En los cuarenta y seis años que tengo de vasilha, es decir que tengo de iniciada, he comprobado que el ritual -como la vida- es algo dinámico.

También he comprendido, y estoy plenamente convencida de ello, que sólo la fidelidad a la tradición nos mantiene unidos en identidad a los distintos practicantes del ritual, en todas sus líneas y a través del tiempo.

Pero por sobre todo he aprendido que así como cada orixá manifiesta, a lo largo de la vida del médium dentro del ritual, su propia “magía” el médium que asume la responsabilidad de ser líder de su propia familia espiritual debe andar en el delicado equilibrio entre la adaptación a la realidad y la fidelidad a la tradición.

Sin lugar a dudas practicar el ritual en África, cuando la ocupación y preocupación principal era conseguir agua y comida y protegerse de la naturaleza y los congéneres no es lo mismo que practicarla hoy en las ciudades modernas donde algo tan simple, tan necesario y tan impostergable como despachar los trabajos (esto es, entregar a cada entidad en su morada lo que se le ha servido en el templo) se torna dificultoso y en algunos países del primer mundo llanamente ilegal.

De este modo el ritual se va adaptando inevitablemente a la evolución de su entorno, lo más fiel posible a sus orígenes pero indudablemente conectado con su contexto social y cultural.

Cuando yo era niña en el sur de Brasil los templos hacían sesiones tres veces por semana como mínimo, un día para cada línea, y los demás días de la semana se iba a trabajar en la preparación de todo lo necesario, preparar hierbas, macerar imágenes, decorar el templo de acuerdo a la conmemoración más próxima, cocinar las comidas para servir los altares… la doctrina se obtenía por lo que nuestra mãe de santo indicaba y se demostraba al nosotros hacerlo día a día, porque todos los días se iba al templo… y se iba a trabajar.

Cuando nuestra mãe así lo decidía nos indicaba que cierto día, algunos meses hacia delante, deberíamos hacer nuestra obligación anual, nuestros siete días de retiro obligatorio… y era nuestra entera responsabilidad conseguir el dinero necesario para proveernos de todo, los animales, las ofrendas, las armas, el “axé de faca” de nuestra mãe y lo necesario para nuestro sustento durante esos siete días. Esto era innegociable, la fecha que nos había sido indicada era esa o nunca más.

Los hijos de religión no cambiaban de casa, las familias enteras iban juntas al mismo templo, los vecinos se cruzaba en la calle, al atardecer, todos vestidos de blanco cada cual yendo a su templo.

Cualquier persona que conozca un poco lo que es el ritual en Uruguay comprenderá que poco se asemeja a aquel ritual en el que crecí.

Por eso digo que el ritual es dinámico y vivamente conectado a su entorno. Porque hoy aquí, distantes en el tiempo y lejanos en el espacio el ritual late en la vida de sus fieles que inmersos en otra realidad adaptan sus vidas e indudablemente se sacrifican para avanzar en el camino que eligieron andar.

En nuestro templo la “liberación” del médium se da en tres etapas. La primera es cuando el Orixá gana su “Axé de fala” y con él su derecho a expresarse con la palabra hablada. La segunda es la “Liberación de vasilha” que permite al médium decidir cuando hará su próxima obligación. La tercera y última, la final, es la verdaderamente llamada “Liberación” que convierte al hijo de religión en Pai o Mãe de santo, jefe de su propia familia espiritual.

Aquí hoy celebramos la obligación de muchos y la liberación de cuatro, Jorge de Oxum ganó su liberación total. Rosalba de Xangô, Nancy de Oxum y Miriam de Iemanjá ganaron la liberación de vasilha. Felicidades y felicitaciones a todos, a los que de un modo u otro se liberaron y a los que con esfuerzo hicieron su obligación anual.

Parabéns para todos!

 
 
     
 

Rosalba de Xangô
Liberación de vasilha

Nancy de Oxum
Liberación de vasilha
     
       
  Jorge de Oxum
Liberación final
Miriam de Iemanjá
Liberación de vasilha
     
 
 
Fotos del Batuque del 24/09/05
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