VICTOR PUERTODAN
DEL POEMARIO INÉDITO:
“ DE ALAS TIEMPO Y ASFALTO “
IMPACTO DE CRISTAL Y ESPEJO SOBRE EL ASFALTO
INTENCIONES DE CIUDAD GRAVA FUGA SIGLO XX
METAMORFOSIS DEL ALA TIEMPOS LIQUIDOS
LAPIZ SOBRE EL CIRCULO DEL TIEMPO INVENTARIO
La
voz se ennoblece ante el discurso
y
los silencios matan una cita en el asfalto
Barbaridad
del verbo
que
en silencio gesticula las frases aprendidas.
Profilaxis
para no caer en brazos de la ternura
para
no hundir la frente y descolgar los hilos de la unión.
La
voz se cae
miente
ante su tumba
sueña
con respiros y gargantas
con
unciones del milagro.
La
voz se endurece en el noble suspiro
bosteza
sus olores a mundo
y
parte el labio con la tenaza de una mentira.
Se
ha roto
el
cristal donde el asfalto ejercita su niebla
su
poderío de azabaches.
Se
ha roto
en
pedazos difíciles de armar
en
partes que se liberan agradeciendo el gemido de las alas.
Explosión
de luz
rayos
que en la oscuridad vencen el tiempo
caen
y mortifican la quietud
en
los opacos confines de la Gravedad.
Anochecido
el artilugio ya se piensa en rescatar la aurora
mientras
el impulso es lóbrego
y
reina la dificultad de ver los tintes en los espejos.
Asfalto
violado por la mano del iris
restauración
de las tinieblas que engordan una pared.
Al
Tiempo desfloran
y
nace
para
todos
el
viaje de los azules en la inmortal caída.
Mortal
cadencia esta de acelerar la imagen
y
frecuentar olvidos.
Orgía
perenne del color que atraviesa toda holgura
toda
intención de achicar el tiempo.
Cadencia
y cúmulo que invitan a probar vidas
porciones
del vientre donde se solicita la rendición del asfalto.
Alguien
disminuye su cansancio fabricando piedras en la almohada
Entre
los fusiles que cortan sueños.
Hacer
patente la realidad en una noche de fantasía
es
almorzar de pie frente a una estatua.
Alguien
disminuye la magia
almuerza
el bienestar ajeno
y
cree fecundar raíces
moles
en esta grave edad.
Así
y todo
en
el tono invisible alguien le asesta un golpe a la añoranza.
En
el asfalto se resume la espuma
como diurnos globos que explotan
y arman la rueda donde se mecen las humedades.
En el asfalto cabalga el siglo y en su ambición se colma
rastrea
la grandeza
el ámbar de lo no dispuesto
y vuela en la comunión de los que aman más allá de la penumbra.
Se fue corriendo de la ciudad bajo el arco
de una lluvia
podrido
embarcado en los pasos del asfalto.
Se fue
entre la grieta de un reloj dormido
a inmolar las simpatías de la Luna.
En el ámbar
donde se fabrican los rostros
aceleró las arrugas
Itinerario de la vejez que bebe del litro
de las edades.
Se fue
inmutable tablero de su sombra
a pastorear ratones entre la rabia de la hierba.
Se fue,
liberando los resortes del Tiempo.
Alegres caravanas de caras vanas.
Vanas caras que pasan la lengua
al árbol de las lejanías.
Se fue
estrechando los arcos de los ojos
los ribetes y todo el calvario de alas que
fumigaron la Cruz
por tantos dioses acomodados.
Ejercicio secreto de hilvanar las ruedas de cartón
el Glosario y las reventas de quien defeca
sobre un alfiler
donde un pingüino ebrio vomita los caminos.
Se fue
a la dulce mansión donde sopla
un viento a favor de lo Posible.
Ahora estás en otro molde
en una esquina frente al mar
sacudiendo los reclamos
la misma voz que caló en tu sien como una
esponja
como la punta del ala que se dilata y fluye
en una oración.
Ahora estás en la otra península del sueño
en la hirviente sanación de lo efímero.
Lo que te sirvió de huella ahora es una
sombra
que le sobra olvido.
Ahora estás en tu letargo mientras los tiempos
ensayan el discurso del fracaso - obviando claramente tus errores -
y sobre tus besos
se pule la descomunal ambición de recordarte.
A la vista aún el ala
tibia
asegurando su escaparate en la eternidad
el recodo que en casa ajena sobrevive.
Vertical vaga en su silencio
inédita
para olfatear el aplauso y la estrechez del
pecho
que te brinda este asfalto de las imágenes.
Ala recién llegada
casualidad que cobra vida cuando su
artesano
es el marchito tallo que reposa en su cajón
de víctima.
Arte sano en el olvido
mientras riega el ala
con las humedades de la pena.
Desconocido artesano que dejó el cáliz
para abrigar posibles en la muerte
para fecundar las alas sobre los días.
Exánime el pincel bálsamo de tus dolores
recordando el adiós
el funeral sin gritos y esas plumas
que se cubren de luces
para eternizar tu gesto
en el cantero donde siempre se estrenan
golondrinas.
Fragmento de gota que se instala en el
tiempo
y crece.
se vuelve sudor y polvo
se vuelve más líquido
menos palpable.
Más y menos y parecido resplandor
que en la cáscara se vuelve cotidiano.
Desliz de las defensas que no ejercen su
escudo
la trinchera donde hacemos fenecer el amor
y las historias.
Se filtra en el acordeón del alma
discurre y vuelve a crecer.
Ya es un todo
ya el tiempo es gota
fragmento que se bebe y que quiere
desviarse y no hay desvío
ni cauce
ni pantano para disolver el torrente.
Crece y ya es un todo
Tiempo indefenso que delira
y queda ahogado en el fragmento.
Los paraguas en huelga
mientras el tiempo crece y se gradúa de
gota perdida en el fragmento.
LÁPIZ
SOBRE EL CÍRCULO DEL TIEMPO
En este círculo
invento líneas
para desaparecer la
hormiga que me nace
y que anuncia su
miniatura en este salón de colores y sílabas.
Pequeño el paso ya no
preparo golondrinas,
ni sábados viajeros,
ni publicación al
borde de una esquina que me anuncia.
Frágil la huella no
se me ocurre empinar el codo,
ni demoler castillos
ni aun el arma de los inconformes.
Falto el equilibrio
cierro los ojos
para abrir otra pared,
otra continuación que
prepare mis rivales.
Falto el enemigo quemo
las banderas
y comienzo a fumar mi
muerte,
mi elevación hacia el
abismo, la cultura de otro polvo
o al menos la ilusión
de la existencia.
En la quietud
descorcho mi postura
y la paciencia es un
canto que no me aburre.
Sobre un ventanal
un gato piensa
seriamente en el abandono.
Dejo en el
asfalto el engranaje de las porciones
que han llenado las arcas de mi vida.
Dejo
por ejemplo
la inmediatez
de mi voz que envejeció de golpe
sus cuerdas y la humedad saliente de cada reforma.
Dejo los deseos de vivir y la enorme traición
que golpeó en mi rostro como un espasmo.
Las cinco maneras de mentir y el uniforme de terrestre
que compré en un bazar sin sueños.
Dejo la almohada amarilla de mis últimas masturbaciones
mi esperma y el acordeón que llevo en mi cerebro
las anclas que envejecieron las aguas
ante de que sonaran las luces de un Puerto.
Dejo sobre este papel toda mi romántica idiotez
mi mala forma y la pipa del cardenal dormido
que colocó una lanza sobre mi frente.
Dejo el parque y los disturbios
y el recuerdo de una mujer
que disecó con su belleza las perlas de mi pecho.
Dejo el ademán
la intriga
el desorden y toda la herramienta capaz de un hueso generar.
Dejo
a pesar de los insultos
un corazón que lamer
dos lápices de carne
y una vuelta y media sin regreso.