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Ciudadano Pimentel (26/05/2002) §
El partido de Pimentel (25/03/2003) domingo, 26 de mayo 2002 Ciudadano Pimentel Por lo visto, Bellido había criticado los
'hiperliderazgos' políticos y pesaban sobre él acusaciones de 'deslealtad' al
PP por haber disentido de la opinión hegemónica en más de una ocasión. Razones
de más para la liquidación fulminante como dirigente local de un partido que
tiene en la alabanza continua al líder una de sus aficiones preferidas. En la
'Carta a Enrique Bellido' [1] que publicaron
varios periódicos, se lamenta Pimentel de que lo único que se tolere en el PP
sea «la repetición de los argumentarios oficiales matinales». «Pensar y tener
opinión parece peligroso; mucho más productivo es seguir fielmente las
consignas», asegura Pimentel: bien lo sabe él mismo, y por esa razón dimitió
poco tiempo antes de las elecciones generales del año 2000. Tras su etapa de
ministro del Gobierno Aznar, vio claro que debía mantenerse fiel a sus ideas
y no caer en la sumisión a la postura oficial del PP en materia de
inmigración para poder conservar el cargo. Desde aquella dimisión se dedica a
actividades privadas y sigue defendiendo una sonora disidencia respecto a la
política inmigratoria que Aznar está llevando a cabo en esta segunda
legislatura. Un año después de la aprobación de la actual Ley de Extranjería,
que supuestamente iba a solucionar todos los descontroles de la inmigración
de manera impecable, Pimentel seguía considerando en un artículo
la maniobra del Gobierno contra la efímera ley del 'efecto llamada', que
nunca llegó a aplicarse, un profundo error. La estrategia desarrollada por
sus antiguos compañeros consistente en asociar inmigrantes a conflictividad
ha sido calificada sin ninguna duda por el ex ministro de alentadora del
racismo en la población. Lo cierto es que el debate generado en torno a esta
cuestión ha estado colmado de mensajes lanzados desde las autoridades con
fines electoralistas que favorecen al Partido Popular. El culmen de este despropósito
intencionadamente provocado para crear problemas artificiales en torno a la
inmigración es la ristra de datos debidamente manipulados, o nulamente
interpretados, que aporta el Gobierno para explicar la pretendida relación
entre el mayor número de extranjeros y el problema de la delincuencia. Este
es un debate peligroso que además no aporta nada. Y si indeseable es la
'lepenización' del discurso de los partidos en relación con este tema,
bastante irresponsable es justificar un fracaso en la política de seguridad
ciudadana echándole la culpa al chivo
expiatorio de la inmigración, como dice Pimentel. No tenía fácil
Pimentel sobrevivir dignamente en el Gobierno [2] sin verse obligado a
olvidar su visión de la inmigración, limitándose a obedecer: a la manía que
parece que le tiene Aznar tras desafiarle con tan llamativa dimisión, se le
suma la imagen que tienen de él muchos en su partido de vendido a la
oposición y a la izquierda. El resultado final es que sus ideas
centristas y su talante conciliador ya no están presentes en la impronta que
el Partido Popular de la mayoría absoluta dejará en la política española. Que
políticos tan libres y tan consecuentes como Pimentel estén fuera de la
política activa es más que significativo. Recientemente incluso se permitía
expresar en una columna de prensa [3] qué opinión le
merece la labor de este Presidente de Gobierno que se afana en crear
crispación, alentar recelos y poner dificultades a la convivencia en relación
con cuestiones como el nacionalismo vasco, la inmigración o el desempleo. Lo
resume en una palabra: irresponsabilidad. [1] Publicado en los diarios del Grupo
Joly, 19 de mayo de 2002 Carta a Enrique
Bellido MANUEL PIMENTEL Te presentaste a un congreso y lo ganaste. Encabezaste
una candidatura, que algunos bautizaron despectivamente como la de los
catetos, y lograste más votos que tu competidora. Las urnas y los votos
hablaron, y su veredicto fue claro e inapelable: contra todo pronóstico
fuiste elegido presidente del PP de Córdoba. La bendita democracia es así;
las urnas deciden, y los demás debemos acatar su resultado. Durante tu presidencia habrás tenido aciertos y errores,
pero los estatutos del partido te conferían, a ti y a tu equipo, un periodo
de tres años para dirigir un proyecto que se suponía de centro reformista
para la provincia de Córdoba. No ha podido ser. Una decisión de dudosa
legalidad y pésimo estilo político, tomada por un órgano regional, ha
disuelto la junta electa y ha nombrado una gestora que conducirá el partido
hasta un nuevo congreso provincial. Supongo que lo estarás pasando mal. Estarás recibiendo
las muestras de cariño y apoyo de muchas personas, pero también sufrirás los
efectos de la campaña que han iniciado contra ti. Tratan de justificar un
golpe de mano antidemocrático y utilizarán todos los argumentos y medios a su
alcance. Leo con estupor que te acusan de deslealtad porque criticaste los
posibles efectos negativos de los hiperliderazgos políticos, y reflexionaste
en voz alta acerca de nuestra política vasca. Al parecer ésa es toda tu
responsabilidad. Quisiste pensar y opinar desde la lealtad, cuando, al
parecer, lo único que se tolera es la repetición de los argumentarios
oficiales matinales. Quiero que sepas que muchos opinamos igual que tú y que
nos sentimos profundamente apenados por el miserable trato que habéis
recibido. No os lo merecíais. Sólo cometiste un error. Creer en el juego de la
democracia, en el veredicto de los votos. Jugaste limpio, y dijiste lo que
pensabas. Tenías un proyecto, y ganaste unas elecciones. Demasiado para estos
momentos y estas circunstancias. Pensar y tener opinión parece peligroso;
mucho más productivo es seguir fielmente las consignas. Al final,
terminaremos pagando ese empobrecimiento de personas, ideas y libertad. No te vayas del partido. Sigue ahí, con tu ejemplo. Un
fuerte abrazo y mucha suerte. [2] Publicado en Diario de Sevilla, 18 de
Junio de 2002 No sé
qué hacer MANUEL
PIMENTEL Milito en el Partido Popular,
al que he dedicado, con errores y aciertos, muchos días de mi vida. Tengo que
agradecer su confianza al concederme importantes responsabilidades, tanto en
el ámbito interno como en el ámbito institucional. No sé si las ejercí con
acierto o error, pero me dejé el alma en su desempeño. Actualmente, y por decisión
propia, soy un simple militante de base. Sin embargo, supongo que en parte por mi propia
evolución y en parte por el endurecimiento de mi partido, cada vez me siento
más alejado de los postulados políticos que defiende su actual dirección, del
talante con el que plantea los asuntos, y de su forma interna de entender la
democracia. Compartiendo gran parte de los evidentes éxitos de
gestión del presente gobierno, he sufrido por tres de sus líneas políticas
básicas. Me pareció un error aquella campaña vasca basada subliminalmente en
la idea “PNV es igual a ETA”, ahora prolongada, con la ayuda del PSOE, por
una Ley de Partidos de más que dudosa eficacia. La campaña de identificación de los inmigrantes con la
delincuencia fue de una bajeza miserable, y el actual esfuerzo de asociar al
parado con el defraudador es injusto y desproporcionado, por más que
compartamos la necesidad de reformas. Si en la primera legislatura hicimos del diálogo una
herramienta positiva, ¿por qué buscamos ahora la permanente confrontación?
¿Quién gana con la crispación que voluntariamente generamos? He procurado no interferir en la vida interna del
partido, con la única excepción de una carta que escribí a Enrique Bellido
cuando fue cesado como presidente de Córdoba, por considerar que se trataba
de una manifiesta injusticia. La expulsión de afiliados de esa provincia
tampoco me mueve a la esperanza con la forma de entender la democracia
interna. Mantengo mi cariño por las muchas y buenas personas que
trabajan en el PP. La fidelidad de los años me impulsan a continuar
militando, mientras que mis convicciones me animan, sin embargo, a trabajar
por ideales y proyectos bien distintos, con talantes ahora olvidados. No soy, ni seré, socialista, ni tampoco trabajaré para ninguna corriente
crítica. Sencillamente, no sé qué hacer. 03
[3] Publicado en Diario de Sevilla, 30
de abril de 2002 Irresponsabilidad MANUEL PIMENTEL Dos amigos, que casualmente se encuentran,
toman un café. La conversación, fluida entre ellos, deriva hacia el presidente
de la comunidad de vecinos de uno de ellos. Mi presidente está cada día más
irresponsable. Se dedica a calentar y remover los bajos instintos de los
vecinos. Más que intentar arbitrar una convivencia serena, se dedica a azuzar
nuestras pasiones. ¿Qué hace tu presidente para que estés tan
indignado? Los del quinto, no están contentos con la
comunidad y quieren desgajarse de nosotros para constituir otra. La ley no se
lo permite, pero ellos insisten; no quieren seguir con nosotros. Nuestro
presidente no hace otra cosa que insultarlos e indisponer al vecindario
contra ellos. Al final la convivencia es imposible; nadie intenta aportar
sosiego. Los del quinto insisten en marcharse, y el resto de los vecinos ya
no les habla. Pues vaya, tenéis un problema. Peor es lo que pasa con los del tercero.
Son un matrimonio joven que procede del Líbano. Pagan puntualmente sus cuotas
y no dan ruido, pero nuestro presidente nos intoxica una y otra vez
sugiriendo que los inmigrantes suelen delinquir a las primeras de cambio, y
que no debemos fiarnos de ellos. Gracias a su cizaña, parte del vecindario
los mira con temeroso recelo. Tenéis otro problema. Pues para rematar, está el pobre del
segundo. Lleva casi un año en paro, y nuestro presidente no cesa de insinuar
que no deberíamos consentir vagos así en el inmueble, porque rebajan su
categoría. Repite una y otra vez que quien no trabaja es porque no quiere, y
que probablemente estará cobrando fraudulentamente el desempleo. Como es
normal, las murmuraciones ya han conseguido que el vecindario desprecie al
pobre vecino, al que consideran un defraudador. Pues la convivencia entre los vecinos irá
cada vez peor. Sí. Todos sospechamos de todos. Cuando este
presidente se vaya, dejará un vecindario mucho más crispado que el que cogió.
Ha sido un auténtico irresponsable. Yo pago los cafés. Y que no se entere tu
presidente, por favor. martes, 25 de marzo de 2003 El partido de Pimentel El liderazgo de Aznar ha construido a
su alrededor toda una maquinaria de la crispación. Incluso cuando los errores
cometidos son tan evidentes que se exigiría un mínimo de autocrítica, la
reacción al uso es atacar a todo discrepante, descalificar a los adversarios
políticos e insultar a los ciudadanos que protestan. Ahora que Manuel
Pimentel deja el partido al ver imposible que se corrija esta deriva
intransigente en el PP, debe de ser todo un elogio para él que desde los templos
del sectarismo lo ataquen con acusaciones de 'traición' y
'deslealtad'. Algunos expertos en no enterarse nunca de nada minusvaloran
ahora la figura de Pimentel, sobre todo en el PP andaluz, y poco les falta
para hacer vudú con el 'centrismo' que en su día ese partido tomó como
bandera: sólo están complacidos cuando se extrema la beligerancia contra
todos sus enemigos. Los lectores que normalmente se regocijan con el
resentimiento hacia la izquierda de, pongamos por caso, un Jiménez Losantos o
un Alonso de los Ríos, son quienes más celebrarán quitarse del medio a Pimentel.
La derecha española vive unos momentos difíciles en los que sólo esos
ideólogos de la 'pureza' de sus propias posiciones sectarias van a sacar
tajada. No permiten disensos o aventuras centristas. La moderación la dejan
para los pusilánimes. Todo el odio puesto sobre la mesa, porque sólo así
combatirán a sus fantasmas particulares. Esa es la consigna. Respecto a la postura sobre la guerra de Irak que ha
desencadenado el abandono de Pimentel, es cierto como él mismo asegura que
«no se trata de un desvarío de su presidente, se trata de toda una línea
estratégica de partido». El apoyo en contra de la legalidad internacional,
los bombardeos sin el aval de la ONU y, en fin, la injusticia manifiesta de
esta operación liderada por EEUU y con el Gobierno español de comparsa, son
los elementos de incomprensión muy graves que ahora tiene el PP con gran
parte de su electorado. El programa de gobierno con que ganaron la mayoría
absoluta no hablaba de este cambio de rumbo en la política exterior, aunque
ahora pretenda Aznar que con este papel internacional tan patético va a
«sacar a España del rincón de la Historia». Contra el europeísmo de muchos
ciudadanos que confiaban en el Gobierno para edificar una política común en
la UE, Aznar apuñala por la espalda cualquier posibilidad de consenso en la
Unión de la mano de los 'halcones' domésticos que han orientado esta nueva
estrategia proamericana del PP. Con el aliento de, por ejemplo, el analista Florentino
Portero o algunos ideólogos del Instituto Elcano como Rafael Bardají que
tanto escriben en la prensa afín,
para enterrar una visión europeísta de las relaciones exteriores con la
doctrina del apoyo incondicional a Washington hasta sus últimas
consecuencias. Se agradece conocer que este no es ya el partido de Pimentel. 04
Publicado en Diario de Sevilla, 23 de
marzo de 2003 Con tristeza, adiós MANUEL PIMENTEL Mañana lunes
firmaré mi carta de baja en el PP. No ha sido una decisión fácil para mí. He militado
en él durante muchos años, y gran parte de mis mejores amigos siguen
trabajando, día a día, en el seno de ese gran partido. A pesar de las
públicas discrepancias que he mantenido con la dirección que encarna Aznar,
siempre sentí que el PP era mi casa y pensé que vendrían tiempos mejores. Por
eso he seguido siendo afiliado popular de base, a pesar de los continuos
ataques que recibía de su cúpula nacional y regional. He escrito algunos
artículos criticando determinadas posturas de mi partido, y muchísimos otros
defendiéndolas, pero todo daba igual. El juego estaba claro: o se estaba al
cien por cien de acuerdo con lo que decía Aznar o se estaba contra él, y de
paso contra el PP y contra España. Así de sencillo. Así de empobrecedor. Y,
evidentemente, yo no cumplía esas reglas: no estaba de acuerdo con algunas de
las políticas de Aznar, a pesar de sentirme del PP y profundamente español. Los órganos
del PP han apoyado unánimemente esta guerra ilícita. Además de una
injusticia, supone un histórico error. Ya no se trata de un desvarío de su
presidente; se trata de toda una línea estratégica de partido. Las bombas que
caen en estos momentos han recibido su cómplice impulso. Y que no nos cuenten
eso de los bombardeos humanitarios, por favor. Todos estábamos completamente
de acuerdo en que el sanguinario dictador Sadam debía marcharse. En
bombardear sus ciudades sin apoyo de la ONU, no. No comparto ni comprendo esa
decisión y por eso, finalmente, me voy. Cuando en un desfile un soldado lleva
el paso cambiado, no puede pretender que todos los demás lo modifiquen. O se
adapta al mayoritario o se marcha. Yo me marcho. Los afiliados
y votantes del PP merecen todo el respeto. Es un gran partido democrático
compuesto por muchas y buenas personas, que ahora lo están pasando mal. Nadie
debe insultarlos ni agredir sus sedes. En eso tiene razón Aznar: no puede
presumir de pacifista aquel que tira piedras contra alguien. Pero idéntico
respeto merecen las personas que libremente deciden abandonarlo. Que tampoco
sean atacadas. No me pasaré a ningún otro partido. Seguiré
luchando por mis ideas desde la independencia. Quizá, si en el futuro naciera
un partido de centro que se esforzara en superar la crispación y división en
la que está cayendo nuestra sociedad, volvería a adoptar un nuevo compromiso.
La política siempre fue necesaria. Ahora, más que nunca. Enlaces a otros artículos de opinión:
“Inmigración:
algunas preguntas y respuestas” (El País, 9/3/2002) “Los
otros, los bárbaros” (El País, 2/9/2002) “Inmigración:
¿un problema?” (Abc, 11/2/2001) |