Página principal | Envíenos un correo | Firme el libro de visitas | Vea el libro de visitas

El cristianismo en nuestros días

"Sobre los dioses no puedo tener la certeza de que existen ni de que no existen ni tampoco de cómo son en su forma externa. Ya que son muchos los factores que me lo impiden: la imprecisión del asunto así como la brevedad de la vida humana." (Protágoras de Abdera, 490 a.C-421)

En la sociedad occidental, y más concretamente en la española, todos estamos acostumbrados a convivir con el cristianismo. Hoy en dia la mayoría de la gente se autocalifica como cristiana y en España, además, se añade el calificativo de católico. Lo más llamativo es que, si bien todos se apuntan a la tradición de ser cristiano, cuando a estas mismas personas se les pregunta si han leído los evangelios canónicos, vemos absortos que muy pocos son los que reconocen haber leído algún versículo. Todo lo que ellos saben acerca de su propia religión lo han conocido a través de la Catequesis y el Catecismo católico, además de la escuela y la propia familia. Por tanto, podemos decir sin temor a equivocarnos que el conocimiento que tiene la mayoría de los españoles que se autocalifican cristianos y católicos es bastante pobre.

Vivimos en una sociedad que tiene sus raíces en la tradición. Nuestro país, España, constitucionalmente es un estado aconfesional. Esto quiere decir que el Estado no tiene ninguna religión, pero aún así ello no es obstáculo para que se le den ciertos privilegios a la religión que es predominante en la sociedad española. En el punto tres del artículo dieciséis de la Constitución española leemos lo siguiente:

"Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones."

Vemos que en este artículo se habla de España como un país aconfesional, pero tenemos un rey católico. El jefe mayor del Estado, es católico, lo cual no es ningún delito, pero lo que sí que es algo incorrecto es que haga gala ostensiblemente de su religión en sus diversas actuaciones públicas. Su cometido es el representar a todos los españoles, los cuales pueden ser católicos, de otra religión o ateos. Al mostrarse sin ningún tipo de tapujo como practicante católico mientras ejerce su papel de representante español, incurre en la violación del artículo que hemos visto, puesto que el Estado es aconfesional. Lo correcto sería que fuera católico en su vida privada, pero no de cara al público en tanto que representa a todos los españoles. Nuestro rey cada veinticuatro de diciembre da por televisión un discurso con motivo de la conmemoración del nacimiento de Jesús. Y en ese discurso se habla de la situación del Estado Español y de los problemas de los españoles... ¿Realmente se permitiría esto en un estado verdaderamente aconfesional? Evidentemente no. Se subordina un Estado entero a una fecha concreta de una religión de las que tantas hay en el mundo, porque el que ejerce el cargo de rey en España es católico.

También se atenta contra la aconfesionalidad del estado Español cada vez que un nuevo político jura su cargo ante la constitución. Y ello es así porque tristemente esta ceremonia está presidida por un enorme crucifijo del que pende Jesús. Parece ser que la presencia de este símbolo hace que los políticos no mientan en su juramento ya que la divinidad es testigo de sus promesas. Nosotros no comprendemos qué pinta semejante crucifijo en un acto de un país aconfesional como el nuestro. No tiene ningún sentido. Incluso podría ocurrir la ironía de que el político en cuestión que jurara delante del crucifijo fuera por ejemplo budista o incluso ateo... Todo esto son imposiciones teocráticas y antidemocráticas que arrastramos debido a que mantenemos una institución caduca y trasnochada como la monarquía. No hay nada más antidemocrático que la monarquía, palabra que significa literalmente poder de uno solo. Esta institución fue impuesta por una dictadura de extrema derecha y ultracatólica, y fue aceptada porque todo el mundo debía ceder algo en la transición española. Quizás no estemos preparados todavía para abrir un debate sobre la necesidad de semejante institución, pero ya llegará el tiempo en que desaparezca, y con ella todos esos rastros de teocracia impuesta que violan la aconfesionalidad de nuestro estado.

El artículo que hemos visto anteriormente termina diciendo que el Estado español tendrá en cuenta las creencias religiosas del pueblo español y mantendrá las relaciones necesarias con la Iglesia Católica y las demás confesiones. Que el Estado español mantiene las relaciones necesarias con la Iglesia Católica nadie lo duda. Pero es que estas relaciones pasan de ser las necesarias a ser abusivas. La Iglesia en España se financia de dos maneras: a través del impuesto del IRPF en la declaración a Hacienda, donde cualquier español puede destinar parte de su dinero a la Iglesia Católica. Pero además de este camino totalmente honesto, la Iglesia Católica utiliza otro fruto de los acuerdos de la Santa Sede y el Estado Español del 3 de enero de 1979. Por estos acuerdos, el Estado español cada año debe completar lo recaudado por la Iglesia Católica con el impuesto del IRPF hasta los ciento treinta millones de euros. Es decir, que con el dinero de todos los españoles, católicos o no católicos la Iglesia se financia. Así que crea usted o no en Dios y en la Iglesia Católica, su dinero inexorablemente dará sustento a las personas que mantienen tales ideas y que además viven de ellas por unos acuerdos que tienen más de treinta años de antigüedad. Se puede dar el caso que siendo evangélico por ejemplo un español esté obligado a financiar a la Iglesia Católica apóstata, mientras que el Estado español no subvenciona de ninguna manera a las iglesias evangélicas. Además, en la declaración de la renta no hay casillas para las diferentes confesiones, y por tanto los que practican esas religiones no pueden destinar ni un euro a sostener sus religiones. Como vemos, otra vez se viola el artículo de la Constitución española, puesto que si bien se colabora mucho con la Iglesia Católica, con las demás confesiones no se colabora nada en absoluto.

Diversos son los argumentos esgrimidos a favor de este tremendo favoritismo a la Iglesia Católica. Por ejemplo se nos dice que la Iglesia Católica tiene que mantener un patrimonio inmenso, que es en realidad patrimonio de todos. Esto nos parece correcto, porque el Estado debe velar por la conservación de sus monumentos. También se nos dice que la Iglesia Católica lleva a cabo una ingente labor social. En este aspecto no estamos totalmente deacuerdo. La labor social que lleva a cabo la Iglesia Católica en el Tercer Mundo y en las sociedades más desfavorecidas va estrechamente unida a la premisa de la evangelización. A estas gentes se les ayuda, pero se les evangeliza al mismo tiempo, hasta tal punto que nosotros sospechamos que si no pudieran evangelizar estas ayudas sociales no serían llevadas a cabo. De todos modos, nosotros pensamos que la financiación de estas actividades debería hacerse exclusivamente a través de los fieles, puesto que las ONGs no reciben ayuda alguna del Estado, aunque cumplen la misma función que la Iglesia en este campo, y además muchas de ellas no evangelizan. Por último, también se nos dice que la Iglesia Católica es equiparable a los partidos políticos o a los sindicatos, los cuales reciben ayudas del Estado, y como ellos cumplen una labor social. Esto es más que discutible, puesto que la función social de la Iglesia Católica es difundir la creencia en una divinidad, en un objeto de fe, algo no material e invisible, algo que entra en la esfera de lo privado. Y desde este punto de vista sería lógico financiar a todas las creencias de las personas por muy absurdas que sean.

Una cuestión peliaguda es la de la enseñanza de la religión Católica en las escuelas españolas. Las plazas de profesores en España son adjudicadas mediante el procedimiento de concurso oposición. Pero la Conferencia Episcopal elige a sus propios profesores para que impartan la asignatura de Religión Católica. Por supuesto, es el Estado español el que paga el sueldo de estos profesores y no la Conferencia Episcopal. Luego, es discutible la existencia de una asignatura de Religión Católica como tal. ¿Qué necesidad hay de que se impartan clases de Religión Católica en las escuelas españolas cuando existen Iglesias donde los fieles se congregan y aprenden acerca de su religión? En cambio, no hay clases de evangelismo, budismo, islamismo... La situación es desconcertantemente antidemocrática, y es que la Iglesia Católica no se caracteriza por ser precisamente democrática.

En la recientemente nacida Constitución europea se ha considerado erróneo hacer alusión al cristianismo como base del continente. Esto ha molestado especialmente a los católicos que presionaban para que esto no fuera así. Pero es que sería injusto que se declarara a Europa como genuinamente cristiana, cuando en España, por ejemplo, los musulmanes estuvieron ocho siglos asentados y prestándonos su cultura. Además Europa se está abriendo hacia Oriente, y la incorporación de países como Turquía, musulmán, e Israel, judío, dejarían en entredicho ese carácter cristiano genuino.

En el aspecto político la hipocresía es evidente. Pero también lo es en el aspecto civil. Según una encuesta del CIS sólo el 18,5% de los españoles va a misa con regularidad, cuando uno de los mandamientos más importantes es santificar las fiestas. Además la mayoría de los matrimonios se celebran por el rito católico. Se ha convertido en una necesidad el casarse de blanco, a pesar de que la novia no tenga ya presente que ese blanco simboliza la virginidad... Desde luego pocas novias se casan vírgenes. Cuando se casan se comprometen a educar a sus hijos en la fe cristiana, pero esto es realmente difícil cuando estas personas reconocen que ni siquiera tienen una Biblia en casa. Y lo más sangrante es el nivel de divorcios que se están dando en España. Las cifras son escalofriantes y demuestran que la gente recurre al matrimonio católico sin ser conscientes de lo que significa, y sólo para dar gusto a sus familiares y amigos.

La fiesta más importante de los cristianos, la Navidad, se ha convertido en un esperpento consumista del primer mundo que pervierte la esencia misma del cristianismo. Aunque suene fuerte, seguro que si Jesús volviera a la Tierra se horrorizaría de lo que ha desencadenado con su nacimiento. Tendría que entrar de nuevo "haciendo de cuerdas un azote", como ya hizo en el templo de Jerusalén, para echar de las grandes superficies comerciales a aquellos presuntos cristianos que en fechas tan señaladas vuelcan su espíritu navideño en quemar la tarjeta de crédito...

Podríamos seguir comentando el borreguismo que está dominando en todos los sacramentos católicos, pero creo que todos somos conscientes de que, al menos para la mayoría de la sociedad española, el ser cristiano es más una herencia que un modo de vida.


Página principal | Envíenos un correo | Firmar el Libro de visitas | Ver nuevo libro de visitas | Ver libro de visitas antiguo 1