Estirados
los ojos con crayón,
el
rostro maquillado de ilusiones,
un
gran bonete gris y mil canciones
y
una sonrisa grande de cartón.
El
payaso improvisa su función
entre risas, aplausos y ovaciones;
y
en una de las tantas actuaciones,
resbala
del columpio ¡sin perdón!
La
nariz fisurada, ¡ensangrentada!
y
un traje de arlequín ya suspendido,
¡y
toda la platea consternada!
El
payaso Piruetas que atrevido
osó
dejar al circo en su volada...
Puso
en escena ¡el acto más reñido!
Alí Al Haded
