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Réquiem para Abraham Morales 

   (Versión de comentario radial en Mollendo el 8/03/08)

         
 
 
 

 

 
 

He llamado  a esta emisora porque siento la necesidad de exteriorizar una pena que tengo en el corazón. Hemos perdido a un excelente mollendino, Abraham Morales Salvatierra. 

No me he equivocado al decirle mollendino. Se que nació en Trujillo, pero quiso venir a Mollendo e invertir sus dineros en una agencia naviera. De esto ya hace más de medio siglo y se identificó con esta tierra, la quiso, se afincó para siempre, trabajó por ella intensamente hasta el final de su existencia. Y aquí quedarán por decisión propia para siempre sus restos y su recuerdo. 

No con frecuencia, es cierto, pero muchas veces tuvimos largas conversaciones. El tema era el mismo, los intereses de Mollendo. Era una persona con la que valía la pena conversar, porque tenía criterios claros como buen empresario y sabía por donde podíamos encontrar el rumbo al desarrollo. Creo en verdad que fue en vida el alcalde que nos perdimos. 

Los que reconocen al Alcalde Aureliano Navarrete como el mejor alcalde de las últimas décadas, no deben dejar de recodar que detrás de aquel alcalde multiplicador de obras estaba Abraham Morales como Síndico de Rentas, generando los ingresos necesarios. 

Abraham, cuando yo estuve trabajando en el Senado de la República, estuvo muy atento a las gestiones que hacíamos con el Senador Jorge Lozada Stanbury y con el Diputado Daniel Vera Ballón para hacer de Matarani una zona franca. Yo recibía con frecuencia sus llamadas y sus sugerencias. 

Vivía aquella noticia que terminó siendo un éxito. Destapó un güisqui en su casa y brindamos. Terminó años más adelante, cosas del destino, presidiendo la junta directiva de la Zona Franca y esforzándose en gestiones en Arequipa y en Lima principalmente, procurando consolidar el proyecto hasta que Fujimori lo eliminó. 

Vino una vez a Lima con el ex alcalde Alberto Chang Alvarez, caminamos de ministerio a ministerio, documentos en la mano, haciendo gestiones y más gestiones, a ver si evitábamos la nulidad de la zona franca que ya había conseguido Mollendo lamentablemente en las postrimerías del gobierno anterior, el de Alan García;  pero la suerte estaba echada.

 

Que me disculpe si me escucha desde el cielo, pero en homenaje a su memoria debo revelar lo que quería en vida. Tenía una escondida vocación filantrópica. No le gustaba sea conocida. Cuando mi hermana Gina Rodríguez de Salazar salía por la radio a solicitar un medicamento para una enferma de humilde condición económica, él pasaba en su carro por la puerta de su casa para dejarle al paso el medicamento que ya había comprado.  Gina estaba prohibida de decir quien había resuelto el problema. 

Repetidas veces se reunía con las damas dirigentes del Comité Dame La Mano en un almuerzo o un simple te, sea por su aniversario, el Día de la Madre o Navidad, para celebrar y alentar a estas señoras de noble corazón como él.  

Fue candidato a consejero al Gobierno Regional, dirigente de la cámara de comercio, después llegó otra vez a regidor provincial elegido por voluntad popular. Ya estaba añoso, con dificultades en su salud, pero lo admirable es que, apoyado en un bastón, su propósito de ser útil a Mollendo no decayó. Su última gran batalla fue sus discrepancias sobre las condiciones en que se privatizó el puerto de Matarani. Y la perdió. 

Me nace por todo ello, decir que Mollendo ha perdido un vecino ejemplar, un foráneo que como tantos otros vino a vivir en esta tierra y la hizo suya. Un hombre que vino a trabajar, invirtió su dinero y dio trabajo. Un señor en todo la dimensión de la palabra, de palabra dura cuando se enfadaba y de trató cordial con el grande y con el chico. Siempre sincero porque decía lo que pensaba. 

Le llamo mollendino, porque a mi modo de entender las cosas mollendino no es condición exclusiva de quienes han nacido en este espacio geográfico del mapa peruano. También se adopta esta condición si se le quiere, se trabaja por ella. Al fin de cuenta, uno no nace donde quiere. Pero sí escoge el lugar donde quiere vivir y servir y en el caso de Abraham Morales, donde se quiere morir. 

Saludo con el dolor de mi corazón, porque en verdad estoy apenado, a su esposa, a sus hijos y demás deudos. Comparto como amigo leal, aunque discreto, el duro momento que viven en este día en el que los restos de Abraham van a unirse con la tierra que amó.

Pero me permito hacerles, en medio de sus legítimos sollozos, una exhortación para que se recuperen pronto de este trance. Entonces sentirán la alegría de ser familiares de un personaje que Mollendo va a recordar.                           

                                   

                                 Bernardino Rodríguez C.

 

 
 

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