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| Texto leído en la celebración de la Mãe Iemanjá Playa Ramirez, Montevideo, 02/02/04
Oriunda del continente africano, la creencia “Nación” es vivida en todo el sur del Brasil. El nombre “Nación” surge de tener origen en distintas tribus, naciones africanas; por ello la creencia tiene diferentes rituales (que nosotros llamamos diferentes líneas) dependiendo de la nación de origen. Esta es hoy la “Nación” que en Río Grande do Sul, está dividida en varios rituales, llamados todos “Jéjé”, y que se nombran por sus distintas líneas como ser “keto”, “Ioyó”, “Nagô”, “Igexã”, “Campinas” y otras. De esa denominación resulta por Ej. el “Jéjé-Nagô” que unifica varios rituales en una única forma de culto a los Orixás (divinidades respetadas en la creencia de que son, en esencia, espíritus de la naturaleza desprovistos de materia). A pesar de los rituales, diferentes de acuerdo con cada línea, la Nación en general rinde culto los mismos Orixás. Las variaciones de una línea a otra son apenas en el modo de servirlos, en las preferencias de cada uno . Este ritual llegó a América a través del tráfico de esclavos, quienes traían la creencia en su base cultural y aunque les fuese prohibido continuaban practicándola clandestinamente (allá por el siglo XVII) sincretizando sus Orixás con el nombre de santos católicos; así por ejemplo: Santo Antonio es Bará, San Jerónimo es Xangô, Nuestra Señora de la Concepción es Oxum, Nuestra Señora del Rosario es Iemanjá, Jesús es Oxalá, etcétera. Mãe Myriam de Oxum pertenece a la línea Jéjé-Nagô cruzada con Keto, es muy conocida en Rivera y Santana do Livramento especialmente por la fidelidad de sus búzios y por el pronto restablecimiento de sus enfermos. Su línea rinde culto a doce Orixás que son: Bará, Ogum, Oiá, Xangô, Odê–Otim, Obá, Ossanha, Xapanã, Oxum, Iemanjá y Oxalá. Para la nación, cada año es regido por un orixá. Este año 2004 que estamos viviendo hoy es regido por el pai Ogum, herrero de la Umbanda, pai de la justicia, dueño de las herramientas y por la mãe Iemanjá dueña y señora del mar, madre de todos los orixás. Hoy, aquí, como hace ya quince años, venimos a agasajar a la mãe Iemanjá... y venimos con alegría, con la alegría de compartir en paz lo que es nuestra fe... con la alegría de que una vez más están todos ustedes aquí, con nosotros, compartiendo la fiesta. Gracias. Gracias a todos, hijos de religión o no, creyentes, curiosos y meros espectadores. Esta fiesta es de todos, y es nuestro orgullo ser hoy, nuevamente, anfitriones. Vamos a realizar, como todos los años, un batuque o “rueda de Santo”. Los hijos de santo se colocarán en fila formando un círculo y ordenados por cabeza de Bará a Oxalá, los Ogans (tamboreros de religión) comenzarán a batir y cantaran en nagô, lengua yoruba que aún hoy se habla en Nigeria, las rezas de cada Orixá (en orden también de Bará a Oxalá) formando un contrapunto entre los Ogans y la rueda de Santo. A medida que transcurran las rezas y en un orden que tiene muchas variables, los Orixás irán despertando, saludarán a los tamboreros (porque es el rugir de los tambores la vibración que les permite despertar) y saludarán al mar, a la mãe Iemanjá en su reino y en su día. Luego danzarán mientras dure la fiesta y participarán del reparto de la mesa. En el devenir de la fiesta, cuando la mãe Oxum lo indique, se entregarán las ofrendas y se repartirá la mesa entre los presentes. Luego de la última reza de Oxalá se cantará el “Alalupagema” y, a su ritmo, se irán retirando los Orixás y durmiendo los “Ageros”. Les pedimos por favor que disfruten de la fiesta en orden, es la fiesta de todos. Por favor, esfuércense en respetar los límites del perímetro, porque los Orixás en tierra deben ser tratado con suma delicadeza y de un modo particular; por ello y por la cantidad de espectadores asistentes es que hemos delimitado el espacio mínimo necesario para poder desarrollar la fiesta en orden. Desde ya muchas gracias, gracias por venir, por estar y por permanecer. Gracias por mostrar que la tolerancia y el respeto no son solo palabras, porque más allá del nombre que le demos, Dios es uno solo, no importa si le llamamos Padre, Alá, Yahvé o Zambí, lo importante es que le reconozcamos y que demos prueba de ello a través de la caridad y la fraternidad aplicada hacia todos sus demás hijos, nuestros hermanos, todos los hombres. ¡Que así sea!
¡Que comience la fiesta!
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