LA CRUCIFIXIÓN

Después de
flagelarme, Me escupieron y Me dieron varios golpes violentos en Mi Cabeza,
dejándome aturdido. Me dieron patadas en el Estómago, dejándome sin aliento, y
que Me hicieron caer al suelo, gimiendo de dolor.
Se divirtieron Conmigo, turnándose para patearme. Estaba irreconocible. Mi
Cuerpo estaba destrozado y también lo estaba Mi Corazón. Mi Carne, desgarrada en
pedazos, colgaba de todo Mi Cuerpo.
Uno de ellos Me levantó y Me arrastró, porque Mis Piernas ya no podían
sostenerme. Después, Me pusieron una de sus vestiduras, Me arrastraron y
continuaron golpeándome. Me golpearon el Rostro, Me rompieron la Nariz,
hostigándome. Escuchaba sus injurias, hija. ¡Sus gritos y sus burlas resonaban
con tal odio, que aumentaban Mi Cáliz! Les oía decir: "¿Dónde están tus amigos
mientras que su Rey está aquí, con nosotros? ¿Todos los judíos son tan traidores
como ellos? ¡Miren a su Rey!". Y Me coronaron con una Corona de Espinas
trenzada, hija. "¿Dónde están tus judíos para aclamarte? Tú eres Rey, ¿no es
así? ¿Puedes entonces imitar a un rey? ¡Ríete! No llores. Tú eres rey, ¿no? Pues
compórtate como tal".
Me ataron
los Pies con cuerdas y Me dijeron que caminara hacia donde se encontraba Mi
Cruz. Pero, hija, Yo no podía ir, porque Me habían atado los Pies. Me tiraron,
entonces, al suelo y Me arrastraron del Cabello, hasta Mi Cruz. Mi dolor era
intolerable. Algunos pedazos de Mi Carne, que habían quedado colgando después de
la flagelación, fueron desgarrados.
Desataron, entonces, las ataduras de Mis Pies y Me dieron patadas para
obligarme a levantar y a llevar Mi carga sobre Mis Hombros.
Yo no podía ver donde estaba Mi Cruz, ya que
Mis Ojos estaban llenos
de Sangre que goteaba a causa de las Espinas, que habían penetrado Mi Cabeza.
Entonces, levantaron la Cruz, la pusieron sobre Mis Hombros y Me empujaron hacia
la puerta. Hija,
¡oh, qué pesada era la Cruz que tuve que llevar!
Avancé, a tientas, hacia la puerta, guiado por el látigo detrás de Mí. Yo
intentaba ver el camino a través de la Sangre, que Me quemaba los Ojos.
Sentí, entonces, alguien que Me enjugaba el Rostro. Mujeres, en agonía, se
acercaron para lavar Mi Rostro hinchado. Yo las oí llorar y lamentarse, las
sentía: "¡Benditas sean!" les dije. "Mi
Sangre lavará todos los pecados de la humanidad.
Vean, hijas, el tiempo de su salvación ha llegado". Me levanté con dificultad.
La multitud se había enfurecido.
No podía ver a ningún
amigo a Mi alrededor; nadie estaba allí para consolarme.
Mi Agonía parecía aumentar y caí al suelo.
Temiendo que Yo muriera antes de la Crucifixión, los soldados ordenaron a
un hombre, llamado Simón, que llevara Mi Cruz.
Hija, no fue un gesto de
bondad o de compasión, sino sólo para conservarme ¡¡vivo!! hasta la Cruz.
Cuando llegamos al monte,
Me aventaron al suelo,
arrancándome Mis Vestiduras, dejándome desnudo, exponiéndome a la vista de
todos. Mis
Heridas se volvieron a abrir y Mi Sangre fluía sobre la tierra.
Los soldados Me ofrecieron vino mezclado con hiel. Yo lo rechacé, pues
dentro de Mí, tenía la amargura que Me dieron Mis enemigos.
Rápidamente, Me
clavaron primero las Manos, y después de haber permitido que los Clavos
traspasaran Mi Cruz, estiraron Mi Cuerpo destrozado y, violentamente, Me
atravesaron los Pies también.
¡Hija, oh hija, qué sufrimiento! ¡Qué agonía! ¡Qué tormento para Mí Alma!
Abandonado por Mis bienamados, renegado por Pedro sobre el que Yo Mismo fundaría
Mi Iglesia; renegado por el resto de Mis amigos, dejado completamente solo,
abandonado a Mis enemigos, lloré. Mi Alma estaba llena de dolor.
Los soldados levantaron Mi Cruz y la colocaron en el agujero preparado.
Miré a la multitud, intentando ver, con dificultad. Con Mis Ojos hinchados,
contemplé entonces el mundo.
No vi ningún amigo,
entre todos los que se burlaban de Mí. Nadie vino a consolarme. "¡Dios Mío, Dios
Mío! ¿Por qué Me has abandonado?" Abandonado por todos aquellos que Me amaban.
Mi Mirada se posó entonces sobre Mi Madre. Yo la miré y nuestros corazones
hablaron. "Te
entrego a Mis hijos bienamados, para que sean, también, tus hijos. Tú serás su
Madre".
Todo estaba terminando, la Salvación estaba cerca. Vi abrirse los Cielos y
todos los ángeles estaban erguidos, de pie, en silencio. "Padre Mío, en Tus
Manos encomiendo Mi Espíritu. Estoy Contigo ahora".
Yo,
Jesucristo, te he dictado Mi Agonía.
Hija, penetra más profundamente en Mis Llagas. Escucha los Latidos de Mi
Corazón... Mi cariño por ti ha llegado a ser locura, hasta el grado de que ahora
quiero hacerte que participes Conmigo, de Mi Pasión. Ámame como Yo te amo.
Mi Pasión se
repite cada día.
Cada día Soy
arrastrado por el camino del Calvario por aquellos que no siguen ya Mi Senda.
Mis Agonías son multiplicadas cuando veo a Mis hijos dirigirse al fuego eterno.
Mi Corazón se hunde en intolerables dolores al observar tanta ingratitud en esta
tierra. Mi Cuerpo es flagelado sin piedad.
Yo sufro.
Sin embargo, he llenado sus casas con cosas buenas. Les he dado Mi Paz. Yo los
he amado y los amo todavía hasta la Pasión, y sin embargo,
soy coronado con una
Corona de espinas por ellos mismos.
Yo estoy ante ellos como un Mendigo, con Mi Corazón en la Mano, suplicándoles.
Pero, a cambio de una mirada amable, ellos se burlan de Mí, Me escupen, se mofan
de Mí, golpean Mi Cabeza y Me llevan con violencia al Monte, donde Me vuelven a
crucificar. Yo Me consumo lentamente y Mi Sangre se derrama sin cesar.
Soy crucificado de nuevo
cada día por los pecadores.
Yo necesito descansar. ¿Me dejarás descansar? Toma Mi Corona de espinas, Mis
Clavos y Mi Cruz... ¿No tienes nada que decirme?
Mi Señor, mi Amado,
Tú que me has confiado Tus Joyas más Sagradas,
Tú que me has cubierto con Tu Amor y Tu Ternura,
Tú que has derramado en mi Tus Enseñanzas,
como mirra y que me has llenado del aroma de Tu Perfume,
yo me regocijo en Tu Presencia.
Tú me has dado el Don de Tu Amor.
Tú me has dado el Don de Tu Pasión
y yo, en mi pobreza, no puedo ofrecerte
sino más que mis bendiciones, mi voluntad,
mi alma y mi corazón.
Hija Mía ¿has comprendido plenamente Mi Pasión? Yo soy El
que te ha librado de la muerte. Fui perseguido por tu causa... desfigurado por
los golpes, escupido, despreciado, mofado y burlado por tu salvación; flagelado
sin piedad a causa de Mi Gran Amor por ti. He llevado tus pecados sobre Mis
Hombros sin pronunciar queja alguna, "como cordero llevado al matadero, como una
oveja muda ante los trasquiladores, no abrí Mi Boca". Y por liberarte,
bienamada, Me dejé traspasar por aquellos mismos a quienes creé. Sí, ellos
perforaron las Manos que los crearon, y a través de Mis Llagas yo te he
sanado... Por amor a ti, soporté horas de sufrimientos para sacar tu alma del
abismo. Yo soy tu Santo, sin embargo les he permitido extenderme en la Cruz
hasta que Mis Huesos se dislocaron. Siente hoy Mi Agonía, siente Mi sed por
falta de amor, un amor que ningún raudal podrá jamás apagar y ningún torrente
podrá jamás ahogar.
¿Te veré a ti que todavía estás errante en el desierto? Vuelve a Mí, a
reconciliarte Conmigo, y vive santamente abandonando tus caminos.
Con dolor y lágrimas he visto a esta generación impía alejarse, siguiendo
el Vicio en vez de la Virtud; la Muerte en vez de la Vida, porque esta
generación ha confiado en la mentira, concibiendo así el racionalismo que dio a
luz al ateísmo. ¿Por cuánto tiempo deberé
permanecer abandonado y solitario detrás de cada Tabernáculo, mientras corren
por Mis Mejillas Lágrimas de Sangre, dejando desgarrada cada fibra de Mi
Corazón? Mis Agonías
de Getsemaní se repiten en Mi Alma, hora tras hora; entra en Mis Llagas y
comprenderás Mis Agonías.
Yo había previsto desde el principio cómo, a pesar de Mi Sacrificio, se
levantarían clanes contra Mí y dividirían Mi Cuerpo, dando pie a tantas nuevas
doctrinas; y que una vez que su sentido de lo que es cierto y falso estuviera
embotado por su discordia, perderían el sentido de la fraternidad... y el gemido
de Mis ovejas, desde entonces, ha perforado Mis Oídos... y ahora, como un eco,
Mi Clamor desde la Cruz sale a diferentes naciones para llamarlos de regreso y
hacerlos uno. Así que, a quien Me pregunte: "¿Por
qué corren a torrentes estas Lágrimas de Sangre por Tus Mejillas?", Yo le
responderé: Éstas se derraman por ti, hijo Mío, son Lágrimas causadas por los
pecados y las impurezas. Y si Me preguntan:
"¿Y qué son estas marcas de Tu Cuerpo? ¿Por qué están
abiertas Tus Heridas de par en par?, les responderé: "Estas Heridas, hijo Mío,
Me las causan diariamente, sin piedad, aquellos a quienes más amo, pero que
ahora se han vuelto contra Mí, dejando Mis Heridas abiertas de par en par.
Sin embargo ellos fueron los que una vez dijeron: "Nosotros quisiéramos aprender
Tus Caminos y seguirte". Intelectualmente, ellos están en la oscuridad y
hasta que no mueran a sí mismos, no serán capaces de ver la Luz.
Hoy, nuevamente, en estos días de Cuaresma, vengo a ti, hijo Mío pecador,
justo o injusto, o rechazado por la humanidad o zarandeado de un lado a otro, en
este mundo, vengo a pedir de ti, tu
reconciliación. Ve a
reconciliarte con tu hermano, porque al reconciliarte con él, te estás
reconciliando Conmigo, tu Dios. Ofréceme tu paz como Yo te ofrezco Mi Paz.
Imítame y sé santo; sacrifícate y ayuna para que puedas crecer en Mi Espíritu
que es: Amor, Santidad y Verdad.
Lo que Yo necesito de ti es la santidad,
¡no seas como los chacales que viven su vida en la noche! ¡Porque Yo conozco tus
intenciones desde mucho antes de que nacieras!
En estos días, estoy derramando Mi Espíritu en sus naciones para que
crezcan como la hierba, donde hay abundancia de agua. Yo desciendo de esta
manera para llenar sus reservas con Mi fruto. Vengo a despertarlos de su letargo
y a alejarlos de sus malos caminos.
Y ahora, hago un llamado especial para todos aquellos que están bajo Mi Nombre y
trabajan por la Unidad y por la Paz. Les pido que vengan a Mí como niños, que Me
miren de frente y Me respondan estas preguntas:
Hermanos, ¿han hecho todo lo que han podido para preservar la unidad de Mi
Cuerpo?
Díganme, hermanos, ¿dónde está la Paz que Yo les he
dejado, el Don que les he dado?
¿Por qué se están diferenciando, continuamente, en Mí?
¿Están, sinceramente, tratando de estar unidos nuevamente en sus
creencias y en sus prácticas?
Yo les digo, solemnemente, que renueven su mente a través de una revolución
espiritual, una revolución de amor. Perdonen los
rencores que tienen unos contra otros y vengan a Mí renovados, vengan a Mí
puros. ¡Despierten de su sueño! Yo estoy a sus
puertas y llamo. No sean como la sal que ha perdido su sabor; sean como un árbol
del que brotan hermosos retoños y que lleva los frutos de la santidad. Cumplan
Mi Ley uniéndose y ayudándose unos a otros.
Como ayer, alzo Mis Ojos al Padre y Le ruego:
Padre Santo, conserva a
los que Tú Me has dado,
fieles a Tu Nombre, para que sean uno como Nosotros.
Para que todos sean uno
Padre Recto, recuérdales Mi docilidad,
Mi humildad, Mi sinceridad y Mi gran Amor,
para que ellos puedan poner fin a Mi Agonía,
esta Agonía que es la causa
del derramamiento de tanta Sangre en Mi Cuerpo.
Permite que reconozcan sus errores y se reconcilien,
para que cuando vengan a recibirme,
al beberme y comerme, vengan dignamente.
Padre, llama a los pastores
y enséñales a ser capaces de ceder y a ser dóciles
los unos con los otros, sencillos y humildes.
Que en este tiempo de Cuaresma
comprendan Mi Expiación y
busquen en Mí la verdadera Sabiduría.
Amén.
Dichoso el hombre que Me escucha. Dichosos aquellos que siguen Mis
Caminos. Dichoso el hombre que se humilla. Dichosos los pobres de espíritu,
porque de ellos es el Reino de los Cielos.
Yo, su Señor, los bendigo a ustedes y a sus familias, dejando Mi Suspiro de Amor
en sus frentes y Mi Paz en sus pequeños corazones; y no olviden nunca que el
Amor está siempre con ustedes. Sean uno.
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