Un himno para el ojo Yo digo que si el alma tiene un sitio, ese sitio es el ojo. El Ojo que sustenta nuestra amor y nuestro gozo. El hombre mismo, el hombre todo fuego y asombro, no podría ser hombre, sin el ojo. La vida, el mar, el cielo, todo era un vago escombro, hasta que un día el ojo reunió todo lo vivo y lo acercó a los rostros. Toda la eternidad quedó justificada el día que lo más vivo de la vida se hizo pozo de asombros en el ojo.