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El 28
de Diciembre de 2008 pasará a la historia como un “Día de gala” para el
pueblo de Valdemorales. Un día grande para mí y también, creo, para
todos mis paisanos.
Valdemorales ha vibrado en la celebración solemne de mis Bodas de oro
sacerdotales. No ha faltado nadie a la cita. Allí estaban todos para
compartir la alegría de tan fausto acontecimiento. Precedieron días de
mucho ajetreo en la preparación de la Eucaristía, regalos, salón para el
ágape fraterno. Todo a punto y con exquisito esmero.
Las
ausencias por enfermedad o trabajo han sido suplidas con creces por los
familiares participantes en los actos. Amor, cariño sincero, por todas
partes. Abrazos, palabras de reconocimiento, lágrimas de emoción,
alegría por el encuentro. Sintonía perfecta sin nota alguna discordante.
En la
fiesta de la Sagrada Familia, todo un homenaje a las nuestras y de
nuestras propias familias, al estilo de Jesús, María y José. Un pueblo,
aunque pequeño, en una sola familia, como nos enseñaron nuestros padres
y abuelos, en los tiempos de pobreza y miseria, superadas con la gran
riqueza del AMOR, como remedio para la soledad del corazón.
Aquí
vivimos y convivimos en la tolerancia, sin rencor, con la mirada en lo
alto y la humildad de que “sólo sé que no sé nada”, pero en la práctica
del servicio, por AMOR a cambio de nada, para la felicidad de todos.
Inolvidable día para todos los “corcheros”, orgullosos de su pueblo y de
su Virgen del Rosario, como centro y vínculo de unidad. Ejemplo a seguir
para llevar la alegría y felicidad a los que no la tienen.
Bendito sea mi pueblo, Valdemorales, en cada una de sus familias y en
cada uno de sus miembros.
Ojalá
que haya muchas Bodas de oro en el matrimonio, porque, en el sacerdocio,
hijos del pueblo, por el momento y por desgracia, ésta ha sido la
última. Dios quiera enviar operarios a su mies con nuevas vocaciones
salidas de nuestras modestas familias “corcheras”.
La
palabra GRACIAS se queda corta, aunque sea la única a mi alcance. A
todos y cada uno de mis paisanos, sin nombres ni cargos por temor a
cualquier exclusión involuntaria, que Dios y nuestra excelsa Patrona, la
Virgen del Rosario, os recompensen con creces.
Vuestro siempre
JUAN
ANTONIO.
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