Desvestido La noche, deseosa, apenumbrada, te quitó sin pensar las zapatillas... y –por sentirse blanca y alumbrada- desnudó blancamente tus rodillas. Luego –por diversión, sin decir nada- la noche se llevó tu blusa larga y te arrancó la falda ensimismada como una cosa tímida y amarga. Después te colocaste travesura: desnudaste tus pechos por ternura y –hablando de un amor vago, inconexo- Porque si y porque no, a medio reproche, desnudaste también, entre la noche, la noche pequeñita de tu sexo.