p.
Roberto F. Bertossi (*)
Cómo desplegar una elemental solidaridad
social ...?, cómo, cuando en un profundo
y crónico `absentismo´ no participamos
de nuestras comunidades educativas, de nuestras
organizaciones intermedias, con obligaciones legales,
tributarias, cívicas, políticas,
sociales, viales y ambientales; cuando ni siquiera
asistimos a las reuniones de consorcios de edificios
donde somos `propietarios´ de una o mas
unidades en departamentos y peor aun, cuando permanecemos
desaprensivamente impávidos `mirando para
otro lado´ ante maletas escandalosamente
`antoninas´ con dinero sucio o autos importando
abusando de franquicias diplomáticas ..?
Cómo no preguntarnos: sociedad
civil: estás ..?
Si bien no es de esperar súbitamente
la energía de un miura -de pura sangre
española sin ruedo que le tolere- ni la
de un león rampante en nuestra sociedad
civil, deberíamos convencernos que otra
Argentina vale la pena y que sólo será
posible participando, movilizándonos educada
y pacíficamente, transparentando las licitaciones,
dando lo suyo a cada uno, espacio a la idoneidad
y promoviendo simultáneamente a los sectores
aún vulnerables de nuestra sociedad desde
la sobriedad porque es hermoso un ascetismo de
`regalos´ que simplemente es expresión
de la carencia de fantasías y de cualquier
atisbo de demagogia y populismos inmovilizantes.
Estamos en presencia de una acedia social
? En la cuestión <acedia> una de
las debilidades más fuertes es la del temple
humano. Consiste, básicamente, en un rechazo
implícito que el hombre hace a `la cosa
pública´ al no participar, al no
abonar sus impuestos, al no cumplir con sus deberes,
con su palabra, con su firma, con una ordenanza
municipal, una orden judicial, una resolución,
un decreto o una ley demostrando falta de interés
en lo comunitario y resistencia al bien común
con gestos propios de supremo `minimalismo´.
También parece una ´clave´
en la ausencia de la sociedad civil, aquella que
puede identificarse en la orfandad comunicacional
ciudadana actual. En efecto, la escasa o nula
comunicación entre padres e hijos, entre
padres y maestros, entre éstos y sus alumnos,
entre vecinos, entre funcionarios y legisladores
con ciudadanos; recurrentes desencuentros Vg.,
entre médicos y pacientes, entre abogados
y clientes; ausencia de resistencia pacifica ante
súbitos cortes de agua potable, energía
eléctrica, suspensión de vuelos
y transporte de pasajeros no-programados, ante
cortes de calles, puentes locales e internacionales,
rutas y avenidas, etc. todo lo cual, sumado a
las evidentes dificultades para acceder a la información
pública conforman un costo ciudadano inconmensurable
debido en gran medida a raíz de resignar
o trocar la insustituible e indelegable comunicación
humana por otra, tecnológica en una atroz
barbaridad posmoderna.
Sacudamos entonces vacilaciones, titubeos,
incoherencias e inconsistencias de nuestras sociedades
civiles intensificando y articulando las energías,
necesidades, intereses, anhelos y el dinamismo
de toda su densidad relanzándola por el
camino de la solidaridad social, de los principios
y valores tradicionales, consunamente respetados
y defendidos otrora lo que será también
una trinchera infranqueable a toda secta mendaz,
terrorismo o estrategia de fragmentación
y balcanización.
Ante tantos incumplimientos del contrato
social, cuando pagamos impuestos por servicios
de primer mundo y recibimos -con suerte e intermitencias-,
los propios del tercero, encontremos entonces
formas y resortes acicateantes y puentes de tolerancia
para recuperar todo el énfasis y denuedo
ciudadano en lo social, en lo político,
en lo económico, en lo ambiental y cultural
forjando y fortaleciendo nuestras comunidades,
proyectando a mediano y largo plazo y cerrando
de una vez el inventario de lo trunco, redescubriendo
la joya de la libertad, acreditando la mayoría
de edad de nuestra democracia e impidiendo su
decrepitud.
Que el amanecer de este 2008, nos saque
del actual estado de apatía y amodorramiento,
de lo mas ruinoso de nuestras `pseudo-neutralidades´
y `fugas éticas permitiéndonos,
ojalá, poder de este modo cortar las cintas
e inaugurar la construcción de un largo
camino de reversión de todo atisbo de acedia.
Que este 2008 encolumne todas las diversas
y múltiples vértebras vg., civiles,
sociales, naturales, políticas, económicas
y culturales en sólido equilibrio y única
dirección para redistribuir, fecundar e
incentivar civilidad e identidad, una civilidad
que cobre compromiso, dinamismo y protagonismo
insustituibles e indelegables sin retacear alegría
y entusiasmo al retrato nacional en el marco precioso
del bien común.
Que este 2008 recupere la fraternidad
y la amistad social, objetivo olvidado en la histórica
trilogía de la gesta reivindicatoria francesa,
rearticulando humanamente elementales equidades
intergeneracionales, restando egoístas
discrepancias sectoriales, sumando y multiplicando
afinidades solidarias, sin retractaciones.
De lo contrario, si hemos de persistir
`estoicamente´ en nuestros defectos y derrochar
nuestra eficacia, sin desapoderar cultural y democráticamente
a todo responsable de vejamen civil, ya no cuestionemos
lo que finalmente elegimos –y nos merecemos-,
por acción, omisión o desaprensión.