Cuidados.

Salud y bienestar

No padece el San Bernardo ninguna enfermedad específica aparte de su inclinación hacia las dolencias propias de todos los molosos: la torsión gástrica y la displasia de cadera. No obstante, Roy Robinson afirma haber detectado en esta raza incidencia de la parálisis de stockard, que afecta a las extremidades posteriores y es el resultado de la pérdida de función de las neuronas que emergen de la médula espinal en la región lumbar.
Una raza de gran tamaño como el San Bernardo precisa una ingesta voluminosa para saciarse y quedar bien alimentado, por lo que se debe dividir esa comida en dos partes que se le ofrecerán con un intervalo mínimo de diez horas. En caso contrario, se expone al animal a sufrir una torsión gástrica. Esta dolencia está relacionada con una distensión aguda del estómago y su torsión por el eje del mismo, girando como mínimo 180 grados. Esto supone una seria amenaza para la vida del animal.

Alojamiento en el hogar

Cuando el San Bernardo vive en un piso, considera toda la casa suya y, a menos que se le someta a una rigurosa disciplina, ocumpará a sus anchas por todas las habitaciones, husmeará por todos los rincones y se subirá a dormir a los sofás. El San Bernardo, cuando ha entrado en una casa, toma enseguida posesión de la misma. Por ello, es conveniente que se le impongan determinadas limitaciones y dejarlas claras desde el primer día. De no ser así, la vida en común puede llegar a resultar molesta.
Para determinar estas limitaciones, se deben tener en consideración cuales son las necesidades del perro. Aunque le gusta dormitar por todas partes, especialmente en aquellos lugares en los que se encuentre el dueño, lo más apropiado es destinarle a este menester un rincón abrigado en un cuarto trastero bien ventilado. Allí dispondrá de una alfombra fácil de sacudir. Si se prefiere un cojín o colchón de lana, deberá estar forrado con una tela fuerte de tipo lona que, además de facilitar su limpieza, ayudará a mantener brillante el pelo del perro. Periódicamente será preciso desparasitar esta vasija, pues entre sus fibras anidan las larvas de pulgas, piojos y ácaros. Será difícil convencer al cachorro de que debe quedarse en ese rincón, cuando dispone de camas y sillones más confortables por toda la casa. Por tanto, la educación será severa e inflexible al tiempo que paciente.
Si se dispone de jardín, éste será el lugar idóneo para el San Bernardo. Allí se podrá instalar una perrera para encerrarle las veces que se considere que no es oportuno que esté suelto por toda la parcela. La perrera será un recinto suficientemente amplio en el que el perro pueda moverse y hacer ejercicio, y se situará en una parte del jardín soleada, al abrigo de corriente de aire y de la humedad. En términos generales, es aconsejable instalarla en un lugar elevado y seco.

Estéticos.

Estos perros precisan tiempo para las indispensables operaciones de limpieza y el control de la eventual aparición de enfermedades. Resulta, por tanto, evidente que el propietario de un San Bernardo debe dedicar determinada atención a su animal.
El manto debe cepillarse una vez por semana y siempre a la vuelta de un paseo por el campo, para eliminar las hierbas secas, espigas y restos de zarzas que puedan haber quedado prendidos en su pelo.
Las orejas, por su parte, pueden ser una fuente continua de contrariedades si el comportamiento es negligente. La acumulación de suciedad favorece la aparición de ácaros y la introducción de avena produce otitis.
Los ojos se deben limpiar con una gasa empapada en manzanilla, agua hervida o agua bórica, siempre con suavidad y desde dentro afuera. El perro no llora, por lo que si se advierte un lagrimeo constante, es signo de infección, una posible conjuntivitis o una obstrucción de los orificios lacrimales.
Las caries no aparecen en los perros hasta edad avanzada, pero el cuidado de la dentadura evitará la formación de depósitos de sarro, origen de estomatitis, gingivitis y mal aliento. A pesar de todos los cuidados dispensados, pueden aparecer depósitos de sarro gris amarillento que terminarán por levantar la encía y ocasionar una gingivitis con hemorragia e infección. Para evitar esta desagradable situación, es conveniente permitirle roer un hueso esponjoso o una manzana, que limpiarán su dentadura.

 


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