Nocturno de vida y muerte A veces - en la noche - extiende uno la mano y se la moja toda como si las estrellas cayeran hechas agua. Busca uno la luna con ojos asustados y solo encuentra el hueco donde una vez estuvo desnudamente blanca. Entonces - si uno acerca el oído a la sombra - oye largos quejidos como de niños muertos, como de dulces novias sangrando sin motivo, como de ángeles tímidos que estuvieran gimiendo. Si estira uno los ojos en medio de la noche, ve rostros desolados, manos encallecidas, brazos de arcilla seca, enfermos retorciéndose, gentes pobres aullando de abandono, injusticias rugiendo como grandes panteras... Y ve también lujosas residencias, y hombres millonarios durmiendo francamente, mujeres millonarias barajando los naipes, sacerdotes contando monedas egoístas, políticos sudando discursos de alegría, comerciantes soñando con chequeras, etcétera, como si todo fuera de miel sobre la tierra. Es entonces que a uno le sangran las pupilas, le protesta el amor como anciano colérico, y sueña con granadas y cristos vengadores, y ve ríos de guerra desbordarse de cólera, arrasar los palacios, despedazar monedas y arrancar de la tierra el hambre y la miseria con navajas, fusiles, cuchillos y esperanzas. Levanta uno los ojos viento arriba y no encuentra un estrella ni una luna ni nada...