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Gala nació el 23 de Diciembre de 1973, y ha tenido varias vidas, como un gato. No sería complicado hacer una diferenciación entre las muchas por las que se ha movido, siempre entre la línea que le ha marcado su carácter y una fuerte inspiración que le ha llevado al sacrificio y al triunfo. A la derrota y la victoria, dos palabras que llevará marcadas durante toda su vida, aquella chica de Alcalá de Henares que un día decidió dedicarse al juego de la pelota. Los León-García, se encontraron por avatares del destino, en ese año de 1996, en un tren con dirección a París. Habían tenido que cerrar el bar, de nombre Grand Slam, para marcharse al centro, en ese momento, del tenis mundial, Roland Garros. Su hija pequeña estaba en los octavos de final del torneo de tierra batida más importante del mundo. Pero
contar la historia de Gala desde ahí sería hasta cierto
punto fácil, y poco veraz, pues la de Madrid, hasta ese momento,
ya había disfrutado de cuatro vidas. A cada cual más interesante,
con un punto de vista almodovariano que la seguiría hasta el final
de su última vida como deportista.
En los años 80, el tenis femenino era prácticamente nada en este país, por lo que la sola idea de dedicarse a un deporte, en principio de ricos y pijos, era más una odisea que una realidad como puede llegar a ser en nuestros días. Dicho de esta manera, Gala no estaba entre las potencialmente afortunadas, que pudiesen encaminar sus pasos a poder vivir de un deporte cada vez más en alza. La llegada de dos jóvenes como Conchita Martínez y Arantxa Sánchez, le abre el camino. |
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Lo ganó todo en las categorías inferiores, copa tras copa, pero con la incertidumbre de no saber dirigir sus pasos hacia un mundo, en principio exclusivo, y que solo abriría sus puertas a golpes de talonario (buen entrenador de tenis = 3000 euros mensuales). Una llamada de la Federación de Tenis de Madrid, le ayudó a reafirmarse en su idea de llegar al profesionalismo. Pero entre eso y la realidad nos quedan todavía tres vidas. Primera Vida: La vida de las jóvenes que empiezan es tremendamente dura. Compaginan estudios con jornadas de hasta 6 horas de entrenamientos, cero de ayudas económicas, etc. Ante esta situación la vida en la Federación se vuelve cada vez más tensa. Añadido a la dificultad de compaginar estudios, que pensándolo bien, es una buena manera de asegurar un futuro verdaderamente incierto, la situación puede llegar a ser caótica. Por ello, sólo hay dos posibilidades, un primer camino, el del tenis, o un segundo camino, seguir estudiando, y olvidarse de las aspiraciones para llegar a ser tenista profesional. Gala optó por el primero, que además de alegrías, le daría verdaderos quebraderos de cabeza en los cuatro años siguientes. En la Federación,
ante la insuficiencia de medios, es imposible el progreso. No son pocos
los días en los que se le pasa a Gala por la cabeza el dejar el
tenis y dedicarse a estudiar una carrera y olvidarse de lo que podía
haber sido un buen sueño. Segunda
Vida: Un piloto de motos de cuyo nombre no me acuerdo (que no es que
no quiera acordarme), plantea la posibilidad de crear un centro del alto
rendimiento para jóvenes tenistas, en Alcira, Valencia. Cuatro
son las candidatas, entre ellas dos viejas conocidas, Gala León
y Virginia Ruano. |
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Tercera
Vida: Dicen aquellos que entienden, que para que una jugadora se adapte
al circuito tendrá que invertir al menos dos años. Dos años
que no son moco de pavo, y temibles costes. Cuarta
Vida: En Barcelona la situación era un poco la misma. Ella
no lo veía claro, y por tanto era complicado seguir un camino,
en el que la competencia es máxima. Ya nos situamos en el año
1996. Y Gala piensa en colgar la raqueta definitivamente. Quinta
Vida: Roland Garros marca un antes y un después en su carrera.
A partir de este momento, Gala se instala durante prácticamente
ocho años entre las 100 mejores jugadoras del mundo, llegando a
jugar 27 Grand Slam de manera consecutiva. Aún en la élite,
no es fácil jugar semana tras semana, estando fuera de casa la
mayor parte del año. Los viajes, serán lo que retiren a
Gala, en una mañana lluviosa de Wimbledon, tras perder ante la
rusa Elena Likhotseva, en un partido sin mucha memoria, pues la decisión
ya estaba tomada de antemano hacia mucho tiempo. Las que quedan por venir... Con el adiós definitivo de Gala al tenis de máximo nivel, se nos termina una etapa brillante. De esas que uno cualquiera, solamente vive una vez. El final de la carrera deportiva de alguien que ha puesto toda su vida en el empeño de conseguir un sueño, es un momento duro pero a la vez son muchos los caminos y aspiraciones que se abren, ante la posibilidad de vivir unas 200 vidas más. Gracias Gala. |
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