Nuestro propósito

"Tomás, uno de los doce, llamado Dídimo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Dijéronle, pues, los otros discípulos: Hemos visto al Señor. Él les dijo: si no veo en sus manos la señal de los clavos y meto mi dedo en el lugar de los clavos y mi mano en su costado no creeré." (Juan, 20, 24-25)
Preámbulo
Nuestra pretensión a unos les parecerá titánica, a otros orgullosa y a otros distintos rencorosa y llena de odio. Pero lo único cierto que nos mueve es la verdad, porque nosotros la vemos tan clara que nos duele amargamente que muchas personas no quieran mirar sus ojos. Reconocemos sin embargo que nuestro objetivo es muy alto, pero también es alto nuestro deseo de conocer la verdad. Y la verdad nos llevará inexorablemente a desmontar todo el coloso del cristianismo y reducirlo a escombros... Quizás ya no nos queden valores absolutos a los que rendir obediencia ciega, quizás terminemos perdiéndonos en la nada más absoluta, pero la verdad, aquello que fue y que por respeto a nosotros mismos debemos recordar sin idealizarlo, refulgirá poderosa en nuestros corazones. No nos importará que la eternidad se nos escape ante nuestros propios ojos, ni que lleguemos a la conclusión de que si no aprovechamos esta vida, entonces sí que no entraremos en el Reino de los Cielos. A pesar de vernos obligados a aceptar todas estas obviedades que nuestra mente repudia con todas sus fuerzas, nos quedará el consuelo de que supimos reconocer que tenemos miedo a la vida, al dolor y a la muerte, pero que no nos traicionamos refugiándonos en pobres techumbres sino que salimos fuera para mojarnos de la vida y empaparnos del violento devenir de la existencia. Somos meros espectadores de este verdadero milagro que es la vida, y aunque nadie vaya a quedar para poder recordar que unos seres racionales existieron, nosotros desde nuestra mortalidad tenemos el deber existencial de mirar sonriendo a la muerte.
Plan del estudio
En este estudio no se atacará la idea de la existencia de Dios. Tampoco se insultará a nadie por sus creencias. Pero no se aceptará nada por el principio de autoridad. Nosotros no respetamos que algo sea cierto porque es cierto. Todo podrá ser puesto en duda, de todo se podrá hablar sin límite. Por eso queremos advertir que el contenido de este estudio puede herir la sensibilidad de algunas personas, porque se emitirán juicios directos sobre hechos concretos que para muchos son intocables.
El estudio constará de una parte divulgativa, de la cual tenemos que reconocer nuestra deuda con toda la bibliografía y diferentes páginas webs citadas a lo largo de él, y otra parte de opinión personal acerca de los hechos y problemas que presenta el estudio del cristianismo. Ambas partes no se entremezclarán, sino que las opiniones propias serán colocadas a pie de página, de tal modo que la información divulgativa recogida sea lo más neutral posible.
Quizás llame la atención la serie de términos que utilizaremos a lo largo del estudio. Hemos intentado que sean lo más asépticos posibles. Por ejemplo para hablar de Jesús hemos preferido no utilizar ni el término mitología ni el término religión . Según la Real Academia española mitología es el conjunto de fábulas o ficciones alegóricas de un pueblo o una cultura. De religión dice que es el conjunto de creencias o dogmas acerca de la divinidad, de sentimientos de veneración y temor hacia ella, de normas morales para la conducta individual y social y de prácticas rituales, principalmente la oración y el sacrificio para darle culto. La palabra mitología se aplica siempre a creencias que hoy ya nadie profesa, como por ejemplo las creencias religiosas de griegos y romanos e implica cierto desprecio. El término religión se aplica a creencias que todavía están aún en vigor en la mente de los hombres. Griegos y romanos también tenían sentimientos de veneración y temor hacia la divinidad, rituales y normas morales, luego el término religión se le podría aplicar perfectamente a sus creencias. Nosotros pensamos que lo única diferencia entre mitología y religión es el prejuicio teológico de pensar que nuestra creencia es superior a la de los demás. De hecho muchas religiones llaman mitologías a creencias que todavía están en vigor, degradando de esta manera las convicciones religiosas de las personas que las tienen. Lo único cierto es que todas las religiones sin excepción con el paso del tiempo terminan convirtiéndose en mitologías, pues nuevas religiones ocupan su lugar y las degradan de la forma que hemos visto. Mejor que mitología o religión utilizaremos simplemente creencia religiosa, porque lo que sí que es cierto es que todas estas convicciones se mantienen únicamente por la fe de las personas que las profesan.
Tampoco utilizaremos secta, herejía o similares, puesto que son términos denigratorios que ciertas creencias religiosas han aplicado a otras, como por ejemplo los católicos a los testigos de Jehová. Además la palabra secta a parte de su primitivo significado de separación ha adquirido otro que implica peligrosidad en los últimos tiempos. Nosotros utilizaremos mejor escisión, palabra más neutral y descriptiva que las anteriores.
Simplemente para demostrar lo viciados que pueden estar los términos y lo parciales que pueden ser expongamos aquí la definición que la Real Academia Española de la lengua da del sintagma religión católica: la revelada por Jesucristo y conservada por la Santa Iglesia Romana... Ciertamente pocos evangélicos, testigos de Jehová o mormones debe haber en los asientos de la Real Academia Española para que semejante definición se dé como universal.
Iniciación
Las fuentes que hablan directamente de Jesús dan datos discutibles porque de antemano se asegura que una persona que resucita muertos y expulsa demonios se paseó por la Palestina del siglo uno de nuestra era. Es el primer gran obstáculo que encontramos: la fantasía, entendida como hechos fabulosos y portentosos, contenida en estos libros. Para aceptar lo que cuentan estas fuentes es necesario no utilizar la razón o lógica humanas. Cuentan hechos que en la vida cotidiana no tienen lugar. Pero éste no es el único problema, sino que tras comparar las fuentes entre sí, e incluso estudiándolas por separado, encontramos tal cantidad de contradicciones, imposibles y absurdos que todo indica que lo que se nos cuenta en ellas es falso. También los autores de tales fuentes están en entredicho. Todas las fuentes del cristianismo están envueltas en una nube de incertidumbre. Es curioso que siendo libros que contienen la verdad contengan tantos errores evidentes. Lo mejor será que como el apóstol Tomás veamos con nuestros propios ojos. Para ello nos iniciaremos en el misterio cristiano.
Muy a menudo nos sentimos como el discípulo Tomás, que tuvo que ver para creer. Igual que él dudamos y sentimos que la información sobre Jesús que nos rodea no nos acerca del todo a su verdadera personalidad: no confiamos en la tradición, ni en lo que nos puedan contar en las iglesias, en las escuelas, en nuestras familias, en la calle ni en los medios de comunicación. A Jesús tenemos que verlo con nuestros propios ojos, aunque nos duela tal visión. Necesitamos introducir nuestros dedos en sus llagas para comprobar si son ciertas, si la heridas están aún frescas.
En primer lugar vamos a estudiar los primeros textos que hablaron acerca de Jesús, textos que muchos dicen estar inspirados por el Espíritu Santo. Ellos nos servirán para reconstruir un Jesús auténtico, y no un Jesús amorfo y cambiante como el que corre de boca en boca hoy en día. Tras lograr confeccionar ese Jesús que las fuentes cristianas nos presentan, iniciaremos otro camino no menos interesante que el anterior: nos preguntaremos si ese Jesús que nos presentan las fuentes tuvo un origen concreto, distinto del que las fuentes cristianas nos cuentan. Viajaremos a través de las religiones mistéricas y de otras creencias religiosas y filosóficas para ver si en ellas encontramos ese germen cristiano terrenal que ponga en duda su origen celestial. Por último, incluiremos una serie de apéndices explicativos de diversas características del cristianismo, así como de su historia hasta nuestros días. El estudio no podrá terminar sin intentar esbozar unas ideas acerca del papel que juega en nuestra sociedad occidental el cristianismo, así como la utilización que diversas instituciones y grupos de poder hacen de él.
¿Quién fue Jesús? ¿Quién pudo ser ese tal "Yavé salva"? Porque eso mismo significa el nombre Jesús. Imagínense en el siglo uno de nuestra era: un judío que se hace llamar "Yavé salva" afirma ser el hijo de Dios vivo, que el reino de Dios está próximo (no más de cien años a partir de su prédica) y que terminarán en la gehenna aquéllos que no sigan sus preceptos. Tales preceptos, trufados de incoherencias y absurdos, consisten en amar a Dios y al semejante aunque sea tu enemigo, compartir los escasos bienes que se posean, y si no se poseen mejor, y cumplir la ley mosaica letra por letra a pesar de que por otra parte muchos de aquellos preceptos estén totalmente equivocados para Jesús y por eso ya no sean de obligado cumplimiento.
¿Fue Jesús Dios mismo encarnado en un hombre? ¿Afirmaremos mejor que posiblemente fue una persona iluminada, de las que tantas hubo en aquellos tiempos pero no llegaron a la posteridad, a la cual se le añadió todo un ropaje de leyenda por sus discípulos para ensalzar su personalidad? ¿O seremos tajantes y diremos que Jesús nunca existió más allá de las mentes que idearon su historia sagrada?... En estas tres preguntas quedan reflejadas las teorías de las distintas corrientes de pensamiento acerca de Jesús.