Breve biografía de la Mãe Myriam de Oxum

 

Myriam de Oxum nació en Don Pedrito, una pequeña ciudad de Río Grande do Sul, el más sureño de los estados de Brasil, a principios de la década del '50. Nació y creció en el seno de una numerosa familia de fieles creyentes en el ritual Umbandista y participó de él desde muy temprana edad.

En 1959 comenzó -de niña- su desenvolvimiento dentro del ritual incorporando al Pai Africano Arranca-Toco y al Pai Ogum Dilé. En 1964 comenzó su carrera como sacerdotisa de Umbanda, una carrera que habría de llevarle al menos ocho años y que indudablemente marcaría el rumbo de su vida. En 1975 llegó su “liberación” y recibió el reconocimiento como Mãe de Santo, guía espiritual de su propia familia de hijos de religión. En 1985, cuando algunos de sus hijos de religión, ya liberados también, comenzaron a tener a su vez sus propios hijos de religión, ganó el derecho de ser llamada Iyalorixá.

En los años que mediaron entre su iniciación y su liberación recorrió gran parte de Brasil, llegando hasta Bahía inclusive, en su peregrinar en busca de un profundo y amplio conocimiento de la línea Jéjé-Nagô cruzada con Keto, la cual abarca las tres grandes ramas de la Umbanda: la línea de Caboclo, la línea de Exú y la línea de Santo.

A fines de 1988 deja atrás su casa y su templo en Santana do Livramento y se muda con su familia a Montevideo, donde abre un nuevo templo en su propia casa y comienza en Febrero de 1989 a realizar la celebración del día de la Mãe Iemanjá en la playa Ramírez. A diferencia de lo que venían realizando los templos uruguayos (línea de Caboclo) ella realizó desde esa primera vez, y de allí en adelante ininterrumpidamente, un Batuque de la línea de Santo, la más africana de las tres líneas de la Umbanda y la más semejante al Candomblé de Bahía.

Cada 2 de febrero, desde 1989 en la paya Ramírez, su templo organiza una celebración que requiere de meses de preparación y del trabajo desinteresado y entusiasta de varias decenas de personas para honrar a la Mãe Iemanjá en su día, mostrando al mundo una fiesta idéntica a la que los templos batuqueros realizan habitualmente a puertas cerradas y donde todo lo que llena el altar levantado para la Mãe Iemanjá (bebidas, frutas, golosinas, etc.) es usado para convidar a los espectadores presentes.

Nunca en estos quince años se utilizó este evento para comercializar nada, durante el mismo y en su perímetro nada se vende, nada se cobra. Es una fiesta religiosa, cuyo propósito es honrar a la Mãe Iemanjá en su día mostrando a todo el mundo lo que el ritual Umbandista es: una religión merecedora de respeto, merecedora de la tolerancia que ella misma muestra para con todas las otras religiones.

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