LOS NIBELUNGOS
Había varias versiones de esta leyenda, y aunque la más conocida es
la germánica, había también versiones nórdicas en los cantos del Edda y en
los poemas mitológicos y épicos escandinavos.
Según la leyenda, los Nibelungos eran
una raza de enanos que vivían bajo
tierra y tenían un gran tesoro de oro.
La canción de los Nibelungos fue escrita por un autor alemán anónimo
alrededor del año 1200. Esta versión narra como Sigfrido les arrebató este
tesoro, que pasó a manos del rey de los burgundios, la posterior muerte
de Sigfrido y la venganza de su esposa Crimilda que se servirá de los
Hunos para llevarla a cabo.
Es un poema que tiene sus raíces en las tradiciones mitológicas germanas
incorporando elementos de la época feudal en la primera parte.
El tema fue tratado posteriormente por Hebbel y sobre todo por Wagner
que fue el que lo popularizó en su ópera.
Ver Sigfrido.
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NIXES
Los nixes en la mitología germana eran los hombres de las aguas (Wassermann). Cuando se mostraban a los hombres
era para hacerles algún mal.
Las nixes hembra era maravillosamente bellas pero sin corazón, pues les gustaba hacerse amar para luego ver como
sufría su amante.
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NJORD
Era Njord para los escandinavos y Nerthus (diosa femenina) para los alemanes.
El Njord escandinavo se casó con la giganta Skadi y con ella fue padre de Freyr. Pertenecía a la raza de los
dioses Vanes, pero tras la guerra entre estos y los Ases, fue entregado a los Ases en el intercambio de rehenes
que siguió al termino de la lucha, con lo que se fue a vivir a Asgard y terminó siendo tomado por uno de
los Ases.
Se creía que otorgaba riquezas, protegía la navegación y garantizaba los juramentos.
La Nerthus alemana era la tierra personificada, diosa de la fecundidad cuya fiesta se celebraba en primavera.
Su carro se conservaba en un bosque, al que sólo un sacerdote encargado de su culto podía acercarse.
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LAS NORNES
Las nornes eran en la mitología escandinava las diosas del destino, similares a las Parcas romanas o
las Moiras griegas.
Hilanderas en cuyas manos estaba también la vida de los hombres, porque el hilo
del destino podía cortarse en cualquier momento en lugar de seguir tejiendolo.
Eran también las que cada día regaban el fresno donde se suponía que estaba situado la tierra.
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