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El teatro invadido por el bullicio, el público curioso y los actores detrás de sus mascaras son sólo ecos vagabundos en las abandonadas tablas. La última obra sobre el escenario ha concluido, el telón bajó como una guillotina y dio fin al espectáculo de colores y siluetas inquietas.
Las luces duermen apagadas, sumergidas en un sueño eterno.
En medio de la soledad y la quietud, los fantasmas que habitan en los pilares abandonan sus moradas y el gran salón va siendo invadido por rumores y risillas apagadas en la oscuridad silenciosa de la noche. Así empieza una nueva fiesta, el estreno de otro espectáculo.
Cuando todo parece acabado, ese será el comienzo. Tal vez de algo maravilloso, de algo nunca visto.
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