CASTILLOS MITOLÓGICOS



    EL CASTILLO DE LOS PRODIGIOS

    Un mago llamado Klingsor arrojó un maleficio sobre el Castillo de los Prodigios que consistía en que todos sus habitantes se convertían en esclavos suyos.
    Sir Galván sobrino del rey Arturo llegó a sus cercanías y vio asomadas a sus ventanas a unas quinientas doncellas con aspecto apenado. Entró en el castillo y le extrañó la falta de guardias. Empezó a recorrer las distintas salas y nadie le salió al paso. Llegó finalmente a una sala cuyo único mueble era una gran cama decorada con oro y marfil. Intentó sentarse en ella, pero la cama se retiró y no pudo hacerlo, lo intento de nuevo sin éxito y ya enojado empezó a perseguir al mueble hasta que dando un gran salto logró sentarse encima. Pero la cama siguió chocando contra las paredes durante un buen rato intentando derribarlo, hasta que se quedó inmovil.
    Enseguida empezaron a caer piedras disparadas con hondas, que gracias a su armadura, apenas hirieron a sir Galván. A continuación aparecieron unos arqueros mecánicos que empezaron a disparar dardos contra el caballero, lo que le produjo varias heridas. Después hubo de enfrentarse con un león y en un último esfuerzo consiguió vencerlo.
    La muerte del animal fue la última prueba y el maleficio quedo levantado. Empezaron a salir los habitantes del castillo y la reina y sus damas dieron la bienvenida a sir Galván y tras curar sus heridas, le enseñaron una gran sala que contenía grandes riquezas y en la que además había una columna donde podían verse representados con infinita perfección todas las tierras del reino y todos los seres que la habitaban. Mientras sir Galván contemplaba la maravillosa columna le explicaron que ahora él podía ser el dueño de todas aquellas tierras, con la condición de que no saliera nunca de sus territorios.
    sir Galván se sintió tentado ante tanta riqueza, pero finalmente fue fiel a su compromiso como caballero de la Tabla Redonda y prefirió volver a Camelot junto a su rey y sus compañeros.


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