LA RUTINA DEL CAMINO
No importa que tan
largo sea el camino, cuando te levantas y puedes besar a la mujer que amas
porque los caminos de la piel son los únicos que pueden caminarse una y otra
vez y todavía no se acaban de descubrir ni de escribir; hay caminos
silenciosos, azules, de sabor a gelatina, hay tantos caminos como miradas
pueden darse en una tarde lluviosa mientras se toma café.
Tal vez por eso un
simple caminar rutinario se convierte en el comienzo de un sueño, por el cual
transitan los deseos, las tortas de chocolate, los besos, las caricias,
esperando que el día de hoy se acabe para que en medio de la noche el amor haga
a sus caminantes.