Breve historia de la Umbanda

 

En 1908 una familia tradicional de Neves (en la ciudad de Niterói, estado de Río de Janeiro) fue sorprendida por un suceso que tomo aspectos sobrenaturales. El Joven Zélio Fernandino de Moraes, quien estaba afectado de una extraña parálisis que los médicos no conseguían develar, cierto día se sentó en su lecho y declaró: “mañana estaré curado”.

Al día siguiente se levantó normalmente y comenzó a caminar como si nada nunca le hubiera afectado los movimientos. Tenía en ese entonces 17 años de edad y estaba preparándose para ingresar a la marina. Los médicos no pudieron determinar qué había sucedido.

Un amigo de la familia sugirió que visitaran la Federación Espiritista de Niterói, presidida en esa época por José de Souza. El día 15 de noviembre de 1908 el joven Zélio fue invitado a participar de la sesión tomando un lugar en la mesa. Dominado por una fuerza extraña y superior a su voluntad —y contraviniendo las normas que prohibían el alejamiento de cualquiera de los integrantes de la mesa—, el joven se levantó diciendo: “aquí está faltando una flor” y salió de la sala hacia el jardín, volvió enseguida con una flor que depositó en el centro de la mesa. Esa actitud insólita causó casi un tumulto. Restablecidos los trabajos se manifestaron en los médiums kardecistas espíritus que decían haber sido esclavos negros e indios americanos; fueron conminados a retirarse advertidos de su atraso espiritual. Nuevamente una fuerza extraña dominó al joven Zélio y él habló sin saber lo que decía; oía apenas su propia voz preguntar a quien comandaba los trabajos cual era el motivo que los llevaba a no aceptar la comunicación de aquellos espíritus y por qué los consideraban atrasados únicamente basándose en encarnaciones pasadas que ellos mismos revelaron.

Continuó un diálogo acalorado, los responsables por la sesión se esforzaban en adoctrinar y apartar el espíritu desconocido que desarrollaba una argumentación calma y segura. Un médium vidente preguntó al espíritu: “¿Por qué, hermano, hablas en estos términos, pretendiendo que la dirección de la sesión acepte la manifestación de espíritus, que por el grado de cultura que tuvieron cuando estaban encarnados, son claramente atrasados? ¿Por qué hablas de este modo si estoy viendo que me dirijo en este momento a un jesuita y su vestidura blanca emite un aura de luz? ¿Cuál es tu nombre, hermano?” El espíritu desconocido habló así: “Lo que tú ves en mi son apenas restos de una existencia anterior. Fui Padre y mi nombre era Gabriel Malagrida. Fui acusado de brujería y sacrificado en la hoguera de la inquisición en Lisboa en el año 1761, pero en mi última existencia física Dios me dio el privilegio de nacer como Caboclo brasileño.”

Continuó: “Si juzgan atrasados a los espíritus de negros e indios debo decir que mañana (16 de noviembre) estaré en la casa de mi “aparelho” para dar inicio a un culto en el que estos hermanos podrán dar sus mensajes y así cumplir la misión que el Plano Espiritual les encomendó. Será una religión que hablará a los humildes, simbolizando la igualdad que debe existir entre todos los hombres, encarnados o desencarnados. Se quieren saber mi nombre, que sea este: “Caboclo das Sete Encruzilhadas” porque para mi no habrá caminos cerrados.” El vidente preguntó con ironía: “¿Consideras, hermano, que alguien asistirá a tu culto?” El espíritu, ahora identificado, respondió: “Cada colina de Niterói será portavoz, anunciando el culto que mañana iniciaré”

Al día siguiente, en la casa de la familia Moraes, en la calle Floriano Peixoto 30, al acercarse la hora indicada (la hora 20:00) estaban ya reunidos los miembros de la Federación Espírita de Niterói para comprobar la veracidad de lo que fuera dicho en la víspera; estaban los parientes más próximos, amigos, vecinos, y –del lado de afuera- una multitud de desconocidos. A la hora 20:00 se manifestó el Caboclo das Sete Encruzilhadas. Declaró que en aquel momento se iniciaba un nuevo culto, en que los espíritus de viejos africanos que habían servido como esclavos y que desencarnados no encontraban campo de acción en los remanentes de las sectas negras, degeneradas y dirigidas en su totalidad hacia los trabajos de brujería, y los indios nativos de nuestras tierras podrían trabajar en beneficio de sus hermanos encarnados cualquiera que fuera su color, su raza, su credo o su condición social. La práctica de la caridad, en el sentido del amor fraterno, sería la característica principal de este culto que tendría por base el evangelio de Jesús.

El Caboclo estableció las normas que organizarían el culto: Sesiones (así serían llamados los períodos de trabajo espiritual) diarias de 20:00 a 22:00 hs., los participantes vestirían de blanco y la atención sería gratuita. Dio también nombre al movimiento religioso que se iniciaba “Umbanda”, manifestación del espíritu para la caridad. La casa de trabajos espirituales que en ese momento fundaba recibió el nombre de “Nuestra Señora de la Piedad”, porque así como María acogió a su hijo en brazos, así también serían acogidos quienes necesitaran de ayuda o consuelo.

Dictadas las bases del culto, luego de responder en latí y alemán las preguntas de los sacerdotes allí presentes el Caboclo pasó a la parte práctica de los trabajos curando enfermos, ayudando a caminar a los postrados. Antes del término de la sesión se manifestó un negro anciano, el Pai Antônio, quien venía a completar las curaciones.

Al día siguiente se formó una verdadera romería en la calle Floriano Peixoto. Enfermos de todas partes venían en busca de una cura y allí encontraban consuelo en nombre de Jesús (Oxalá). Médiums cuya manifestación mediúmnica había sido considerada locura dejaron los sanatorios y dieron pruebas de sus cualidades excepcionales. A partir de allí el Caboclo das Sete Encruzilhadas comenzó a trabajar incesantemente para el esclarecimiento, difusión y sedimentación de la religión Umbandista. Además del Pai Antônio tenía como auxiliar al Caboclo Orixá Malé, entidad con vasta experiencia desarticulando trabajos de baja magia.

En 1918 el Caboclo das Sete Encruzilhadas recibió órdenes del astral superior de fundar otros siete terreiros para la propagación de la Umbanda. Los nuevos terreiros recibieron los siguientes nombres: Tenda Espírita Nossa Señora da Guía, Tenda Espírita Nossa Señora da Conceição, Tenda Espírita Santa Bárbara, Tenda Espírita São Pedro, Tenda Espírita Oxalá, Tenda Espírita São Jorge e Tenda Espírita São Jerônimo.

Aunque no siguió la carrera militar para la que se preparaba –pues su misión mediúmnica no se lo permitió- Zélio Fernandinho de Moraes nunca hizo de la religión su profesión. Trabajaba para sustentar a su familia y en diversas ocasiones contribuyó financieramente para mantener los templo que el Caboclo das Sete Encruzilhadas fundó.
Después de 55 años de actividad al frente de la Tenda Nossa Señora da Piedade (primer templo de Umbanda) Zélio entregó la dirección de los trabajos a sus hijas Zélia y Zilméa, y continuó junto a su esposa (médium del Caboclo Roxo) trabajando en la Cabana do Pai Antônio, en Boca do Mato distrito de Cachoeiras de Macaçu, Río de Janeiro, dedicando la mayor parte del día a atender a todos quienes lo buscaban.

Zélio Fernandinho de Moraes dedicó 66 años de su vida a la Umbanda, volvió al plano espiritual el 3 de noviembre de 1975, con la certeza de la misión cumplida. Su trabajo e las directrices trazadas por el Caboclo das Sete Encruzilhadas continúan en acción a través de sus hijas Zélia y Zilméa de Moraes, quienes sienten en sus corazones un gran amor por la Umbanda, frondoso árbol que está siempre dando frutos para quienes sepan merecerlos y alcanzarlos.

   

En este inmueble ubicado en la calle Floriano Peixoto Nº 30, en Neves, Niterói, Río de Janeiro; el Caboclo das Sete Encruzilhadas dió inicio a la Umbanda el 16 de noviembre de 1908.

Cabana do Pai Antônio - Aquí Zélio Fernandinho de Moraes continuó los trabajos a través del querido Preto Velho Pai Antônio. Se ubica en Boca do Mato, distrito de Cachoeiras de Macaçu, Río de Janeiro, Brasil.

Fotos propiedad de:
"Jornal Umbanda Hoje"

 
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