Autora:
(célebre
escritora rioplatense)



Su obra:
En el silencio de la noche
tu voz me llega,
eco desesperado
de pasión y quimeras...
En la oscuridad de la noche
tu imagen me llega,
luz cegadora en las
noches de espera...
En la paz de la noche
tu cuerpo me llega,
ansioso y voraz
como un pueblo en guerra...
Sólo en las noches
a mi lado llegas,
virtual e intangible,
hasta mi alma en pena...
En el silencio de la noche
tu voz me llega,
eco desesperado
de pasión y quimeras...
En la oscuridad de la noche
tu imagen me llega,
luz cegadora en las
noches de espera...
En la paz de la noche
tu cuerpo me llega,
ansioso y voraz
como un pueblo en guerra...
Sólo en las noches
a mi lado llegas,
virtual e intangible,
hasta mi alma en pena...
***
Que agonía lenta invadía mi alma.
Que tristeza infinita había nacido en
mis entrañas.
Cuantas noches llenas de ausencia.
Y cuanta ausencia llena de nada.
Más ya no sufría, Ni lloraba,
Ni amaba. No era nada.
Insensible al amor, a los sueños, y al
mañana.
Sobrevivía. Muñeca de cartón,
Títere del destino
Cuyos hilos otro guiaba.
Comodidad de muñeca manipuleada.
Y de pronto abres la puerta de mi
vida,
La atropellas, la sacudes, la invades;
Rompes la coraza.
El velo que me cubre.
Y encuentras la pasión y el delirio
el amor, las caricias y el beso.
Todo. Todo lo que me quedaba.
***
Atravieso un campo desierto.
Hundiéndome en la tarde.
Rodeada de soledad.
Acompañada por el viento
que me empuja al infinito.
El silencio es total.
Casi, casi, escucho caer la tarde.
Parecería que solo esto es el mundo,
y así el mundo es mío.
Voy hacia la nada y para nada.
Camino y cuanto más camino,
más me hundo en la tierra
De los pensamientos e ilusiones
lejanas...
Se que a algún lugar llegaré.
A una gran ciudad
- Otro desierto lleno de gente -
Tal vez a la muerte.
***
Te encontré en la esquina de mis
sueños,
a punto de doblar hacia el olvido.
Tenías las manos trémulas de pasión
adormecida,
y los ojos como pájaros volando al
infinito.
"Piedra libre" me dijiste,
dejándome al descubierto de mi propia
soledad,
invitándome a jugar junto al aljibe de
los recuerdos.
Sentí que tu ternura me abrazaba
y entonces me permití el regocijo y la
locura
antes de seguir mi camino interminable
hacia la nada.
Y volé, no, más bien volamos juntos
buscando panacea para tu tristeza y la
mía.
La encontramos en nuestras bocas,
audaces y resecas,
en el abrazo y el olvido fugaz de
otros besos,
en las caricias suaves, en aquel
abismo profundo
al que te dejaste caer, derramándote
en estrellas.
Explotó el arco iris para regalarme
tus colores
y mi voz, como un trueno, grabó tu
nombre en la eternidad.
Te fuiste. Tormenta del cuerpo,
angustia del alma.
Yo seguí mi camino hacia la nada,
en la búsqueda desesperada por
encontrar la paz.