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AUTOGESTION y ACCION VECINAL p. Roberto F. Bertossi Cuesta admitir que en el siglo XXI, en el año 2004, decenas de miles de vecinos que habitan barrios, partidos, distritos o prefecturas en distintas provincias, regiones o departamentos de Argentina y Latinoamérica, carezcan aun de vivienda, agua potable, energía eléctrica, cloacas, transporte...derechos humanos básicos, elementales e inherentes a la dignidad humana y exigencias de la ciudadanía. Lo cierto es que tenemos dificultades en la infraestructura urbana, infraestructura que se ve superada, principalmente por el natural crecimiento demográfico, por migraciones internas, fenómenos ambientales, éxodos rurales, etc. Ante todo eso, allí donde el Estado o las empresas privadas no llegan o son insuficientes, o ineficientes, pues ahí puede haber un lugar, un desafió y una oportunidad para la autogestión cooperativa y la acción vecinal. Nuestra propuesta de cooperativas autoorganizadas, autogestionadas, partiendo de sus principios, fundamentalmente, desde su neutralidad política, desde su autonomía e independencia, desde su interés por la comunidad circundante y en franca alianza proactiva con la acción vecinal, comunal e intermunicipal, se relaciona con aspectos y fuentes de una nueva institucionalidad vecinal que no es otra cosa que la racionalización, redefinición y resignificación de las relaciones sociales vecinales, viejas y nuevas, urbanas y rurales, activas y pasivas -pensionados, jubilados, desocupados, minusválidos, etc-, en busca del bien común y del interés general.
Ahora
bien, estas cooperativas deberían sortear favorablemente un ineludible
análisis de la factibilidad del proyecto de infraestructura cooperativo
de que se trate, su viabilidad legal, técnica, financiera, de gestión,
económica, institucional y medioambiental como mínimo, así
como su integración al plan estratégico que exista o se
diseñe para el pueblo o la ciudad de que se trate. Igualmente, la dinámica antropológica cooperativa no debe ser inmovilizada ni por defecciones estatales ni por egoísmos privados sino que ha de ser, por el contrario, animada y reanimada por obras y por recursos naturales y materiales, fiscales, ociosos, puestos sin demora, en tantas manos argentinas, laboriosas, generosas, que hoy están, vergonzosa e inadmisiblemente, caídas y desocupadas. Por cierto que lo dicho no puede ignorar las reales posibilidades estatales, la notable merma en la capacidad contributiva de los vecinos, las más notables todavía evasión y elusión, como tampoco dejar de alentar en cada ciudadano, en cada vecino, en cada contribuyente la toma de conciencia de su dignidad, despertar su creatividad y su activa participación, alentar sus ideas y proyectos, ofreciendo oportunidades y cerrando esta mirada logrando una mayor sensibilidad y responsabilidad social por parte de las empresas y un sinceramiento y compromiso solidario de los organismos internacionales que no ignoran la irresponsabilidad de nuestras ultimas autoridades así como la conmovedora responsabilidad y espíritu emprendedor de nuestros contemporáneos, ya ansiosos por una oportunidad de poner "manos a la obra".
Asimismo, estamos convencidos de que esta mirada puede encontrar buen cauce en genuinas y auténticas organizaciones cooperativas vecinales, sobre todo en sectores populares y, de éstos, aquellos mas desposeídos y vulnerables. A modo conclusivo, ninguna consideración, plan, programa o medida abstracta, aunque se refieran más o menos "rimbombantemente" a problemas humanos, no sirve, ni siquiera para consolar a ningún hombre, ni para mitigar ninguna de las tristezas y angustias que por estos días sufren seres concretos de carne y hueso, congéneres nuestros, más concretamente. Es que lo concreto se ha vuelto imprescindible e impostergable. Y así, entonces, en las necesidades y en el derecho a auto organizarse, podemos encontrar una herramienta que dentro de cada municipio, dentro de la democracia y del mercado, ahora con un Estado moderador o semáforo, supla con mayor o menor intensidad y duración, la ausencia, ineficiencia o imposibilidad estatal o la desaprensión privada. Imaginar una Argentina, una Latinoamérica más solidaria, más hospitalaria, más promotora de personas y valores, más participada por sus ciudadanos, en donde la esperanza se fortalezca con el compromiso de todos por el bienestar, es tarea de todos.
Cuando
asistimos a un desafió socio cultural y ambiental sin precedentes,
la cooperación entre la solidaridad y la acción vecinal,
no solo puede evitar expresiones de barbarie sino, manifestarse como política
social excelente, concreta, inclusiva, humana. p. Roberto F. Bertossi, 20 de enero de 2004 >> Si desea conocer la extensa y prestigiosa trayectoria del autor, por favor, haga clic aca |
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