TÉCNICAS BIOCLIMÁTICAS EN LA VIVIENDA
Ubicación
Forma y orientación
Captación solar pasiva
Aislamiento y masa térmica
Ventilación
Aprovechamiento climático del
suelo
Espacios tapón
Protección contra la
radiación de verano
Sistemas evaporativos de
refrigeración
Ubicación
La ubicación determina las condiciones climáticas con las que la vivienda tiene que
"relacionarse". Podemos hablar de condiciones macroclimáticas y
microclimáticas.
Las condiciones macroclimáticas son consecuencia de la pertenencia a una latitud y
región determinada. Los datos más importantes que las definen son:
- Las temperaturas medias, máximas y mínimas
- La pluviometría
- La radiación solar incidente
- La dirección del viento dominante y su velocidad media
Las condiciones microclimáticas son consecuencia de la existencia de accidentes
geográficos locales que pueden modificar las anteriores condiciones de forma
significativa. Podemos tener en cuenta:
- La pendiente del terreno, por cuanto determina una orientación predominante de
la vivienda
- La existencia cercana de elevaciones, por cuanto pueden influir como barrera
frente al viento o frente a la radiación solar
- La existencia de masas de agua cercanas, que reducen las variaciones bruscas de
temperatura e incrementan la humedad ambiente
- La existencia de masas boscosas cercanas
- La existencia de edificios
La elección de la ubicación de la vivienda, si ello es posible, es una decisión muy
importante en el proceso de diseño bioclimático, si acaso tan importante como el diseño
de la vivienda en sí misma. Además de seleccionar la ubicación más adecuada, debemos
tener en cuenta que siempre es posible actuar sobre el entorno (añadiendo o quitando
vegetación o agua, por ejemplo), para modificar las condiciones microclimáticas. Es lo
que llamamos corrección del entorno.
Forma y orientación
La forma de la casa influye sobre:
- La superficie de contacto entre la vivienda y el exterior, lo cual influye en las
pérdidas o ganancias caloríficas. Normalmente se desea un buen aislamiento, para lo
cual, además de utilizar los materiales adecuados, la superficie de contacto tiene que
ser lo más pequeña posible. Para un determinado volumen interior, una forma compacta
(como el cubo), sin entrantes ni salientes, es la que determina la superficie de contacto
más pequeña. La existencia de patios, alas, etc. incrementan esta superficie.
- La resistencia frente al viento. La altura, por ejemplo, es determinante: una
casa alta siempre ofrece mayor resistencia que una casa baja. Esto es bueno en verano,
puesto que incrementa la ventilación, pero malo en invierno, puesto que incrementa las
infiltraciones. La forma del tejado y la existencia de salientes diversos, por ejemplo,
también influye en conseguir una casa más o menos "aerodinámica". Teniendo en
cuenta las direcciones de los vientos predominantes, tanto en invierno como en verano es
posible llegar a una situación de compromiso que disminuya las infiltraciones en invierno
e incremente la ventilación en verano.
- La captación solar (explicaremos esto un poco más en la orientación)
La orientación de la casa influye sobre:
- La captación solar. Normalmente interesa captar cuanta más energía mejor
porque es nuestra fuente de climatización en invierno (en verano utilizaremos
sombreamientos y otras técnicas para evitar la radiación). En las latitudes en que nos
encontramos, conviene orientar siempre nuestra superficie de captación (acristalado)
hacia el sur. La forma ideal es una casa compacta y alargada, es decir, de planta
rectangular, cuyo lado mayor va de este a oeste, y en el cual se encontrarán la mayor
parte de los dispositivos de captación (fachada sur), y cuyo lado menor va de norte a
sur. Hay que reducir la existencia de ventanas en las fachadas norte, este y oeste, puesto
que no son muy útiles para la captación solar en invierno (aunque pueden serlo para
ventilación e iluminación) y, sin embargo, se producen muchas pérdidas de calor a su
través.
- La influencia de los vientos dominantes sobre la ventilación y las
infiltraciones
Captación solar pasiva
La energía solar es la fuente principal de energía de climatización en una vivienda
bioclimática. Su captación se realiza aprovechando el propio diseño de la vivienda, y
sin necesidad de utilizar sistemas mecánicos. La captación hace uso del llamado efecto
invernadero, según el cual la radiación penetra a través de vidrio, calentando los
materiales dispuestos detrás suyo; el vidrio no deja escapar la radiación infrarroja
emitida por estos materiales, por lo que queda confinada entonces en el recinto interior.
Los materiales, calentados por la energía solar, guardan este calor y lo liberan,
posteriormente, atendiendo a un retardo que depende de su inercia térmica. Para un mayor
rendimiento, es aconsejable disponer de sistemas de aislamiento móviles (persianas,
contraventanas, etc.) que se puedan cerrar por la noche para evitar pérdidas de calor por
conducción y convección a través del vidrio.
Los sistemas de captación pueden ser definidos por dos parámetros: rendimiento, o
fracción de energía realmente aprovechada respecto a la que incide, y retardo, o tiempo
que transcurre entre que la energía es almacenada y liberada. Hay varios tipos de
sistemas:
- Sistemas directos
. El sol penetra directamente a través del acristalamiento al
interior del recinto. Es importante prever la existencia de masas térmicas de
acumulación de calor en los lugares (suelo, paredes) donde incide la radiación. Son los
sistemas de mayor rendimiento y de menor retardo.
- Sistemas semidirectos
. Utilizan un adosado o invernadero como espacio intermedio
entre el exterior y el interior. La energía acumulada en este espacio intermedio se hace
pasar a voluntad al interior a través de un cerramiento móvil. El espacio intermedio
puede utilizarse también, a ciertas horas del día, como espacio habitable. El
rendimiento de este sistema es menor que el anterior, mientras que su retardo es mayor.
- Sistemas indirectos
. La captación la realiza directamente un elemento de
almacenamiento dispuesto inmediatamente detrás del cristal (a unos pocos centímetros).
El interior de la vivienda se encuentra anexo al mismo. El calor almacenado pasa al
interior por conducción, convección y radiación. El elemento de almacenamiento puede
ser un paramento de material de alta capacidad calorífica, bidones de agua, lecho de
piedras, etc., y puede ser una de las paredes de la habitación, el techo, o el suelo. Un
caso particular es el llamado muro trombe, en el cual, además, se abren unos registros
ajustables en la parte superior y en la inferior para que se cree una transferencia de
calor por conducción a voluntad. El rendimiento de estos sistemas es también menor que
el del sistema directo, y presentan unos retardos muy grandes.
En el diseño de estos sistemas es importante considerar:
- La existencia de suficiente masa térmica para la acumulación del calor dispuesta en
las zonas de incidencia de radiación
- La existencia de cerramientos móviles para aislamiento
- La orientación, obstáculos y sombreamientos de los espacios de captación, de tal
manera que se maximice la captación de energía en invierno y se minimice la de verano.
Repetimos de nuevo que lo óptimo es la orientación al sur de los sistemas de captación,
o con una desviación de hasta 30º
Aislamiento y masa térmica
La masa térmica provoca un desfase entre los aportes de calor y el incremento de la
temperatura (ver Capacidad calorífica e inercia térmica). Funciona a distintos niveles.
En ciclo diario, durante el invierno, la masa térmica estratégicamente colocada
almacena el calor solar durante el día para liberarlo por la noche, y durante el verano,
realiza la misma función, sólo que el calor que almacena durante el día es el de la
casa (manteniéndola, por tanto, fresca), y lo libera por la noche, evacuándose mediante
la ventilación. En ciclo interdiario, la masa térmica es capaz de mantener
determinadas condiciones térmicas durante algunos días una vez que estas han cesado: por
ejemplo, es capaz de guardar el calor de días soleados de invierno durante algunos días
nublados venideros. En ciclo anual, se guarda el calor del verano para el invierno
y el fresco del invierno para el verano (sólo una ingente masa térmica como el suelo es
capaz de realizar algo así).
La vivienda con elevada masa térmica se comporta manteniendo una temperatura sin
variaciones bruscas, relativamente estable frente a las condiciones externas. El objetivo
es conseguir que, mediante un buen diseño bioclimático, esta temperatura sea agradable.
La masa térmica elevada no es aconsejable en viviendas ocasionales (viviendas de fin de
semana, por ejemplo), cuyas condiciones de temperatura son irrelevantes excepto en los
momentos en que se ocupan, momentos en los que se requiere calentarlas o enfriarlas
rápidamente. Y rapidez y masa térmica están reñidas, por el desfase del que
hablábamos anteriormente.
En general, materiales de construcción pesados pueden actuar como una eficaz masa
térmica: los muros, suelos o techos gruesos, de piedra, hormigón o ladrillo, son buenos
en este sentido. Colocados estratégicamente para recibir la radiación solar tras un
cristal, funcionan fundamentalmente en ciclo diario, pero repartidos adecuadamente por
toda la casa, funcionan en ciclo interdiario. Si la casa está enterrada o semienterrada,
la masa térmica del suelo ayudará también a la amortiguación de oscilaciones
térmicas, en un ciclo largo.
El aislamiento térmico dificulta el paso de calor por conducción del interior al
exterior de la vivienda y viceversa. Por ello es eficaz tanto en invierno como en verano.
Una forma de conseguirlo es utilizar recubrimientos de materiales muy aislantes, como
espumas y plásticos. No conviene exagerar con este tipo de aislamiento, puesto que existe
otra importante causa de pérdida de calor: las infiltraciones. De nada serviría tener
una casa "superaislada" si no se ha cuidado este otro factor. De todas maneras,
aunque se quieran reducir al máximo las infiltraciones, siempre es necesario un mínimo
de ventilación por cuestiones higiénicas, lo que supone un mínimo de pérdidas
caloríficas a tener en cuenta. Para hacer eficaz el aislamiento, también es necesario
reducir al máximo los puentes térmicos. Ver Pérdida de calor en viviendas (invierno).
En cuanto a la colocación del aislamiento, lo ideal es hacerlo por fuera de la masa
térmica, es decir, como recubrimiento exterior de los muros, techos y suelos, de tal
manera que la masa térmica actúe como acumulador eficaz en el interior, y bien aislado
del exterior.
También es importante aislar los acristalamientos. Durante el día actúan eficazmente
en la captación de la radiación solar para obtener luz y calor, pero por las noches se
convierten en sumideros de calor hacia el exterior por conducción y convección (no por
radiación, pues el cristal es opaco al infrarrojo). Un doble acristalado reduce las
pérdidas de calor, aunque también reduce algo la transparencia frente a la radiación
solar durante el día. De cualquier manera, nada tan eficaz como aislamientos móviles
(contraventanas, persianas, paneles, cortinas) que se echen durante la noche y se quiten
durante el día. En verano, estos elementos pueden impedir durante el día la penetración
de la radiación solar.
Ventilación
En una vivienda bioclimática, la ventilación es importante, y tiene varios usos:
- Renovación del aire
, para mantener las condiciones higiénicas. Un mínimo de
ventilación es siempre necesario.
- Incrementar el confort térmico en verano
, puesto que el movimiento del aire acelera
la disipación de calor del cuerpo humano
- Climatización
. El aire en movimiento puede llevarse el calor acumulado en muros,
techos y suelos por el fenómeno de convección. Para ello, la temperatura del aire debe
ser lo más baja posible. Esto es útil especialmente en las noches de verano, cuando el
aire es más fresco.
- Infiltraciones
. Es el nombre que se le da a la ventilación no deseada. En invierno,
pueden suponer una importante pérdida de calor. Es necesario reducirlas al mínimo.
Consideramos diferentes formas de ventilar:
- Ventilación natural
. Es la que tiene lugar cuando el viento crea corrientes de aire
en la casa, al abrir las ventanas. Para que la ventilación sea lo más eficaz posible,
las ventanas deben colocarse en fachadas opuestas, sin obstáculos entre ellas, y en
fachadas que sean transversales a la dirección de los vientos dominantes. En días
calurosos de verano, es eficaz ventilar durante la noche y cerrar durante el día.
- Ventilación convectiva
. Es la que tiene lugar cuando el aire caliente asciende,
siendo reemplazado por aire más frío. Durante el día, en una vivienda bioclimática, se
pueden crear corrientes de aire aunque no haya viento provocando aperturas en las partes
altas de la casa, por donde pueda salir el aire caliente. Si en estas partes altas se
coloca algún dispositivo que caliente el aire de forma adicional mediante radiación
solar (chimenea solar), el aire saldrá aún con más fuerza. Es importante prever de
donde provendrá el aire de sustitución y a qué ritmo debe ventilarse. Una ventilación
convectiva que introduzca como aire renovado aire caliente del exterior será poco eficaz.
Por eso, el aire de renovación puede provenir, por ejemplo, de un patio fresco, de un
sótano, o de tubos enterrados en el suelo. Nunca se debe ventilar a un ritmo demasiado
rápido, que consuma el aire fresco de renovación y anule la capacidad que tienen los
dispositivos anteriores de refrescar el aire. En este caso es necesario frenar el ritmo de
renovación o incluso detenerlo, esperando a la noche para ventilar de forma natural.
- Ventilación convectiva en desván
. Un porcentaje importante de pérdidas de calor
en invierno y ganancias de calor en verano ocurre a través del tejado de la vivienda.
Disponer de un espacio tapón entre el último piso de la vivienda y el tejado (un
desván) reducirá de forma importante esta transferencia de calor (ver discusión sobre
el desván en ). En verano, se puede hacer que el desván esté autoventilado por
convección. Es normal que este lugar se convierta en un horno donde el aire alcance una
temperatura mayor que el aire exterior; si se abren registros en su parte alta y en su
parte baja, es posible dejar escapar este aire caliente, que será renovado por aire
exterior. En invierno, estos registros deben estar cerrados. Es importante diseñar el
desván para que esta corriente de aire no sea obstruida.
- Pérdidas por ventilación en invierno
. Ya dijimos que, siempre, debemos reducir al
mínimo las pérdidas de calor por infiltraciones. Estas serán importantes especialmente
en los días ventosos. Sin embargo, un mínimo de ventilación es necesaria para la
higiene de la vivienda, especialmente en ciertos espacios. En la cocina, por ejemplo, es
necesaria una salida de humos para la cocina, o para el calentador de gas, o registros de
seguridad para la instalación de gas, o ventilar para eliminar los olores de la cocina.
En el baño también es necesario ventilar por los malos olores. La pérdida de calor se
verifica porque el aire viciado que sale es caliente, y el puro que entra es frío.
Ciertas estrategias pueden servir para disminuir estas pérdidas, como colocar los
espacios necesitados de ventilación en la periferia de la casa, o tener la mayor parte de
la instalación de gas en el exterior, o disponer de un electroventilador para forzar la
ventilación sólo cuando sea necesario, etc.
- Fachada ventilada
. En ella existe una delgada cámara de aire abierta en ambos
extremos, separada del exterior por una lámina de material. Cuando el sol calienta la
lámina exterior, esta calienta a su vez el aire del interior, provocando un movimiento
convectivo ascendente que ventila la fachada previniendo un calentamiento excesivo. En
invierno, esta cámara de aire, aunque abierta, también ayuda en el aislamiento térmico
del edificio.
Aprovechamiento climático del suelo
La elevada inercia térmica del suelo provoca que las oscilaciones térmicas del
exterior se amortigüen cada vez más según la profundidad. A una determinada
profundidad, la temperatura permanece constante (es por eso que el aire del interior de
las cuevas permanece a una temperatura casi constante e independiente de la temperatura
exterior). La temperatura del suelo suele ser tal que es menor que la temperatura exterior
en verano, y mayor que la exterior en invierno, con lo que siempre se agradece su
influencia. Además de la inercia térmica, una capa de tierra puede actuar como aislante
adicional.
Las cuevas siempre fueron utilizadas como protección frente a las inclemencias del
tiempo; los sótanos han sido conocidos siempre por su frescor del verano, pero las dos
grandes desventajas del enterramiento, la ausencia de luz y la alta humedad relativa, han
hecho que cualquier idea de habitar bajo suelo sea infravalorada. Sin embargo, nuevos
diseños pretenden aprovechar los efectos climáticos del suelo sin suponer una merma de
iluminación y controlando la humedad.
Una idea interesante puede ser que ciertas fachadas de la casa estén enterradas o
semienterradas. Por ejemplo, si se construye la casa en una pendiente orientada al sur, se
puede construir de tal manera que la fachada norte esté parcialmente enterrada, o
enterrarla totalmente e incluso echar una capa de tierra sobre el techo (que será plano).
La luz entrará por la fachada sur y, si fuera necesario, se pueden abrir claraboyas para
la iluminación de las habitaciones más interiores.
A mí personalmente me gusta la idea de enterrar parte de la fachada norte, pero no en
su totalidad, de tal manera que se puedan abrir algunas ventanas para permitir la
ventilación cruzada norte - sur en verano. Tampoco me gusta la idea de echar una capa de
tierra sobre el tejado, lo que supone reforzar la estructura de la casa para aguantar este
peso, además de que prefiero que el techo no sea plano.
Para aprovechar la temperatura del suelo, se pueden enterrar tubos de aire (cuanto más
profundos mejor), de tal manera que este aire acaba teniendo la temperatura del suelo. Se
puede introducir en la casa bombeándolo con ventiladores o por convección.
Espacios
tapón
Son espacios adosados a la vivienda, de baja utilización, que térmicamente actúan de
aislantes o "tapones" entre la vivienda y el exterior. El confort térmico en
estos espacios no está asegurado, puesto que, al no formar parte de la vivienda
propiamente dicha (el recubrimiento aislante no los incluirá), no disfrutarán de las
técnicas adecuadas de climatización, pero como son de baja utilización, tampoco importa
mucho. Pueden ser espacios tapón el garaje, el invernadero, el desván... Este último es
importante que exista. La colocación adecuada de estos espacios puede acarrear beneficios
climáticos para la vivienda.
- El garaje
. No importa mucho que en el garaje haga frío o haga calor, a menos que se
disponga de un pequeño taller muy frecuentado en el mismo. En este caso, debido a la
mayor actividad física por los trabajos propios del taller, no importará que haga algo
más frío que en el resto de la casa en invierno, pero sí importará el calor. Cada uno
debe evaluar para qué va a utilizar este espacio. Para aprovechar su aislamiento, se
puede colocar en la fachada norte (más fría en invierno), o en la fachada oeste (donde
el sol del atardecer de verano castiga de forma especial).
- El desván
. La tentación de tener un espacio abuhardillado donde estudiar, dormir,
etc. es muy fuerte. Yo conozco un caso en el que, al aprovechar el desván de una casa
típica de pueblo como segundo piso, el dueño se vio obligado a instalar aire
acondicionado cuando hasta entonces no lo había necesitado. Por eso, yo aconsejo que la
buhardilla sea un espacio de baja ocupación (trastero, observatorio, etc.) sin
aislamiento (el aislamiento deberá colocarse bajo el suelo de la misma), que funcione
como espacio tapón. Habrá unos registros de ventilación en la parte alta y en la parte
baja. En invierno los registros estarán cerrados, y la buhardilla disminuirá de forma
importante las pérdidas de calor a través del techo. En verano, los registros se
abrirán para que la convección forzada (ver Ventilación) refresque este espacio,
evitando que se convierta en un horno y protegiendo al resto de la casa del calor del
tejado.
Protección contra la radiación de
verano
Es evidente que en verano hay que reducir las ganancias caloríficas al mínimo.
Ciertas técnicas utilizadas para el invierno (aislamiento, espacios tapón) contribuyen
con igual eficacia para el verano. Otras técnicas, como la ventilación, ayudan casi
exclusivamente en verano. Sin embargo, los sistemas de captación solar pasiva, tan
útiles en invierno, son ahora perjudiciales, por cuanto es necesario impedir la
penetración de la radiación solar, en vez de captarla.
Afortunadamente, en verano el sol está mas alto que en invierno (ver Trayectoria
solar), lo cual dificulta su penetración en las cristaleras orientadas al sur. La
utilización de un alero o tejadillo sobre la cristalera dificulta aún más la
penetración de la radiación directa, afectando poco a la penetración invernal. También
el propio comportamiento del vidrio nos beneficia, porque con ángulos de incidencia de la
radiación más oblicuos, el coeficiente de transmisión es menor. A pesar de estos
beneficios, contamos con tres inconvenientes:
- El solsticio de verano (21 de junio) no coincide exactamente con los días más
calurosos del verano (segunda quincena de julio y primera de agosto). Esto significa que,
cuando llega el calor fuerte, el sol ya está algo más bajo en el cielo y puede penetrar
mejor por la cristalera sur.
- El día tiene mayor duración (hay más horas de sol) y los días son más despejados
que en el invierno
- Aunque evitemos la llegada de la radiación directa, hay que considerar también la
radiación difusa y reflejada, lo que puede suponer ganancias caloríficas apreciables
(ver Radiación directa, difusa y reflejada).
Para hacerse una idea, hemos estimado que la radiación recibida por una fachada sur en
Cáceres es de 2,43 Kwh/m2 en enero y de 4,56 Kwh/m2 en agosto, por
término medio. Esto significa que necesitamos dispositivos de sombreamiento que impidan a
esta radiación llegar hasta nuestra cristalera. Algunos de estos dispositivos son:
- Alero fijo, con unas dimensiones adecuadas que impidan algo la penetración solar en
verano y no estorben mucho en invierno. Para hacerse una idea, un tejadillo situado a 0,5
m por encima de la cristalera, y con 1,3 m de anchura, en Cáceres, si la cristalera tiene
2 m de alto, hace que la radiación solar incidente sea de 2,24 Kwh/m2 en enero
(8% menor que sin alero) y de 2,71 Kwh/m2 en agosto (41% menor), en promedio.
- Toldos y otros dispositivos externos, cuya ventaja es que son ajustables a las
condiciones requeridas.
- Alero con vegetación de hoja caduca. Debe ser más largo que el alero fijo y con un
enrejado que deje penetrar la luz. Tiene la ventaja de que las hojas se caen en invierno,
dejando pasar la luz a través del enrejado, mientras que en verano las hojas lo hace
opaco. El ciclo vital de las plantas de hoja caduca coincide mejor con el verano real que
con el solsticio de verano, con lo que no tenemos el inconveniente que comentábamos con
el alero fijo.
- Persianas exteriores. Las persianas enrollables sirven perfectamente para interceptar la
radiación.
- Contraventanas. Son más efectivas, pero quizá bloquean demasiado la luz
- Árboles. Podemos utilizar varias estrategias. Por una parte, cualquier tipo de árbol,
colocado cerca de la zona sur de la fachada, refrescará el ambiente por
evapotranspiración. Por otra parte, podemos buscar que el árbol sombree la fachada sur e
incluso parte del tejado, si es suficientemente alto, pero debemos evitar que su sombra
nos afecte en invierno. Para conseguirlo, si el árbol es suficientemente alto y está
suficientemente cerca, en invierno, al estar el sol más bajo, la única sombra que se
proyectará sobre la fachada sur será la del tronco, mientras que en verano, será la
sombra de la copa del árbol la que se proyecte sobre la fachada sur y parte del tejado.
Por otra parte, un árbol de hoja caduca nos da mayor flexibilidad en cuanto a su
posición relativa respecto de la casa, porque en invierno nunca podrá proyectar la
sombra de una copa maciza.
Algunas de las técnicas anteriores son válidas en general para proteger también
muros, y no sólo cristaleras, aunque quizá las mejores técnicas en este caso sean el
disponer plantas trepadoras sobre los muros y el utilizar colores poco absorbentes de la
luz solar (colores claros, especialmente el blanco). Los espacios tapón también protegen
eficazmente (desván, garage).
Las fachadas este (al amanecer) y oeste (al atardecer), así como la cubierta (durante
todo el día), también están expuestas a una radiación intensa en verano. Se procurará
que en estas zonas haya pocas aberturas (ventanas y claraboyas), o que sean pequeñas,
puesto que no tienen utilidad para ganancia solar invernal, aunque se las puede necesitar
para ventilación o iluminación. Si hay que proteger el muro, se pueden utilizar las
técnicas comentadas anteriormente.
Sistemas evaporativos de refrigeración
La evaporación de agua refresca el ambiente (ver Calor de vaporización). Si
utilizamos la energía solar para evaporar agua, paradójicamente estaremos utilizando el
calor para refrigerar. Hay que tener en cuenta que la vegetación, durante el día,
transpira agua, refrescando también el ambiente. Varias ideas son practicables. En un
patio, una fuente refrescará esta zona que, a su vez, puede refrescar las estancias
colindantes. El efecto será mejor si hay vegetación. La existencia de vegetación y/o
pequeños estanques alrededor de la casa, especialmente en la fachada sur, mejorará
también el ambiente en verano. Sin embargo hay que considerar dos cosas: por una parte,
un exceso de vegetación puede crear un exceso de humedad que, combinado con el calor,
disminuirá la sensación de confort, por otra, en invierno habrá también algo más de
humedad. De cualquier manera, en climas calurosos, suele ser conveniente casi siempre el
uso de esta técnica.
El riego esporádico alrededor de la casa, o la pulverización de agua sobre fachadas y
tejado, también refrescará la casa y el ambiente.