FOTOGRAFIAS Y TEXTO REMITIDO POR VICENTE SESE
"EL BANDOLERO DE PEDRALBA”
¡Hombres, mujeres y niños, vengan todos a escuchar la historia de un bandolero que nació en este lugar!
En mil ochocientos dos, viene a nacer en Pedralba José Martínez de Andrés entre las luces del alba. Sus padres son “propietarios” y es allí bien acogido, mas la madre, tras el parto, no puede criar al niño.
Buscan un ama de cría, la buscan por todos lados y en un pueblo dan con ella: Santa Cruz del Marquesado. Allí transcurren tres años, él bueno y sano se cría y en regresar a Pedralba, “Santa Cruz” lo apodarían.
A los dieciocho años, se enamora de su Rosa, mujer honrada, sensata y –aunque pobre- muy hermosa. La boda no es aprobada por los padres de José, mas él no desiste nunca: ¡Rosa ha de ser su mujer!
Viven ya de forma humilde y felizmente casados... en su “casica” del Barrio, y Santa Cruz va al mercado. Cuece todas las semanas sus montones de carbón y en Liria vende los jueves el fruto de su sudor.
Pero esta felicidad de los dos enamorados pronto se ve interrumpida por un cacique hacendado. “El tío Vela” lo llaman, que es soltero y cuarentón y con dinero consigue lo que no da el corazón.
De la Rosa se enamora y la quiere a cualquier precio, mas ella a su José ama y responde con desprecio. Vela ve que sus poderes y riquezas no le alcanzan y le jura a la pareja que sufrirá su venganza.
De robarle los corderos Santa Cruz es acusado mal juzgado por ladrón, lo dejan encarcelado. Rosa ayuda a su marido a escapar de la prisión y en las Torres de Serranos la encierran sin compasión.
Hacia tierras andaluzas sale huyendo Santa Cruz, su vida de bandolero en la sierra ve la luz. Por él mismo y por su Rosa ha levantado una lanza, no parará hasta lograrlo: ¡ha jurado su venganza!
Dámaso, Sidrico, Almerich, dos guardias y el propio Vela son ahora su objetivo, Santa Cruz no desespera. Sidrico es el juez injusto y es Almerich el alcalde, Dámaso pastor de Vela y los dos guardias rurales.
Pasado el tiempo regresa preparado el bandolero a las tierras de Pedralba, mas va a Valencia primero al encuentro de la Rosa, que se halla en el Cabañal en la casa de su hermana a salvo de todo mal.
Vuelven de nuevo a su casa y Santa Cruz ha mudado sus vestidos andaluces por ropas de valenciano. Allí despide a su Rosa y ya sale en compañía del Negro, que se ha venido con él desde Andalucía.
Pasan cerca de la iglesia y las Albadas escuchan Martínez, que es su sobrino, se ofrece a prestar ayuda. Se acercan hasta un barranco, barranco de Merimel, José se esconde en la cueva y El Negro queda con él.
La Virgen de los Dolores: es diecinueve de enero, a Gestalgar se encaminan juntos los dos bandoleros. Cuando ya está amaneciendo, dan con Dámaso el pastor y Santa Cruz lo estrangula por canalla y por traidor.
Una carta hacia Pedralba Santa Cruz hace mandar, la manda el Señor Alcalde del pueblo de Gestalgar. Se anuncia el asesinato de Dámaso en esa carta; Vela y todos sus amigos se esconden como las ratas.
Pasa el tiempo y, confiado, Vela decide salir, pero Santa Cruz y El Negro merodean por allí. Él huye a buscar sus armas, mas con un tiro certero, el Negro alcanza su blanco y cae de bruces al suelo.
Santa Cruz, de su caballo, salta sobre el cuerpo herido mirando a Vela a los ojos mientras empuña el cuchillo. -“!Has de pagar con la vida lo que no tiene perdón!”- y le hunde el filo de plata en medio del corazón.
Los demás participantes en aquel falso juicio fueron ya, día tras día, viendo llegar su suplicio. El último –el juez Sidrico- con sus gusanos de seda, en la Rambla de los Pérez murió cogiendo morera.
Busca a los dos bandoleros toda la guarcia rural, mas el pueblo de Pedralba no quiere colaborar. Ellos están en la cueva: barranco de Merinmel, pero El Negro sale un día porque la luz quiere ver.
Acude al pueblo y los guardias lo tienen localizado, si delata a Santa Cruz, será bien recompensado. Delata, pero José, se entera de su mentira, le prepara una encerrona y al Negro quita la vida.
Rosa está ahora en la cueva viviendo con Santa Cruz. y entre sombras de caverna, un mes de octubre da a luz. En Pedralba el primer hijo es inscrito y bautizado, mas muy pronto el bandolero se ha de ver acorralado.
Rosa se va con el niño a la casa de su hermana y José hacia Andalucía vuelve surcando montañas. Tras contrabandos y huidas, encuentros y desencuentros, José piensa en trabajar de nuevo de carbonero.
En la ciudad de Requena la familia se establece, donde nace un nuevo hijo, pero muy pronto fallece. Y van llegando de nuevo las desdichas a este hogar, a José lo reconocen en uno y otro lugar.
Obligado a las huidas, Santa Cruz está acabado, pues siempre, tarde o temprano, por alguien es delatado. Tras una puerta un buen día una música escuchaba, miró por la cerradura, lo atraparon por la espalda.
Dos soldados lo prendieron; y a la caída del sol, aquel quince de septiembre murió esta historia de amor. Por las calles de Pedralba lo traían detenido, Rosa rogó y suplicó despedirse del marido.
Sus ruegos fueron en vano, pues no se le permitió. Entonces ella en la noche, con su pequeño partió, y al llegar a lo que llaman Rocha del Oliveral, miró hacia el pueblo al que nunca habría de regresar.
Ya traen a José Martínez y le atan piernas y brazos bajo el sol de la mañana a cuatro bravos caballos. Tras una señal maldita, los animales escapan y el cuerpo de Santa Cruz en la plaza se desgarra.
Cuatro trozos de su cuerpo se enterraron repartidos a la entrada de Pedralba entre sus cuatro caminos cubiertos por una tierra por todos pisoteada y se exhibió su cabeza en una jaula colgada.
Desde nuestro Ayuntamiento, del balcón la descolgaron transcurridos ocho días, y José quedó olvidado. En la cruz de la Torreta, cuentan las voces del pueblo que hay un fragmento enterrado del cuerpo del bandolero.
Y aquí se acaba esta historia, historia de amor y muerte del pedralbino José, su Rosa y la mala gente
ANA LUISA RAMIREZ