15 Aunque hundamos puños la tristeza y cerremos con besos cada herida el amor nos rebosa en la cabeza como un agua fatal, enardecida. Escondidos detrás de las persianas, ocultos tras las cárceles del pecho, el amor nos golpea las ventanas lo mismo que si estamos en el lecho. El amor no termina ni en la nada. Nos lo entrega el descanso, nos lo entrega el trabajo y lo que anda y lo que rueda. Y aunque se nutre de mujer amada, con mujer o sin ella el amor llega, y si la mujer pasa el amor queda.