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Ya me imaginaba yo durante la espera que tendría que viajar sola a por la niña. Tenemos dos hijas más de 4 y 6 años, y nunca se habían separado de nosotros, ni una sola noche. No nos podíamos ir los dos, mi marido y yo, a China tranquilos pensando en que las niñas iban a estar sufriendo durante nuestra ausencia. Así que llegado el momento, y en vista de que mi hermana gemela no se podía quedar con ellas, sacamos sólo mi visado y mi billete. El día 1 de diciembre de 2002 salimos de Madrid rumbo a Pekín, en el aeropuerto conocí algunos amigos que había hecho a través de las listas de AFAC. Comenzaba de la mejor manera la aventura más maravillosa que he vivido. El viaje se me hizo corto, y eso que no dormí nada. Me gusta leer
y me llevé un libro de Amy Tan para entrar en ambiente. Era un
vuelo repletito de futuros papás y mamás. De mi grupo (Andeni-
Jiangxi) éramos 24 familias, pero había además otro
grupo de Andeni de otras provincias y otro de Aci. Prácticamente
llenábamos el avión, todos sacando las fotos de nuestras
niñas, enseñándolas orgullosos. No sé cuántas
horas fueron (entre el cansancio y el cambio horario) sin fumar, pero
hasta eso lo llevé bien.
Yo iba sentada al lado de un chico chino, muy simpático, y entre su mal inglés y el mío peor, nos entendíamos perfectamente. Lo malo fue cuando me contó que trabajaba para la Policía del Gobierno, y me dije yo: "a ver cómo mango yo ahora la manta del avión" que me hacía falta, jejejeje Cuando llegamos a Pekín, todavía teníamos 5 horas en el aeropuerto hasta nuestro vuelo a Nanchang, pero eso también pasó volando, entre que cambiamos euros a yuanes (en dólares sólo hace falta que llevéis 4.000 dólares, no cambiéis más, que perdéis dinero con los cambios, y el cambio del euro al yuan funciona perfectamente en China), en pagar a la Agencia de la Mujer, en facturar el equipaje... Creo que no pude sentarme ni un momento, ni para beber el botellín de agua que compré allí a 600 Ptas. (ni se os ocurra comprar nada en el aeropuerto) El vuelo de Pekín a Nanchang dura 2 horas, y se te hace corto después del palizón anterior. Lo único malo es que te dan la comida más horrorosa que yo haya probado en mi vida, aunque como tenía hambre me la comí. Del aeropuerto al hotel Jin Feng media hora más, que también
pasó volando. Llegamos al hotel y nos dicen las guías (Felisa
y Adela) que nos van a subir los botones las maletas y que en una hora
y media vayamos al salón de la segunda planta donde nos entregarán
las niñas... Nunca se me olvidará lo que vi: 24 niñas en brazos de sus
cuidadoras y directores de orfanato sentados en fila, algunos de pie,
la mayoría de las niñas llorando, estaban a un lado de la
gran sala como en un escaparate. Los padres y madres buscando su niña
con la mirada al otro lado, separados de las niñas por una mesa
enorme. Yo tenía un nudo en la garganta, a punto de llorar por
la intensidad del momento. La primera de todas estaba en brazos de un
señor, y era la misma que vimos minutos antes en el hall. Era muy
pequeña y no podía ser la mía, que ya casi tenía
11 meses. Esta parecía que tenía sólo 6 meses, y
en el informe que me mandaron con la asignación, mi niña
tenía muy buena talla. Así que seguí adelante a buscarla,
miraba y miraba y no veía nada. Alguien a mi lado me preguntó:
"¿Ves a la tuya?" No recuerdo ni quién era. Yo
respondí: "Creo que es aquella" señalando a la
primera, que era tan chiquitina. En ese momento fui hacia ella, la cabeza
me decía que no era ella, por el tamaño, era tan chiquitina...
Pero el corazón me decía que si, es que era la carita de
la foto que me había aprendido de memoria. Me acababan de entregar a mi hija, yo todavía estaba sorprendida
de lo pequeña que era, evidentemente el informe que me enviaron
con la asignación estaba mal (no era el único, ya que su
hoja de vacunaciones estaba firmada antes de que naciera) Le preparé un biberón, pero no sabía beber con él, menos mal que también llevaba un vaso de esos que tienen una boquilla para chupar, y con él bebió un poquitito de leche ese primer día. La acosté y se durmió inmediatamente. Después de tantas horas sin dormir, yo también me dormí pronto, aunque a mitad de la noche, sobre las 3 de la madrugada de allí, todos los del grupo nos despertamos y no conseguimos volver a dormirnos, cosas del cambio horario. Por la mañana cuando se despertó Inés Fu ya no estaba triste, o por lo menos aparentemente. Ella me miraba de reojo, me observaba todo lo que hacía, y si yo la miraba apartaba la vista. Yo le hablaba despacito y muy suave, la acariciaba, pero sin agobiarla, la dejaba tranquila. Ya que el biberón no sabía utilizarlo, decidí darle una papilla con cuchara, y aunque tampoco sabía lo que era la cuchara, fue fácil ir enseñándola, ahora ya es una campeona!!!! No os preocupéis en pensar si lo que le lleváis le gustará
o no. Les encanta TODO, a mí me parece que les deben de dar de
comer todos los días y a todas horas lo mismo, y claro, todo lo
que les llevamos son sabores nuevos. Os recomiendo que llevéis
purés hidrolizados. Yo compré en la farmacia, eran de Blevit,
vienen en sobres individuales, sólo hay que mezclarlos con agua
templada y ya tienes un plato muy completo. Comodísimo de llevar
a cualquier lado. Nuestro hotel en Nanchang estaba en la periferia de la ciudad, y los
paseos eran muy interesantes. El que haya cruzado por una carretera de
Nanchang puede cruzar cualquier carretera del mundo. No vale con mirar
primero a la izquierda y luego a la derecha, no vale mirar si el semáforo
lo tienes en verde, allí no, allí tienes que mirar a la
derecha y a la izquierda al mismo tiempo, y además tener las piernas
muy ligeras. Los coches, autobuses, bicicletas, camiones, peatones...
van por cualquier lado, no importa que no sea el carril de su dirección,
paran y giran en mitad de la carretera, adelantan por la derecha... es
la ley del más fuerte, los autobuses y camiones tienen preferencia
siempre, el peatón es el último. Nosotros para cruzar al
principio buscábamos algún chino que fuese a cruzar y nos
pegábamos a él, ese sabía lo que había que
hacer.
El director del orfanato de Ruijin me entregó una foto de Inés Fu con su familia de acogida, junto con un montón de fotos del orfanato, de la ciudad de Ruijin y la comarca en un álbum, y me pidió que le escribiese de vez en cuando y le fuese mandando fotos de la niña, se veía interés por las dos niñas que venían de Ruijin, nos hicieron un montón de fotos a las dos madres de Jin Fu Xian (Sara Xian) y Jin Fu Xuan (Inés Fu) con las niñas. Además, al recibir yo la asignación envié una cámara de fotos desechable al director del orfanato y me hizo el carrete entero a la niña en el orfanato con sus papás de acogida, son unas fotos preciosas. No dejéis de hacerlo.
En Nanchang (capital de Jiangxi) estuvimos 5 días. En ese tiempo
hicimos todo el papeleo de Registro, notario y pasaporte de las niñas.
Además visitamos un museo de Historia muy bonito, con momia incluida,
y el Orfanato de Nanchang. Las niñas de nuestro grupo venían todas muy bien físicamente,
casi todas eran menores del año. Por lo que yo vi, más que
de la edad de los padres (en nuestro grupo había gente mayor y
gente joven) depende del orfanato la edad de las niñas en la asignación.
Cuando en Pekín nos juntamos con otro grupo de Andeni vimos que
sus niñas ya andaban prácticamente todas, eran mayores que
las nuestras, y sus padres algunos eran jóvenes y otros mayores. Os recomiendo MUCHO que llevéis el plástico de las sillitas por la lluvia y/o por el frío, la sillita la podéis comprar allí, pero el plástico no. Un día al volver al hotel se puso a llover, la niña llevaba el plástico y yo capucha, pues me encontré con una chica que me quería acompañar al hotel con su paraguas, le dije que no, que muchas gracias, me daba vergüenza, nada, no había nada que hacer, ella que si, y yo que no... Pues me acompañó al hotel tapándome con su paraguas, son gentes realmente encantadoras. En Nanchang nos dieron las gracias por llevarnos a las niñas más
de una vez, se te ponía la carne de gallina. Al llegar al hotel el primer día me dio calambre el botón del ascensor y pensé que éste estaba mal, pero cuando al llegar a la habitación me dio otro la manilla de mi puerta empecé a preocuparme, y ya casi me desmayo cuando dentro de la habitación Inés me dio otro. A algunas personas este extraño fenómeno les ocurría más que a otras, y como no podía ser de otra forma, a mí era de las que más. Sobre una docena al día. Lo peor era cuando me encontraba a otro ser que acumulase electricidad estática al mismo nivel que yo, entonces hasta se oía el chasquido y no exagero nada. Pekín es una ciudad limpia y preciosa, no me esperaba que fuera
así de grandiosa. Si, sabía que iba a ver monumentos que
me iban a dejar con la boca abierta (como la Cuidad Prohibida por ejemplo),
pero lo que es la cuidad en sí... es una maravilla. En ningún
lugar del mundo he visto edificios tan bonitos. Son altos, nuevos, lujosos,
y nada sencillos, todos ellos tienen algo Una de mis Grandes aventuras en Pekín fue la de subir a la Gran Muralla. La verdad es que yo ya iba con mucha ilusión, como con todos los monumentos que visitamos, pero a pesar de haber soñado ya con ellos, me sentí una pulga ante tanta maravilla. Bien, pues llegamos a la Gran Muralla, un frío espantoso y yo con Inés Fu en el saquito (o mochila o canguro, cada uno lo llama de una forma, no dejéis de llevarlo) Nos dicen las guías que a esta visita no nos acompañan, que nos esperan abajo (ahora lo entiendo), nos dicen que no subamos mucho y nos preguntan hasta dónde pensamos llegar, y yo muy decidida les digo que hasta donde pueda. Y así fue... Unos escalones altísimos, daba vértigo sólo de pensar en la bajada, yo iba que me asfixiaba... pero a pesar del esfuerzo que suponía, llegué hasta la segunda torre, y estoy orgullosísima. La gente en Pekín es tan agradable como en Nanchang, pero curiosamente se sorprenden más de ver occidentales con niñas chinas. Nos comentaron que el Gobierno procura no informar al pueblo de que las niñas abandonadas van a adopción internacional porque se abandonarían más niñas!!!! Me solían preguntar si mi marido era chino, también preguntaban siempre si eran niños o niñas, y cuando les decíamos que eran todas niñas me daba la impresión de que entendían lo que ocurría. Una tarde, paseando por la calle peatonal (una calle muy bonita, llena de preciosos edificios con luces de navidad y de tiendas) nos encontramos con un grupo de universitarios y nos pusimos a charlar con ellos. Le pregunté a una chica qué cuántos hijos podían tener y me dijo lo que ya sabía, que uno por pareja, ella me preguntó que cuántos podíamos tener en España y yo le contesté que los que quisiéramos, pero lo que me llamó la atención es la sorpresa de ella al oírlo. Parece que estén cerrados al mundo fuera de China. El hablar inglés parece que empieza a ser habitual en China, casi toda la gente joven se dirigía a nosotros en inglés, pero un día nos encontramos con una señora mayor, una señora como otra cualquiera que veías allí, sin aspecto de intelectual, que se dirigió a nosotros en un perfecto castellano, me contó que se alegraba de encontrarnos porque así podía practicar su español que aprendió en los años 60 en la Universidad, un encanto de señora. Pero os aseguro que con 4 palabras de chino te entiendes con ellos, son simpáticos y se esfuerzan en que les comprendas. Yo me lo pasaba bomba hablando con ellos en la calle. Hoy hace un mes que Inés y yo estamos juntas, no me lo puedo creer...
¡sólo un mes! Con todas las experiencias que ya hemos vivido
en común. Ya no me imagino la vida sin ella. Es sorprendente que
los sentimientos maternales sean exactamente los mismos que cuando tuve
a sus dos hermanas mayores. Alguien en Pekín me preguntaba si no
eran más profundos y felices con la adopción que con la
maternidad biológica, bueno, cada uno vivirá las cosas de
diferente manera. En mi caso es exactamente lo mismo, en todo, cuando
me la pusieron en brazos, su primera sonrisa ..., y a diario desde la
papilla de la mañana, pasando por cuando me llama "mamá",
sus risas cuando la beso en el cuello, ... Todo me produce los mismos
sentimientos de ternura que con sus hermanas, que a propósito,
son un cielo, adoran a su hermanita, no hay nada de celos, hasta yo estoy
sorprendida de la manera tan rápida y natural que han aceptado
a su pequeña hermana. Inés es una pequeña brujita, os diré que lleva las últimas 4 noches durmiendo conmigo, pero qué haríais vosotros, quién soportaría oírla llorar, sabe que me tiene dominada, hace conmigo lo que quiere. Es curioso como en tan poco tiempo pueden aprender tanto. Tiene 11 meses, lleva en casa dos semanas y ya llama a su padre "papá". Pero qué lista es mi niña...!
Pero lo mejor de China son sus gentes, son los que hacen que te sientas feliz allí, desde el momento en que llegas hasta que te vas. En el vuelo de Nanchang a Pekín ya íbamos con las niñas, cuando llegamos al control del escáner antes de embarcar cargados con equipaje de mano, chaquetones y niñas... nos mandaron descalzarnos para pasar los zapatos por el escáner, ya os podréis imaginar nuestras risas al ver que era casi imposible, pues los policías se agachaban con una sonrisa para desabrocharnos y abrocharnos las botas. Hay tantas anécdotas de lo encantadores, simpáticos, cariñosos,... que son los chinos. Allí te sientes como en casa. La gente de mi grupo son maravillosos todos, seguro que no podría tener tan buenos recuerdos del viaje si no fuera por los compañeros. Un grupo de 23 familias, enorme!! Pues todo salió estupendamente. Siempre os recordaré con cariño. Un 10 para la Agencia de la Mujer, que nos hizo la estancia en China facilísima, éramos como colegiales, que sólo teníamos que disfrutar y reírnos, no nos preocupábamos de nada. Gracias Felisa y Adela por todo. Y gracias CHINA por darme el mejor regalo que la vida puede dar: una hija. Te prometo volver. Santander, enero 2003
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