Nuestra
intención, al escribir estas líneas es dar una leve
idea, a las personas que no lo conocen en lo más mínimo,
de las múltiples facetas y complejos pormenores que tiene el
Jéjé-Nagô. De ningún modo es un compendio
exhaustivo de doctrina, es apenas un esbozo de lo que constituye la
cosmología habitual que un hijo de religión tiene en
su mente y con la cual afronta el día a día de su vida
mortal.
El Batuque tiene,
como hemos explicado en otras secciones de este sitio, diversos modos
de realizar sus cultos en función de la nación africana
de la cual desciende. Se llama líneas a esos diversos rituales
y el que nos ocupa aquí es el Jéjé-Nagô por
ser la línea según la cual nosotros rendimos culto.
La línea que cultuamos separa sus rituales en tres divisiones,
cada una con sus características: la Umbanda o línea de
Caboclo, la Kimbanda o línea de Exú y la Nación
o línea de Santo.
La Umbanda o línea de Caboclo
trabaja con siete grupos de espíritus de luz, clasificados, según
cómo se manifiestan al incorporarse en los médiums, como
sigue:
-
Caboclos
y Caboclas (espíritus de indígenas americanos)
-
Africanos
y Bahianas (espíritus de negros muertos libres
en África)
-
Pretos
Velhos y Pretas Velhas (espíritus de negros
ancianos muertos esclavos en América)
-
Mães
de Agua (espíritus femeninos de ríos,
arroyos y mares)
-
Meninos
(espíritus infantiles)
-
Ogum
(espíritus de guerreros)
-
Xangô
(espíritus de gobernantes, escribas o letrados)
Los espíritus
que detallamos arriba son las almas de seres humanos ya fallecidos que
luego de capacitarse en el plano astral regresan como maestros y guías
y se manifiestan tomando el control de los cuerpos de los médiums
que se han preparado para ese fin.
Las entidades de la Umbanda trabajan con hierbas, pases, cánticos,
giras y velas pero no utilizan ningún tipo de sacrificio animal.
El toque de tambor es único, variando la velocidad o el repicado
en función de la necesidad de cada ocasión.
Cada médium incorpora una entidad de cada grupo, siempre los
mismos, en total siete entidades de la Umbanda.
La Kimbanda o línea de Exú
trabaja con un único grupo de espíritus de luz que se
manifiestan en sus dos géneros: masculinos y femeninos:
Los
espíritus que se manifiestan como Exúes y Pombagiras son
las almas de aquellos hombres y mujeres que tuvieron muertes repentinas,
muchas veces violentas, o que en vida tuvieron comportamientos alejados
de la espiritualidad y que lograron, en el plano astral, salvar todas
esas dificultades y así convertirse en espíritus de luz.
Los Exúes y Pombagiras, como las entidades de la Umbanda, también
se manifiestan tomando el control del cuerpo del médium que se
ofrece para ello.
Cada médium incorpora un Exú y una Pombagira, siempre los
mismos y uno predominando en frecuencia sobre el otro. En total dos entidades
de la Kimbanda.
Los toques de tambor son dos, variando cada uno en velocidad y repique
en función de la necesidad de cada ocasión.
La Kimbanda o línea de Exú cuenta entre sus ritos con sacrificios
rituales de animales.
La Nación o línea de Santo
es diferente de las otras dos líneas. Aquí no se habla
de “entidades” o “espíritus” sino de
Orixás.
Cada médium tiene un y sólo un Orixá. El Orixá
no es el alma de un ser humano muerto que toma el control del cuerpo
del médium, es la manifestación de la parte más
espiritual del mismo médium que despierta luego de un largo proceso
de preparación.
Para simplificar -y de un modo ilustrativo- solemos llamar también
al Orixá “ángel de la guarda”, pero siempre
conscientes de que el Orixá no es algo externo al médium
que se incorpora sino que es algo interno que se despierta.
En nuestra línea consideramos que el Orixá prima y rige
por sobre todas las entidades que se manifiestan a través del
cuerpo físico del médium, de ese modo es la garantía
de que el libre albedrío del ser humano será respetado
y de que el médium no está a merced de las fuerzas incorpóreas
con las cuales colabora.
Los Orixás a los que rendimos culto son doce: Bará, Ogun,
Oiá, Xangô, Odê, Otim, Obá, Ossanha, Xapanã,
Oxum, Iemanjá y Oxalá.
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