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    En el origen del Museo de Zamora, como en el resto de los museos provinciales, se encuentra la obra artística dispersa a raíz de la desamortización, a mediados del siglo pasado. Por tanto, sus colecciones iniciales fueron, sobre todo, pinturas de temática religiosa, de discreta calidad. Pronto se vio la limitación cuantitativa y cualitativa de estos fondos, por lo que se recurrió a donaciones y depósitos de las instituciones locales (Ayuntamiento y Diputación), y de otras instituciones museísticas (Museo Nacional de Arte Moderno, Museo del Prado, Museo Nacional de Escultura de Valladolid), admitiendo, al mismo tiempo donaciones particulares de artistas o familiares vinculados a Zamora. Así pues, la sección de Bellas Artes, que dio nombre durante cierto tiempo al museo, comprende obras de procedencia y autoría variada, que constituyen una buena muestra de los distintos estilos artísticos que han dejado su huella en la provincia.

 

   La Sección de Bellas Artes se inicia en la rampa de subida (Sala VI), con fondos escultóricos datados entre los siglos XIV y XVIII. Una imagen de la Virgen con niño que recuerda al estilo del Pórtico de la Hiniesta; el San Lucas, de mármol, ya del último gótico, o la imagen romanista de Santa Catalina de Alejandría son piezas que merecen la atención.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

   La pintura se expone en dos salas del nivel superior. La de los siglos XV a XVIII cuenta con una pequeña pero interesante representación en la Sala VII: la tabla gótica de "La Crucifixión", las renacentistas de "La lapidación de San Esteban", de Correa de Vivar, y "La Sagrada Familia", del círculo de Giulio Romano, además de algunos lienzos barrocos, en parte procedentes del extinguido monasterio de San Jerónimo.

 

 

 

 

 

 

 

   La Sala VIII, dedicada al arte de los siglos XIX y XX, muestra bocetos del escultor zamorano Eduardo Barrón o del valenciano Mariano Benlliure, que realizarían en Zamora algunas de sus obras más tempranas. Entre los fondos pictóricos hay retratos -como el de "La marquesa de Perinat", de Raimundo de Madrazo-, paisajes o escenas costumbristas, algunas ilustrativas de ambientes populares de la provincia, que llegan hasta el umbral de los años 30 de este siglo.

 

 

 

 

 

 

 

   Una larga escalera desciende nuevamente hasta la planta de acceso, donde se encuentran la Sala IX o Sala de la Ciudad, que cierra el recorrido expositivo del Museo. En ella se efectúa una aproximación a la historia de la capital zamorana en sentido cronológicamente inverso a los orígenes, a través de los hallazgos arqueológicos proporcionados por las excavaciones urbanas. La sala acoge igualmente elementos arquitectónicos de edificios desaparecidos -como el parteluz gótico del palacio del marqués de Villagodio-, escudos heráldicos, o las curiosas y vistosas veletas en hierro forjado de "El Peromato" y "La Gobierna". Cabe destacar, finalmente, la sorprendente fotografía debida a Gutiérrez "Filuco" y Heinrich Kühn, que reproduce una "Escena familiar" de principios de siglo.

 

Texto: Hoja Informativa y Guía del Museo de Zamora.

Imágenes: Guía del Museo de Zamora

 

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