Sin lugar a dudas
el tema del sacrificio ritual de animales es el más difícil
de explicar a los no afro-umbandistas y es el que genera mayor rechazo
entre quienes no conocen los pormenores de nuestra fe.
Como introducción debemos decir que el Jéjé-Nagô
es una religión espiritista. Creemos firmemente que los muertos
–luego de haber cumplido una cierta capacitación en el
plano espiritual- regresan al mundo de los vivos e interactúan
con ellos a través de los médiums, quienes se preparan
constante y específicamente para ello. Aquellos espíritus
que por una u otra razón no cumplen con esa capacitación
post-mortem quedan vagando en el plano astral, carentes de luz, ansiosos
por regresar al plano material que no se resignan a haber abandonado.
Son los llamados “egunes”, espíritus obsesores factibles
de ser dominados para cumplir los caprichos de la voluntad humana inmadura.
Las religiones afro-americanas
en general y el Jéjé-Nagô en particular basan sus
rituales más importantes en el sacrificio ritual de animales,
para los fieles la vida que fluye del animal sacrificado es la fuerza
que energiza al médium y lo capacita para tolerar la manifestación
del Orixá y las entidades de luz que luego trabajarán
en su cuerpo para el servicio y la elevación de los seres humanos.
Y la materia de esos animales, la carne, es -en la gran mayoría
de los casos- consumida como alimento.
La sangre es el símbolo de la transferencia de esa energía
de vida, la sangre en el cuerpo del hijo de religión simboliza
e impacta en su mente de tal modo que lo mueve a la comunión
con esas energías que habrán de utilizar su cuerpo como
vehículo y medio de expresión. Creemos firmemente que
sin esos rituales el médium está desprotegido al abrirse
a recibir las energías de seres otrora vivos pero ahora desencarnados,
porque entendemos que no todos los seres que habitan el plano incorpóreo
son seres de luz.
Los "egunes" son espíritus que vagan buscando cómo
manifestarse en el plano material pero con intenciones puramente egoístas,
despojadas de toda bondad y respeto; son espíritus que no aceptan
su estado desencarnado y pugnan de todos los modos a su alcance por
regresar al plano físico. Estos espíritus oscuros son
los que pueden ser dominados con malas artes con la intención
de causar daños o aflicciones; y es contra ellos que debe el
médium estar protegido si desea ser útil a quienes solicitan
su ayuda.
Muchas veces hemos oído la pregunta sobre si los animales muertos
que se encuentran en esquinas, cementerios o parques han sido sacrificados
para causar daño a alguien y la respuesta sincera debe ser: "no
necesariamente". Hemos dicho más arriba que la gran mayoría
de los animales sacrificados son utilizados como alimento, ahora bien:
¿cuales no lo son?, ciertamente no son comidos los animales que
se sacrifican para causar daño... ¡pero esos son lo menos!...
tampoco se comen los animales utilizados para curar enfermedades, ni
los utilizados para contrarrestar maldades, ni los utilizados para limpiar
personas u hogares. En realidad la gran -la inmensa- mayoría
de los animales sacrificados y no comidos caen dentro de estas tres
últimas categorías que hemos mencionado.
Quienes vivimos el Batuque y lo sentimos como propio no podemos dejar
de sentir un poco de recelo ante el doble discurso que condena el sacrificio
ritual de animales pero acepta sin vacilar un sacrificio semejante (con
un volumen inmensamente mayor) para consumo humano. En los frigoríficos,
mataderos y establecimientos rurales se realiza lo mismo que en los
templos: los animales se degüellan y se desangran... y la sangre
termina vendida como morcillas en los supermercados y los cadáveres
de esos animales colgados desollados en las carnicerías a la
vista de todos... ¡y nadie se alarma!
Antes de criticar al Batuque por su conducta debe comprenderse que es
una religión arcaica de raíces africanas y que el sacrificio
animal es una parte integral de su ser. No se puede suprimir sin más,
sin quitarle una parte fundamental de su identidad característica.
¿Acaso no sacrificaba el pueblo judío el cordero pascual
para celebrar el éxodo de Egipto hacia la libertad en la tierra
prometida? ¿Acaso los tibetanos no desmembraban algunos de sus
muertos (¡humanos!) y los daban a los buitres porque para ellos
el cuerpo no es más que un ropaje que luego de usado puede tirarse?
Pues del mismo modo la Umbanda sacrifica animales sin culpa, porque
como religión espiritista que es considera que la muerte no es
el final, es apenas un nuevo comienzo.
Ahora bien, debemos aclarar para que conste que no todo es sacrificio
dentro del Batuque. Existen las hierbas, las oraciones, los cánticos,
las giras. En nuestra línea las entidades de la Umbanda (los
Africanos, los Pretos Velhos, las Mães de Agua, los Meninos,
los Ogunes, los Xangô y los Caboclos) trabajan sin sangre, ellos
se dedican a trabajar con hierbas, maceraciones e infusiones, sin ningún
tipo de sacrificio animal. Las líneas de Kimbanda y Nación
sí incluyen entre sus rituales los sacrificios animales.
Esperamos haber contribuido mínimamente a llevar un poco de luz
sobre el tema más álgido de la realidad de nuestro ritual,
con plena conciencia de no haber agotado ni apenas lo que puede decirse
sobre él, pero con la paz de quienes no tienen nada que ocultar
porque no se sienten en falta con sus acciones.
¡Saravá Umbanda!