PRIMERA ELEGÍA EN LA MUERTE DE VICENTE ALEIXANDRE I EN LA MUERTE Lo último que dijo fue esto: «La vida es un dolor» Ojos que vi tan llenos de dolor en el último día, cuando faltaba poco para morir, y desde el lecho él recordaba triste, lejos, muy lejos, y un poquito borroso, cuando con sus amigos, allá en su niñez, divirtiéndose mucho, inmortal aún la vida, iban al huerto, o al pinar, o al alto palpitar de la luz. Correr luego escondiéndose tras unos matorrales, un momento, por que no los llamasen desde la casa aún. «Un poco más, un poco más tan sólo. La última vez, y ya.» Y cuando le pusieron una corona como rey del mundo el día en que cumplía siete años de rey, siete de dueño de todo, el universo: el aire, el mar. Respiraba. Fatiga e imposibilidad. La vida, la corona, cartón pintado, alegre, luego el amor, la compañía honda, felicidad. Años sin duda, y todo fue un instante tan sólo: amarga pesadumbre real. Y ahora las lágrimas que no lloró jamás vinieron a sus ojos, resbalaban despacio por sus mejillas pálidas, humedecían la piel, la boca, y seguían bajando cuando estaba ya muerto. Las lágrimas duraban más que sus ojos tristes, más que su propio dolor.