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arqueología
Los hallazgos
arqueológicos han supuesto y siguen suponiendo una decisiva aportación a los
fondos del museo: coinciden con la realización de relevantes obras públicas
-como la presa de Villalcampo, que deparó un interesante conjunto epigráfico-, o
se derivan de hallazgos casuales, relacionados con el laboreo agrícola o con la
remoción de tierras. En la actualidad siguen alimentando los depósitos del
museo, como resultado de los distintos programas de investigación, o de
protección y documentación, dispuestos por la normativa vigente, suministrando
de forma continuada materiales significativos para el conocimiento del pasado de
esta zona.
Las primeras alusiones
científicas al panorama arqueológico provincial derivan, sin duda, de los
esforzados viajes que Don Manuel Gómez-Moreno realizara a principios de siglo
para elaborar el Catálogo Monumental de la provincia, y de sus sagaces
observaciones, que lo convierten en referencia indispensable para todo lo que se
ha hecho después. Una aportación
cuantitativamente decisiva a los fondos del museo vendría de la mano entusiasta
de Don Virgilio Sevillano. Centrado en origen en la zona de Villalazán, abordará
posteriormente la recogida sistemática de materiales de toda la provincia. Su
colección ingresa en 1983, respondiendo a un legado testamentario y a la
voluntad desinteresada de sus familiares.
La Sección de Arqueología comienza con la sala dedicada a la Prehistoria de la
provincia (Sala I). Las vitrinas iniciales muestran las más antiguas industrias
paleolíticas (pertenecientes al periodo achelense), los ajuares de dólmenes y túmulos y los
materiales hallados en diversos poblados calcolíticos. En el segundo bloque de
vitrinas destaca el magnífico ajuar campaniforme hallado en Villabuena del
Puente.
A la etapa protohistórica de la Edad del Hierro, se dedica la Sala II. Cabe
señalar, en la primera Edad del Hierro, el vaso pintado de "La Aldehuela"
(Zamora), mientras la cerámica celtibérica está bien representada en los vasos
de Manganeses de la
Polvorosa. Exposición independiente y singular protagonizan los espléndidos
tesoros I y II de Arrabalde, procedentes de ambiente castreño y magníficos
representantes de la orfebrería celtibérica.
La conquista romana, que inicia la Sala III, se ilustra con piezas de los
campamentos romanos de Rosinos de Vidriales, entre las que sobresalen el gran brazo perteneciente,
presumiblemente, a la estatua de un emperador o la lápida de acción de gracias
por un viaje feliz. Otros ejemplos destacables del proceso de romanización son
el conjunto de cerámicas de paredes finas de Melgar de Tera y dos grandes
mosaicos geométricos que, junto a restos de pinturas murales con peces y otros
temas marinos, adornaban la villa bajoimperial de Santa Cristina de la
Polvorosa.
En los nichos de la rampa de subida (Sala IV) la epigrafía latina está
representada por unas cuantas estelas funerarias, procedentes en su mayoría de
Villalcampo.
A las épocas medieval y moderna se dedica la Sala V, con relevantes testimonios
arquitectónicos altomedievales, como las placas marmóreas de Pozoantiguo, los
capiteles de Camarzana de Tera o la celosía de Cañizal. Sobresalen, dentro de la
orfebrería visigoda, las cruces votivas de oro de Villafáfila. El mundo
funerario y religioso se recuerda, asimismo, en el sarcófago de Villalazán y en
algunos ajuares procedentes de enterramientos monásticos; y la rica actividad
alfarera de la provincia se refleja en los conjuntos cerámicos de Benavente y
Toro.
Texto: Hoja Informativa y Guía del Museo de Zamora.
Imágenes: Guía del Museo de Zamora. |