleas aplicados con fuerza y vigor son el vehículo de
las formas. Sus composiciones no están ordenadas: rasgos y manchas,
líneas y signos se relacionan sin regla. Pictogramas sobre fondos
lisos en un espacio sin profundidad, siluetas de trazos infantiles, masas
negras, lianas, insectos o amebas, sinuosos filamentos que recuerdan las
visiones del microscopio, los ritmos de los seres vivos. Su estética
sugiere la irrealidad de lo inexplicable, el misterio de lo incomprensible,
las eternas preguntas sobre la creación.
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