Marina Verónica Garritano
marinaburana@yahoo.com.ar

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1.

 

El tiempo es partir,

es andar a la deriva

en mares de paso,

mientras olas lejanas

aletean con verdades

que siempre desconocemos.

 

En mitad de estrelladas noche,

o en fauces de clamorosas tormentas,

un pequeño sismo de hombre

nada, reza y parte.

 

El tiempo se hace nimio,

se hace grande,

para que un hombre se ahogue,

en azules

de profundas plegarias

que se marchitan

entre escombros de ilusiones.

 

El tiempo no surge

ni despierta de designios,

ni combate, ni ensombrece.

 

El tiempo,

absurda idea,

crea religiones

 

y a medida que enumera

su estadía o partida,

siembra en cataclismos,

el miedo de hombres pequeños.  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

2.

Del otro lado

 

 

A veces pienso en mi

tierra ausente,

a veces le dedico

trocitos de tiempo

y veo cuán

hundido mi país

en la miseria

es olvidado por todos.

 

A veces me siento

y escribo

sobre sus llanuras

tácitas y sonrientes,

húmedas y terrosas;

o sobre

las montañas, cerros

y mesetas

que hablan en silencio.

O sobre las orillas;

Las orillas que

recogen las lágrimas

del pueblo que llora

en un mar bravo y

condescendiente.

 

A veces camino por

esta ciudad que no es la mía,

y nunca podrá serlo,

y contemplo cómo

las chinitas sueñan a

ser yanquis;

o cómo los magnates

festejan victorias

sucias, hundidos en 

bebidas destiladas.

 

A veces mi país

me acompaña,

con todos sus grises,

con todos sus cantos,

Pero nunca lo veo.

Mi país es un átomo

ausente, que no percibo

y que no existe según Berkeley;

Mas en mi corazón

bolla un a veces….

 

Mi país es una perla

Hermosa, escondida en

el sur de un continente

al que le robaron

las sonrisas y la virginidad

de tierra sola,

malgastando las riquezas

que a machetazos

y gruñidos

se arrancaban

en aborto altisonante.

 

A veces me siento a mirar

por las  ventanas de oriente

y del otro lado,

mi país,

se me aparece

en imágenes difusas,

en palabras difíciles.

 

A veces me duele

que (no)exista del otro lado,

esa tierra,

ese átomo,

que es mío;

esa superficie plateada y

sufriente.

 

A veces, muchas veces,

le dedico una  lágrima,

una sonrisa, un suspiro,

una poesía;

Y mi país no sé si me recuerda,

o me espera entre sus calles

de asfalto o de tierra;

quizá los faroles titilan

en señal de bienvenida

y no de desperfecto,

advirtiendo que del otro lado

estoy yo, o mis pensamientos,

pensando a ese país

quebradizo y débil.

 

A veces, pero a veces es poco,

escucho el ritmo de los pasos

de dos o más argentinos,

corriendo, resbalando, quejándose.

Escucho, nítidamente, cómo surcan

las baldosas rotas, los

charcos invisibles.

 

A veces, o casi siempre,

me parece oír

mi idioma, el idioma

rioplatense, auspiciado por un che

que se suspende solito

en lengua castellana.  

 

A veces, aunque en realidad,

 

Siempre,

 

me siento muy del sur,

de un sur que el mundo no conoce

y no está dispuesto a conocer.

Un sur que vibra, llora y ríe,

crea, estima y duele;

Un sur que ya de tantos a veces

suena en todas mis palabras

y se hace presente

todos los días

de esta vida,

de este lado del mundo;

 

Y en este a veces que me toca

hoy escribir, lo digo todo,

así..

como viene

y lo pienso sólo si las palabras

que ruedan y ruedan

me lo permiten.

Porque a veces no sé cómo

pensarlas;

sólo sé sentirlas

en uno, dos

o muchos más a veces. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

3.

Hong Kong

 

 

Pasan los barquitos

y hacen espuma;

olas tristes los siguen

hacia la isla del artificio.

 

Pesan las mercancías

que cosmopolitas y

coloridas hacen vibrar

la hora matutina

de los hombres-corbata

 

Los abismales edificios

frenan los rayos

del sol mañanero

que, desorientado, choca

contra los vidrios;

tímido,

apabullado choca.

 

Y van y vienen

los barcos,

y tocan bocinas,

escupen humo,

mientras nadie observa

los contrastes:

de falos de cristal,

enormes,

erguidos,

más grandes

que las escondidas montañas,

que los secundan,

atrás,

a sus espaldas.

 

Y en las noches

las chinitas y chinitos,

las noruegas y noruegos,

las yanquis y los yanquis

sacan fotos y sonríen.

 

Y de día pasean

en esos mismos barcos

que sacan espuma

en las primeras horas

que con su ir y venir

maquillan, dan forma y vida

a la isla poderosa.

 

Pasan los barquitos,

hacen espuma;

surcan las aguas de gigantes

y un pequeño niño,

en otros mares lejanos,

fabrica su barquito de papel

que la lluvia

junto al cordón de la vereda

arrastra y guía sin rumbo,

hasta perderlo

en alguna alcantarilla.

 

 

 

 

 

 

 

4.

 

Que la energía

pasional y única

de tu propio Dios

       te guíe

 

Que la fuerza

de parar golpes

sea tu amparo

 

Que tu esencia

no siga sistemas

más que los tuyos

 

Y, así, persista

en su inocencia

tu identidad

de eterno navegante

 

 

 

 

 

 


© Marina Verónica Garritano

 

 

 

 

Marina Verónica Garritano nació el 20 de marzo de 1986 en la ciudad de La Plata, Buenos Aires, Argentina. Se inició en la escritura a los 10 años con sus primeros poemas en español; a sus 14 años escribió su primer poema en inglés dedicado a su mamá y más tarde se desplazó hacia la prosa. Estudió Letras e Inglés en la Universidad Nacional de La Plata, pero luego de tres años abandonó los estudios para abocarse enteramente a la escritura. En el 2007 publicó su primer libro de cuentos “A Merlina”. Escribe poemas, cuentos, ensayos y novelas, tanto en español como en inglés.

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