ÓLEO MODERNO PARA UN MENDIGO VIEJO!
¡Óbolo a tus pies seductor del suelo!
Costado de un canino
que comprende la vaga oleada del
rincón.
Óbolo a tus pies trepador de muelles,
licencia de frecuentar ausencias
para explorar en la mano de la dádiva
y en el auxilio que a la conciencia
tranquiliza.
Óbolo sobre tus llagas
en la pérdida del camino blanco.
Eres mueca en la avenida
y en el callejón, aledaño al parque,
se revientan las paciencias de tu
estomago.
El Juicio viene a apalear y se demora
y ya casi es una rendición
tratar de blanquear las uñas.
Óbolo a tu marco a tu espacio
y al desenfreno de comer mendrugos
sobre las esferas de una noche que no
acaba.
Óbolo vistiendo el cartón de tu
reposo,
de tus tardes de domingo
añorando el gentío y la agonía.
Óbolo de mugre
cuando en tus tímpanos se cose
el estornudo de una ciudad que no te
vence.
La Arteria es un circular de platos,
Ojivas que amenazan con explotar la
quietud.
Pero es digno y mágico de hierbas
esa espera con que charlas
y aturdes a la pared donde sueñas
siempre.
Óbolo al callejón donde te escondes
y sacas a planchar la arruga que te
demarca el pecho.
Los paseos son puntas,
heridas de hombres que transitan
y vuelven a plagiar las caridades.
Los paseos puntas enormes
y cada vez más puntas.
Puntapié del que vestido de chaqueta y
nada
arde de ira por regañar tu espacio.
Calzada calzando ando.
Camino de la estancia
para lavarle a los pies sus desayunos.
Brecha del chaquetón que te mutila
y de la soberbia que orina tus
repudios.
para comprender las deficiencias de la
luna.
Es tu risa loca y blanca y óbolo y
olvido
para mitigar los citadinos atlas del
embrujo.
Es tu risa loca y blanca y óbolo y
olvido...