EUCALIPTO Y PINO
En el último tiempo, se
ha estado desarrollando en los diferentes medios de comunicación nacional
una campaña orientada a valorar los bosques en nuestro país.
Esta campaña denominada “Bosques para Chile”, patrocinada
por la CORMA (Corporación de la Madera), si bien a primera vista puede
ser muy loable, contiene errores conceptuales graves y que es necesario aclarar
pues pueden llevar al público a hacerse una idea errada de lo que son
los bosques nativos en nuestro país y cuáles son las medidas
más adecuadas para su conservación. Creemos que como Sociedad
de Botánica de Chile, tenemos el deber de mostrar a la opinión
pública cuáles son estos errores y cuáles serían
desde nuestra perspectiva, las medidas necesarias para asegurar la existencia
de los bosques nativos en nuestro país.
En esta campaña se pretende convencer al público que no existen
diferencias entre los bosques nativos y las plantaciones de pino (pino monterrey)
y que en la medida que se planten más pinos, se estará contribuyendo
a que en nuestro país hayan más bosques.
En primer lugar, es necesario establecer una clara diferencia entre un bosque
nativo y una plantación de pino. Un bosque nativo es un ecosistema
complejo cuyas especies componentes son más que un conjunto de árboles,
como es el caso de las plantaciones de pinos. Existe una diversidad de plantas:
epífitas, hierbas, musgos helechos, arbustos y árboles, las
cuáles sostienen a su vez a bacterias, hongos y animales invertebrados
y vertebrados. Los bosques nativos poseen además una larga y particular
historia de interacciones entre las especies que la componen y su entorno
abiótico. Todo lo anterior determina que cada tipo de bosque nativo
sea único y por lo tanto no constituya un recurso natural renovable.
En efecto, luego que un bosque nativo es cortado, se pierden irremediablemente
las sutiles interacciones que establecían las especies originales como
así los innumerables servicios ecosistémicos que éste
prestaba por ejemplo, protección de cursos de agua, regulación
del clima, purificación de agua y aire. La madera que produce un bosque
puede ser un recurso renovable pero no el bosque en su conjunto, el cual ciertamente
es bastante más que la madera que contienen sus árboles.
Una plantación de pino en tanto, si bien posee árboles como
forma de crecimiento dominante, definitivamente no constituye un bosque por
cuanto carece de la complejidad biológica de estos últimos y
lo que es más importante su curso histórico esta completamente
determinado por los fines productivos que los humanos les imponemos. Es posible
que las plantaciones de pinos sean colonizadas por especies de plantas nativas
arbustivas las cuales pueden formar un sotobosque estructuralmente complejo
el que a su vez permite la colonización de animales como por ejemplo
aves y mamíferos nativos. Sin embargo, ésta complejidad es eliminada
tarde o temprano por las prácticas de raleo periódico que se
realizan en las plantaciones, o bien por la corta definitiva de todos los
árboles de la plantación. Ciertamente, las plantaciones de pinos
no pueden sustentar ni asegurar la diversidad biológica existente en
una región ni proveer los servicios ecosistémicos fundamentales
en el mediano y largo plazo.
Un incremento en las plantaciones de pino como se sugiere en la campaña
“Bosques para Chile”, no favorece a los bosques nativos de nuestro
país. Primero, porque el crecimiento de las plantaciones de pinos se
ha hecho tradicionalmente a expensas del bosque nativo y no existen evidencias
que esta práctica vaya a cambiar en el futuro cercano. En la VII Región
por ejemplo, más del 18% del bosque nativo original de la cordillera
de la costa ha sido sustituido por plantaciones durante el período
1978-1987 (Lara & Veblen 1993), proceso que actualmente está ocurriendo
también en la VIII y IX Región. En segundo lugar, un incremento
en las plantaciones pueden determinar que el pino monterrey “escape”
hacia los bosques nativos remanentes. Se sabe que los individuos de pino monterrey
alcanzan una edad reproductiva a los 5 años de edad (Richardson &
Bond 1992) y que el período de rotación ocurre a los 25 años
de edad (Lara & Veblen 1993). Así, los árboles pueden estar
produciendo semillas durante aproximadamente 20 años, muchas de las
cuales llegan a través del viento a los bosques nativos. O sea, existen
en el país casi dos millones de hectáreas de plantaciones que
actúan como fuentes de semillas todos los años con el potencial
para colonizar y modificar extensas áreas de bosques nativos. Este
punto que a nuestro juicio es extraordinariamente grave, ha tenido poca difusión
pública.
En otras regiones del mundo se ha documentado que el pino monterrey posee
una extraordinaria capacidad invasiva. En países como por ejemplo,
Sudáfrica y Australia, esta especie ha colonizado exitosamente los
ecosistemas nativos, ha modificado significativamente los paisajes y ha afectado
dramáticamente procesos ecológicos hasta el punto de transformar
regiones completas. Así, las plantaciones de pino no son entidades
estáticas en el paisaje, sino que más bien interactúan
activamente con los bosques nativos de nuestro país pudiendo incluso
modificarlos. Para nuestro país, si bien se sabe bastante menos del
potencial invasivo del pino monterrey, algunas evidencias de estudios preliminares
actualmente en curso, sugieren que este proceso invasivo también estaría
ocurriendo. Este proceso se acelerará en la medida que las plantaciones
crezcan más y se acerquen a los bosques nativos remanentes, particularmente
los ubicados en las áreas silvestres protegidas.
En resumen, la campaña “Bosques para Chile” se ha construido
sobre dos falacias: a) el bosque nativo es igual a una plantación de
pino y b) al plantar pinos contribuimos a mejorar los bosques de nuestro país.
Si en nuestro país se quisiera mejorar los bosques nativos, creemos
que existen otras formas de hacerlo:
a) detener la sustitución de bosques nativos por plantaciones de pinos.
Esta es la medida más urgente que se debe realizar pues la sustitución
es un proceso prácticamente irreversible. Con esto no estamos diciendo
que no se planten más pinos ya que estamos conscientes que la madera
es un recurso necesario para nuestras vidas. De hecho, existen miles de hectáreas
de terrenos ya degradados que podrían servir para establecer plantaciones,
con efectos ecológicos mínimos. Un adecuado y racional uso de
la tierra podría permitir la coexistencia de bosques nativos y plantaciones
de pinos en una región.
b) establecer un efectivo plan de preservación en aquellos bosques
primarios que aún persisten. Esto puede ser particularmente importante
en las Regiones IX y X , en las que aún quedan extensas zonas de bosque
primario. Esta tarea puede ser llevada a cabo tanto por el Estado como por
instituciones privadas (empresas forestales, Organizaciones No Gubernamentales).
c) iniciar planes de restauración de zonas boscosas perturbadas o deforestadas,
con el objetivo de recuperar en alguna medida estos bosques. En este punto,
las empresas forestales podrían tener un rol muy importante ya que
muchos remanentes de estos bosques nativos de alto valor biológico
forman parte del patrimonio de estas empresas y podrían formar parte
de una red de áreas protegidas privadas. También podrían
servir como modelos de explotación de madera de especies nativas utilizando
criterios ecológicos.
d) Mejorar los planes de manejo que exige CONAF a los propietarios forestales
para explotar los bosques nativos y plantaciones introducidas (por ejemplo,
suprimir definitivamente la tala rasa y el floreo).
e) promover un recambio energético para el sur de Chile. En la X Región
la principal energía utilizada en casas y servicios públicos
es la madera proveniente de los bosques nativos. Alrededor del 50% del bosque
nativo cortado en Chile es utilizado como fuente de energía.
f) considerar todos los anteriores puntos en la formulación de la Ley
de Fomento y Recuperación del Bosque Nativo, que lleva casi diez años
en discusión en el Parlamento.
Consideramos que el futuro del bosque nativo es un tema que interesa a todo
Chile. Si queremos conversar acerca de su futuro, debemos en primer lugar
informarnos adecuadamente y decir la verdad, en un debate en que todos los
actores involucrados tienen algo que decir. Debemos también educar
al público entregándole la información de manera veraz,
sin engaños ni tergiversaciones. Sólo así podremos planear
la conservación de este valioso patrimonio biológico en el largo
plazo. De cómo hayamos procedido en la hora actual, seremos juzgados
por las próximas generaciones.
Declaración
Pública de la Sociedad de Botánica de Chile