DE LA BREVEDAD ENGAÑOSA DE LA VIDA
Menos solicitó
veloz saeta
destinada señal,
que mordió aguda;
agonal carro por
la arena muda
no coronó con más
silencio meta,
que presurosa
corre, que secreta,
a su fin nuestra
edad. A quien lo duda,
fiera que sea de
razón desnuda,
cada Sol repetido
es un cometa.
¿Confiésalo
Cartago, y tú lo ignoras?
Peligro corres,
Licio, si porfías
en seguir sombras
y abrazar engaños.
Mal te perdonarán
a ti las horas;
las horas que
limando están los días,
los días que
royendo están los años.
1623
Luis de Góngora
El tema del soneto
petrarquista de Góngora viene de Dante, de la “Divina Comedia”,
Purgatorio, verso 54, canto 33:
“Il
vivere e un correre alla morte.”
Pues la vida se percibe como una carrera que va a dar en la
muerte.
Casi todas las imágenes del poema pertenecen al barroco delirante.
Por
eso no se trata de lapso del tiempo sino de su correr, personificación
encontrada en palabras como:
“veloz”, “corre”, “presurosa”.Hay además la
metáfora del vivir como carrera en “agonal carro”.
La velocidad del tiempo, “veloz saeta”,
deja de ser relacionada sólo a la brevedad de la vida, pues la visión
trágica toma proporciones macrocósmicas:
“cada Sol repetido es un
cometa.”
El movimiento del poema es rápido, hay
encabalgamiento.
El hablante lírico que es el poeta quiere
fijar la atención del lector en la idea de la muerte,
por eso emplea la censura en versos como:
“a su fin nuestra edad. A quien
lo duda,”
“Arena” es otra metáfora para las
vicisitudines de la vida. El adjetivo “muda” sirve para reforzar la idea de la
impotencia de toda empresa humana. “Arena “ es elemento de la vanidad de lo terrenal,
su símbolo es muy frecuente en toda literatura barroca.
La fatalidad, “destinada señal”, el fin de
esta vida, se sugiere por varias medidas del tiempo como “horas”, que se repite
dos veces junto con “días” y también por “años”.
He aquí la irreversibilidad de la vida:
“que presurosa corre, que
secreta
a su fin nuestra edad.”
Hay verbos de la destrucción y ruina como
“limar”, “roer”: “las horas que limando están los días”,
“los días que royendo están los años”.
Góngora emplea con éxito la agudeza en
versos como:
“¿Confiésalo Cartago, y tú lo
ignoras?
Peligro corres, Licio, si
porfías
en seguir sombras y abrazar engaños.”
donde usa también las alusiones
mitológicas.
Se puede deducir asimismo una influencia
latina en el soneto de Góngora, la del adagio “Memento Mori”
que en siglo XII llegó a ser el saludo de los
monjes de la órden de Trappe, en Francia.
Si en la Antigüedad se vendían pequeños
cráneos de madera o de marfil para recordar a los ascetas que son mortales, en
el Renacimiento éstos se volvieron en verdaderas obras de arte y que llevaban
siempre la incrustación
“Memento Mori”.
El tono melancólico, el propósito didáctico
y moral del poema, llevan al lector a un sentimiento de futilidad de la vida
muy propio de toda poesía barroca.
Ese tipo de poesía influyó mucho en la
poesía moderna de Miguel de Unamuno y Federico García Lorca.
©1993 Elena Malec.Todos derechos reservados.
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