He llamado a esta emisora porque
siento la necesidad de exteriorizar una pena que tengo en el
corazón. Hemos perdido a un excelente mollendino, Abraham
Morales Salvatierra.
No me he equivocado al decirle
mollendino. Se que nació en Trujillo, pero quiso venir a
Mollendo e invertir sus dineros en una agencia naviera. De esto
ya hace más de medio siglo y se identificó con esta tierra, la
quiso, se afincó para siempre, trabajó por ella intensamente
hasta el final de su existencia. Y aquí quedarán por decisión
propia para siempre sus restos y su recuerdo.
No con frecuencia, es cierto, pero
muchas veces tuvimos largas conversaciones. El tema era el
mismo, los intereses de Mollendo. Era una persona con la que
valía la pena conversar, porque tenía criterios claros como buen
empresario y sabía por donde podíamos encontrar el rumbo al
desarrollo. Creo en verdad que fue en vida el alcalde que nos
perdimos.
Los que reconocen al Alcalde Aureliano
Navarrete como el mejor alcalde de las últimas décadas, no deben
dejar de recodar que detrás de aquel alcalde multiplicador de
obras estaba Abraham Morales como Síndico de Rentas, generando
los ingresos necesarios.
Abraham, cuando yo estuve trabajando
en el Senado de la República, estuvo muy atento a las gestiones
que hacíamos con el Senador Jorge Lozada Stanbury y con el
Diputado Daniel Vera Ballón para hacer de Matarani una zona
franca. Yo recibía con frecuencia sus llamadas y sus
sugerencias.
Vivía aquella noticia que terminó
siendo un éxito. Destapó un güisqui en su casa y brindamos.
Terminó años más adelante, cosas del destino, presidiendo la
junta directiva de la Zona Franca y esforzándose en gestiones en
Arequipa y en Lima principalmente, procurando consolidar el
proyecto hasta que Fujimori lo eliminó.
Vino una vez a Lima con el ex alcalde
Alberto Chang Alvarez, caminamos de ministerio a ministerio,
documentos en la mano, haciendo gestiones y más gestiones, a ver
si evitábamos la nulidad de la zona franca que ya había
conseguido Mollendo lamentablemente en las postrimerías del
gobierno anterior, el de Alan García; pero la suerte estaba
echada.
Que me disculpe si me escucha desde el
cielo, pero en homenaje a su memoria debo revelar lo que quería
en vida. Tenía una escondida vocación filantrópica. No le
gustaba sea conocida. Cuando mi hermana Gina Rodríguez de
Salazar salía por la radio a solicitar un medicamento para una
enferma de humilde condición económica, él pasaba en su carro
por la puerta de su casa para dejarle al paso el medicamento que
ya había comprado. Gina estaba prohibida de decir quien había
resuelto el problema.
Repetidas veces se reunía con las
damas dirigentes del Comité Dame La Mano en un almuerzo o un
simple te, sea por su aniversario, el Día de la Madre o Navidad,
para celebrar y alentar a estas señoras de noble corazón como
él.
Fue candidato a consejero al Gobierno
Regional, dirigente de la cámara de comercio, después llegó otra
vez a regidor provincial elegido por voluntad popular. Ya estaba
añoso, con dificultades en su salud, pero lo admirable es que,
apoyado en un bastón, su propósito de ser útil a Mollendo no
decayó. Su última gran batalla fue sus discrepancias sobre las
condiciones en que se privatizó el puerto de Matarani. Y la
perdió.
Me nace por todo ello, decir que
Mollendo ha perdido un vecino ejemplar, un foráneo que como
tantos otros vino a vivir en esta tierra y la hizo suya. Un
hombre que vino a trabajar, invirtió su dinero y dio trabajo. Un
señor en todo la dimensión de la palabra, de palabra dura cuando
se enfadaba y de trató cordial con el grande y con el chico.
Siempre sincero porque decía lo que pensaba.
Le llamo mollendino, porque a mi modo
de entender las cosas mollendino no es condición exclusiva de
quienes han nacido en este espacio geográfico del mapa peruano.
También se adopta esta condición si se le quiere, se trabaja por
ella. Al fin de cuenta, uno no nace donde quiere. Pero sí escoge
el lugar donde quiere vivir y servir y en el caso de Abraham
Morales, donde se quiere morir.
Saludo con el dolor de mi corazón,
porque en verdad estoy apenado, a su esposa, a sus hijos y demás
deudos. Comparto como amigo leal, aunque discreto, el duro
momento que viven en este día en el que los restos de Abraham
van a unirse con la tierra que amó.
Pero me permito hacerles, en medio de
sus legítimos sollozos, una exhortación para que se recuperen
pronto de este trance. Entonces sentirán la alegría de ser
familiares de un personaje que Mollendo va a recordar.
Bernardino
Rodríguez C.