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LA CIENCIA CONFIRMA LA PROFECIA MAYA
Enviado por: Otto Alberto Dulanto Pardo Figueroa su mail ottoalbertod@gmail.com
Mar, 1 de Mayo, 2007 9:19 pm
*LA CIENCIA CONFIRMA LA PROFECIA MAYA*
El cumplimiento de las detalladas predicciones que la antigua cultura maya hizo para el periodo que media entre los años 1992 y 2012 de nuestro calendario plantea un profundo misterio y una pregunta inquietante: ¿nos
encontramos realmente viviendo el final de una era cósmica y veremos dentro
de siete años el amanecer de una con signo muy distinto?
Los científicos no saben qué está sucediendo con el Sol. El 20 de enero de
este año (2005), una sorpresiva tormenta solar alcanzó la Tierra con su
máximo de radiación sólo 15 minutos después de iniciarse la serie de
explosiones, cuando lo habitual son 2 horas. Según Richard Mewaldt, del
California Institute of Technology, fue la más violenta en los últimos 50
años. También ha sido la más misteriosa.
¿El Círculo De la Cosecha de DOOMSDAY? Este círculo asombroso
de la cosecha ofrece un mosaico antiguo de Egipto en el centro, y los símbolos del Calendario Maya alrededor del
borde.
*Los científicos creían que dichas tormentas se producían en la corona solar
por las ondas de choque asociadas a eyecciones de plasma. Sin embargo, en
este caso parece haberse originado extrañamente en el interior del Astro
Rey, según afirmó el profesor Robert Lin, de la Universidad de California.
Los astrónomos expresaron su perplejidad. El profesor Lin principal investigador del satélite Reuven Ramaty High Energy Solar Spectroscopic Imager (RHESSI)– concluyó su declaración con una frase muy significativa: «Esto
significa que realmente no sabemos cómo funciona el Sol».
En resumen: el insólito fenómeno del 20 de enero ha pulverizado los modelos predictivos de nuestra ciencia.
Pero además, ¿por qué se produce una actividad tan intensa y anómala en este
momento? El pico de máxima actividad de nuestra estrella –en su ciclo principal de 11 años– tuvo lugar en el año 2000.
En 2004 los físicos solares observaron una ausencia total de manchas, algo que siempre anuncia la proximidad de un mínimo de actividad.
Dicho mínimo debía producirse entre 2005 y 2006, unos 4 años antes del nuevo máximo, previsto para el año 2010 o 2011, precisamente en vísperas de la
fecha para la cual los antiguos mayas profetizaron el final de la era
correspondiente al «Quinto Sol» y el comienzo de otro ciclo cósmico, llamado
«Sexto Sol».
¿Sabían algo los mayas que nuestra ciencia actual ignora? ¿Podrían ayudar
sus textos sagrados a los científicos, desconcertados por el extraño e
inquietante comportamiento del Astro Rey?
Y sobre todo: ¿por qué motivo prestó aquella antigua cultura tanta atención
a la actividad solar de nuestros días en tiempos tan remotos?
El calendario maya finaliza abruptamente el sábado 23 de diciembre de 2012,5.125 años despúes de iniciarse la era del «Quinto Sol».
Según sus profecías, la causa física desencadenante es que el Sol recibiría
un rayo proveniente del centro de la galaxia y emitiría una inmensa
«llamarada radiante» que transmitiría esa radiación a la Tierra y al resto
del sistema solar. Este evento precedería al comienzo de un nuevo ciclo
cósmico.
Según su cómputo, habrían tenido lugar ya 5 ciclos de 5.125 años,
completando una serie de 25.625 años, periodo muy próximo al de «la precesión de los equinoccios», conocido como «Año Platónico» o «Gran Año Egipcio», correspondiente a un ciclo completo formado por 12 eras astrológicas ( 25.920 años).
Según los mayas, en la Tierra cada ciclo de 5.125 años habría sido el escenario de la aventura de una Humanidad –«una raza» en su concepto– y habría acabado con su destrucción, seguida por la regeneración que trae el siguiente ciclo o «Sol». Al comienzo de éste se produce una sincronización
de la «respiración» de todas las estrellas, planetas y seres.
El 11 de agosto de 3.113 a.C. los mayas fijaron el nacimiento del «Quinto
Sol» –la era actual– cuyo final llegaría en 2012. La Era del Agua habría
acabado con el Diluvio, la posterior a ésta con un diluvio de fuego y la
nuestra, llamada «del Movimiento», finalizaría con violentos terremotos,
erupciones volcánicas y huracanes devastadores.
La mitología de las culturas antiguas más diversas recoge la memoria de
inundaciones catastróficas que tuvieron lugar hace unos 12.000 años y de
misteriosas lluvias de fuego, hace algo más de 5.000 años, que
investigadores como Maurice Cotterell asocian a un gran cometa que rozó la
atmósfera terrestre.
La predicción maya también describe los 20 años anteriores al primer día del
«Sexto Sol» con cierto detalle. Este ciclo menor, que ellos denominaban
Katum, ya ha consumido casi dos tercios de su duración total. Ello nos
permite verificar hasta qué punto se han cumplido sus profecías hasta este
momento y, en consecuencia, decidir si su nivel de aciertos merece
suficiente credibilidad como para prestarles atención.
El último Katum –denominado por ellos «el tiempo del no tiempo»– habría
empezado en el año 1992 de nuestro calendario, después de un eclipse de Sol
que esta cultura pronosticó para el 11 de julio de 1991 y que se cumplió
puntualmente. En el concepto maya se trataría de un periodo de transición,
caracterizado por profundos cambios cósmicos, telúricos e históricos.
Es curioso observar que en septiembre de 1994 se produjeron fuertes
perturbaciones en el magnetismo terrestre, con alteraciones importantes en
la orientación de las aves migratorias y cetáceos, e incluso en el
funcionamiento de la aviación.
En 1996, la sonda espacial Soho descubrió que el Sol no presentaba ya polos
magnéticos sino un único campo homogeneizado. En 1997 se produjeron
violentas tormentas magnéticas en el Sol. Y en 1998, la NASA detectó la
emisión de un potente flujo de energía proveniente del centro de la galaxia
que nadie supo explicar.
*Otra fecha importante de las profecías mayas fue el eclipse total de Sol
del 11 de agosto de 1999, que también se verificó puntualmente. Según el
Chilam Balam –un libro sagrado maya–, siete años después del inicio del
último Katum (1999) comenzaría una era de oscuridad y las convulsiones de la
Tierra –sismos, huracanes, erupciones volcánicas– aumentarían sensiblemente.
El 15 de septiembre de 1999, sólo un mes después del mencionado eclipse,
una misteriosa explosión proveniente del espacio eclipsó durante horas el
brillo de algunas estrellas. Las radiaciones de ondas radio, rayos gamma y
rayos X multiplicaron su intensidad por 120. Astrónomos como Richard
Berendzen y Bob Hjellming, del Observatorio Radioastronómico de Nuevo México
(EE UU), calificaron este fenómeno como un enigma «digno de una
investigación detectivesca»*El rayo y la llamarada radiante*
Ante estos hechos objetivos cabe preguntarse: ¿podría ser esa misteriosa e
inexplicada radiación de 1999 el rayo proveniente del centro de la galaxia
que, según los mayas, alcanzaría al Sol antes del año 2012, cuando se
dispararan los fenómenos sísmicos? ¿No resulta también evocador de «la
llamarada radiante» que, según los mayas emitiría el Sol después de recibir
ese «rayo», la igualmente enigmática y anómala explosión solar del 20 de
enero de 2005, que ha dejado perplejos y sin respuestas a los científicos?
El eclipse del 11 de agosto de 1999 que precedió a la fuerte radiación
proveniente del espacio del 15 de septiembre de 2005 inauguró un periodo de
cataclismos naturales.
*El día 7 de ese mismo mes se produjo un terremoto de 5,9º (escala Richter)
en Grecia, con 218 muertos; el 8, inundaciones catastróficas en China, con
miles de muertos; el 17, un terremoto de 7,4º en Turquía, con
15.000muertos; el 20, un terremoto de 7,6º en Taiwan, con
2.000 muertos; el 22, una cadena de terremotos menos destructivos –entre 2º
y 5,2º– en todo el planeta; el 30, un terremoto en Oaxaca (México), seguido
de grandes incendios debidos a explosiones de gas, con más de 100 muertos; y
el 10 de octubre las lluvias produjeron 300 muertos y 500.000 damnificados,
también en México.
*No se trata de una lista exhaustiva de catástrofes ni mucho menos, sino
sólo de una muestra de algunos fenómenos muy destructivos, ocurridos tan
sólo en los dos meses que siguieron al eclipse de agosto. Incluir los
conflictos humanos que estallaron en esos dos meses y otras catástrofes
naturales requeriría un abultado volumen.
En este mismo número se recogen otros datos sobre el aumento espectacular de
los seísmos, erupciones volcánicas y meteoros violentos. La comparación de
la intensidad y la cantidad que estos fenómenos tuvieron en los últimos años
con periodos anteriores revela que experimentaron un incremento espectacular
en este periodo que los mayas denominaron «el tiempo del no tiempo».
Después de la potente y anómala radiación emitida por el Sol el 20 de enero
de este año se han disparado las erupciones volcánicas, que ya habían
experimentado un incremento notable después del eclipe de 1999. En todo 2004
se registraron 31 erupciones significativas.
Sólo entre enero y abril de 2005, se han detectado 21. Y si sumamos los
informes sobre nueva actividad de los volcanes que experimentaron erupciones
significativas desde 1999, la cifra asciende a 43 para los 4 meses iniciales
de este año.
A esta confirmación de las predicciones mayas debemos añadir otras.
Según dichas profecías, a partir del eclipse de 1999 se incrementarían las
guerras y la destrucción.
El cono de sombra de este eclipse se proyectó precisamente sobre Medio
Oriente, Irak, Irán, Afganistán, Paquistán e India, señalando un área
sacudida por los conflictos más sangrientos y la amenaza permanente de una
confrontación entre Paquistán e India, ambos con arsenal nuclear.
Al acercarse el 2012 una ola de calor aumentaría la temperatura del planeta,
produciendo cambios climáticos, geológicos y sociales sin precedentes, con
una rapidez asombrosa. Estamos inmersos en dicha dinámica. El acelerado
derretimiento de los glaciares en todo el mundo y la aparición de zonas
verdes en la Antártida es ya un hecho confirmado
científicamente. También anunciaron los cambios inesperados de la
actividad del Sol que los
científicos están verificando.
Las profecías mayas pronostican la aparición de un cometa, con alta
probabilidad de un impacto contra la Tierra. Curiosamente, también en el
Apocalipsis de San Juan se predice la llegada de este cometa llamado
«Ajenjo» como signo del «Final de los Tiempos».
*Otra coincidencia llamativa es que el 11 de agosto de 1999, no sólo tuvo
lugar el último eclipse total del milenio, sino la formación de una
configuración astrológica muy rara: la Gran Cruz Cósmica, formada en los
signos de Tauro, Leo, Escorpio y Acuario, por el Sol, la Luna y tres
planetas (AÑO/CERO, 102).*
Esta Cruz también nos remite al Apocalipsis porque evoca a «los cuatro
vivientes custodios del Trono».
El primero es descrito como «semejante a un león» (Leo), el segundo
«semejante a un toro» (Tauro), el tercero «con semblante humano» (Acuario,
el Aguador) y el cuarto semejante a un águila (Escorpio).
Estamos ante un simbolismo complejo que encaja con las profecías mayas del
comienzo del «Sexto Sol»: una nueva era que, según su predicción, supondrá
«el final del tiempo del miedo» y una Humanidad renovada cósmicamente, que
construirá una civilización superior a la actual.
Esta convergencia de expectativas, independientes unas de otras, que avalan
las profecías mayas es otro hecho a tener en cuenta.
Resulta inevitable recordar a maestros como Sri Aurobindo que, junto a su
compañera Madre y su discípulo Satprem, promovieron una transformación
fisiológica, convencidos de que, en un ser humano superior, debería
producirse «el despertar» del cuerpo a nivel celular e incluso de los
átomos.
*Una evolución programada*
Aurobindo enseñó que se produciría «un descenso de la luz superior a las
partes más bajas de la naturaleza», que favorecería el acceso del ser humano
a un nivel de conciencia más elevado que el actual.
¿Podría este cambio ser activado o favorecido por ese gran evento cósmico
que anunciaron las profecías mayas? ¿Podría ese salto vibracional del
Universo, transmitido por el Universo al Sol y por éste a la Tierra, estar
impulsando «la gran transformación» que, según los mayas, llegará
definitivamente a nuestro planeta el sábado 23 de diciembre de 2012?
En cualquier caso, todas estas profecías son muy elocuentes respecto a dicho
salto cualitativo en la evolución de la conciencia.
El cambio cósmico crea las condiciones, pero la transmutación interior sólo
puede ser el resultado de una decisión libre y de un trabajo interior
individual.
En este final del último Katum del calendario maya el Cielo nos pone ante
una encrucijada: autodestrucción o transformación. Nos hallamos, por tanto,
en una especie de «tierra de nadie»: una fase definitiva que ya no pertenece
a la vieja era, pero tampoco a la que amanecerá dentro de siete años, cuando
se abra «la puerta» cósmica de un tiempo renovado.
*En cualquier caso, nos parece evidente que los hechos corroboran las
profecías mayas lo suficiente como para tomarlas en serio y examinarlas sin
prejuicios a la luz de lo que sabemos del mundo. ¿La evolución biológica y
psicoespiritual responde a una programación cósmica inteligente? Este es, sin duda, el gran misterio que se nos plantea".
*Texto compartido en la Red por
Olie Zlatar mail oliezlatar@yahoo.com.ar