ODER
Era esposo de la diosa Freya y tuvo con ella dos hijas, Nossa y Gerseme, tan bellas que llevaron sus nombres todas
las joyas y piedras preciosas.
Abandonó a su esposa e hijas para recorrer el mundo, y de él ya no se supo nada más. Freya fue a buscarle derramando
lágrimas de oro, pero no lo encontró.
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ODÍN O WODAN
Era llamado Odín por los germanos del norte y Wodan por el resto.
Era hijo de los gigantes Bor y Bestla y hermano de los dioses Vili y Ve.
Sus esposas fueron Jord (la tierra
deshabitada, especie de Gea germana), Rind (la tierra inculta cubierta por la nieve) y Frigg (la tierra ocupada por
el hombre, parecida a la Demeter griega). Sus hijos fueron Thor, Balder, Vale, Vali y Vidar.
Su culto se originó en los países renanos de allí paso a la Germania y, cuando emigraron, a Escandinavia.
Originariamente era un dios Ctetónico y de las tormentas nocturnas. Se le imaginaba cubierto con una ancha capa, con
un sombrero y subido en un caballo con el que recorría el cielo persiguiendo una caza fantástica. Por eso conservó su
papel en las leyendas de la Caza furiosa y su función de guía de las almas y de los aparecidos.
Tampoco era en
origen un dios de la fuerza bruta sino un dios intelectual, que inventó las runas, era mago e inspiraba a los poetas
y por ello los romanos le compararon a Mercurio. Luego llegó a ser el dios del cielo al suceder al dios Tyr, con su
manto azul y su único ojo (el sol).
Con el tiempo llegó a ser el dios supremo que desde el cielo otorgaba la victoria en la guerra, curaba, y del que
dependían todas las cosas del espíritu.
Era un dios hermoso, elocuente, poeta, que tenía el poder de transformarse en todo cuanto quería, cuya sola presencia
en la batalla ensordecía y volvía locos a los enemigos. Conocía formulas mágicas que sanaban y hacían inservibles
las armas de los enemigos, calmaban las tempestades y encadenaban o rompían cadenas. Por si esto fuera poco, poseía
un licor mágico que otorgaba la sabiduría.
Se le imaginaba cubierto con una coraza y un casco de oro y portando en su mano la lanza Gungnir, fabricada por los
enanos, que nunca erraba el golpe, y montando un caballo de ocho patas, Sleipnir , que no tenía obstáculo.
Vivía en una amplia sala o palacio, el Valhalla, donde se reunían con él los guerreros muertos que se habían distinguido
por su valor. Allí el tiempo pasaba entre juegos bélicos y festines. Vivían también con el los dos cuervos: Hugin y
Munin, las Valquirias y su consejero Mimir.
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