Cuando los romanos se marcharon de Inglaterra el año 410 los pueblos sajones que eran paganos empezaron a invadirla.
Algunos jefes de tribu britanos intentaron resistir sin que surgiera ninguno que los uniera a todos. Hasta que Constantine, uno de los señores britanos, consiguió formar un reino cerca de Gales y resistir las invasiones. Constantine tenía tres hijos Constance, Aurelius y Uther. Al morir Constantine, su primogénito, Constance no consiguió coronarse rey porque Vortiger, un señor galés, lo asesinó y usurpó el trono.
La viuda de Constantine tuvo que huir con sus otros dos hijos y Vortiger se coronó rey.
Vortiger se convirtió en un rey menor y mandó llamar a mercenarios sajones para combatir a sus enemigos. Siguieron llegando cada vez mas y mas sajones y la marea invasora resultó imparable para Vortiger.
Intentó firmar la paz con ellos e invitó a uno de sus caudillo Hengist a un gran festín, en un fuerte situado en Stonehenge. Los caballeros britanos tomaron asiento ante la mesa, sin armas como se había acordado. Los sajones llevaban bajo sus ropas dagas escondidas y a una señal de Hengist en medio del banquete las sacaron y comenzaron a asesinar a los
caballeros britanos. Ninguno sobrevivió salvo Vortiger, que hubo de ceder mas tierras a Hengist, y huir a Gales.
Por si las complicaciones de Vortiger fueran pocas intentó construir una gran fortaleza para desde ella defenderse y tratar de ampliar su ya menguado reino (ver historia de el castillo y los dos dragones) y todo le salió mal.
Los dos hijos de Constantine que quedaban vivos, cuando fueron adultos volvieron, desembarcaron en Devon con setecientos navíos y Vortiger ya nada pudo hacer. Murió cuando asediaron su castillo.