| CUENTOS INFANTILES EL BANQUILLO DE LOS RESERVAS
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Reservas
¡Guillermooooooooo! Eres más bruto que un arao (arado), y tu Alejandro te pareces a una bailarinaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
Fueron las palabras atronadoras de Angel-Ratás , el entrenador de futbol-sala que se oyeron en todo el pequeño estadio del club deportivo, y que se las decía a dos chavales sentados en el banquillo.
Quienes estaban por primera vez viendo un partido, se quedaban anonadados; pero por aquel tiempo en el que el fútbol era el rey del deporte era lo más normal. No solamente eran ellos los nombrados, sino que había más, muchos más jóvenes que sufrían, pero la ilusión de ambos hermanos era a prueba de todo, y seguían en el equipo.
Durante gran cantidad de partidos, ambos permanecían sentados.
De poco había servido que su padre hablase con la psicóloga del colegio, para que los muchachos pudiesen entran más en juego. Ella era de la opinión que para los jóvenes era suficiente con ver triunfar a sus compañeros, aunque permaneciesen en el banquillo. Lo importante era el grupo.
Era el último partido de la temporada y se jugaban ni más ni menos que el ascenso de categoría.
El empate que campeaba en el marcador, no era suficiente, y los dos hermanos eran los únicos chavales que no habían salido todavía, y la sangre les hervía.
En realidad estaban acordándose de la familia del entrenador, por decirlo suavemente.
-¿Y nosotros ....................salimos Ángel?
-¡Dejadme tranquilo, que me tenéis muy harto!
Por la mente de Ángel lo único que cruzaba era ganar el partido, y por supuesto que aquellos dos "maletas" no entraban en sus previsiones.
Eso sí, cuando era la hora de pagar, el colegio, o club deportivo no se preocupaba de si jugaban más o menos que los demás. ¡ El dinero era el dinero! ...y por supuesto que todos debían aportar la misma cantidad.
¡Qué mala suerte, el portero y un defensa del equipo chocaron fortuitamente y se lesionaron!
Solo quedaban ambos hermanos con posibilidad de salir, así es que muy a pesar suyo, el entrenador colocó a Alejandro de portero y a Guillermo de defensa.
Sin duda alguna los veinte minutos que quedaban iban a ser desastrosos, pues los ........buenos......... estaban fuera de combate-se dijo el entrenador.
Pronto todos espectadores, se dieron cuenta de que el panorama había cambiado mucho.
Guillermo, un tanto enjuto pero alto comenzó a despejar el balón con tal energía, que llegaba hasta la portería contraria y los contrincantes comenzaban a " pensárselo seriamente" en el momento de entrar por esa banda.
El entrenador contrario les animaba para internarse por la banda de ese "Patán", pero ....el esférico ......escocía y no era cuestión de arriesgar el físico.
Chutarían desde lejos, al fin y al cabo el portero era carne de banquillo, un segundón.
Lo que no sabían es que estaba de guardameta un joven atrevido y valiente. Diez disparos a puerta, por la escuadra, por la cepa del poste, por el centro, por cualquier ángulo, y siempre estaban las manos de Alejandro para detener el balón.
El entrenador parecía que no veía lo que el resto del público, y todavía gritaba a los hermanos, quienes, ya no hacían ni caso después de todo un año de escucharle sus improperios, y conocedores de que no les devolvería al banquillo.
Por supuesto que su padre, al igual que tantos y tantos que se ven a lo largo de los campos de deporte estaba enojado con el entrenador, pero ahora estaban jugando sus hijos como nunca, y no tenía ganas de recriminarle nada.
La gente comenzó a aplaudir las acciones de Guillermo y Alejandro, y su padre el primero. Fueron veinte minutos inolvidables para muchos, pero a pesar del juego el marcador quedó en empate. Era necesario recurrir al penalty.
En ese momento estaban empatados a 4, y perdía el que fallaba.
El entrenador Angel-Ratás señaló a Guillermo para lanzar el siguiente; tal vez se sintió generoso, o ...... simplemente es que no quedaba nadie más para lanzar la pena máxima.
¿Quizás tarde, pero se había dado cuenta de la fuerza de aquel chaval ?
El padre de Guillermo no daba crédito a sus ojos, y nunca había visto tirar un penalty a su hijo.
El joven futbolista colocó el esférico en el suelo, tomó carrerilla y gracias a Dios que el portero no se puso en la trayectoria de la pelota que entró como una exhalación por la escuadra.
Las lágrimas del padre regaban su rostro, pero aún no había terminado el partido yu los contratincantes todavía podían empatar.
Les faltaba lanzar un penalty.
Alejandro observó fijamente al delantero. Le miró a los ojos, y no dejó de hacerlo en ningún momento. El delantero no había visto una mirada así en toda su vida. Los ojos de Alejandro se le quedaron grabados, y por un momento pareció hipnotizado.
Tomó carrera, y chutó por toda la escuadra.Todo el mundo pensó que era gol. Todos excepto Alejandro, que dio el salto más grande de su vida, atrapó el balón en el aire y cayó en forma de palomita.
Su hermano, su padre, sus compañeros, incluso el entrenador se lanzaron a por el portero. La gente aplaudía y se volvía loca. Lo habían conseguido.
El grupo de jugadores había conseguido el ascenso, pero no solo una parte del mismo... sino............ ¡Todo el grupo!
Autor: Quintín Garcia Muñoz