Cuando la soledad aprieta

 

 

Hay momentos en que es tanta la soledad que se nubla la mente.

Y vienen los recuerdos débiles de una felicidad ya muy lejana.

La imaginación se echa a volar hacia un horizonte sin límites.

Llegando a lugares donde ningún ser mortal ha llegado antes.

Se conocen personas que jamás se han visto.

Pero se tiene la certeza de que algún día sucederá.

Surge la esperanza dándole pié a las ganas de vivir.

El corazón late con más fuerza, solo por esa esperanza.

Es tan preciada que nos aferramos a ella, sin siquiera ver rostros.

Con solo percibir alguna fragancia, o escuchar alguna tenue voz.

Mientras esto sucede, muere el día dando paso a la noche.

La luna aparece para seguir alimentando aquella visión.

Todo es inundado por una extraña magia, que no se sabe de donde viene.

Pero que sabemos que es de alguien muy superior a nosotros, muy alto.

Nos alberga un sentimiento de pequeñez ante tanta grandeza.

Extasis infinito que  dura tan poco tiempo, solo una vida.

A la vez que no lo percibimos del todo, por lo egoístas que somos.

La naturaleza nos recuerda nuestra condición de mortal.

Por el pasar del tiempo que no perdona, que si no fuera por él.

Seguro encontraríamos a ese alguien tan especial  que buscamos.

Pero ese es el juego de la vida, y el rodar de esa gran rueda llena de

ironía.

Que cuando estamos apunto de alcanzar todo aquello, tenemos que partir.

Para no volver jamás

 

 

CORAZÓN SOLITARIO

 

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