EL NACIMIENTO DE UN HADA


ESPACIO LLENO

 

 

Alexis caminó, sin apenas detenerse, durante innumerables días y noches buscando lo maravilloso y extraordinario. Sus buenos pensamientos  y deseos bendecían a todas y cada una de las plantas que quedaban a su paso. En contadas ocasiones su cólera descargaba contra algunas molestas, puntiagudas e irientes zarzas, pero como caminaba siempre hacia adelante en ningún momento se paró a observar las cosecuencias de sus pensamientos. No observó que algunas hierbecillas , agradecidas por las bendiciones recibidas, devenían en poderosos árbustos, y que por el contrario, algunos matorrales fuertes disminuían su tamaño hasta secarse.

   Hablando claramente, no era totalmente consciente de sus pensamientos y de las consecuencias de éstos.

   Y fue un buen dia, cuando se detuvo a descansar  cerca de un cristalino riachuelo, en el que observó un extraño capullo perdido entre la maleza. Parecía desear ascender hacia la luz.   

Mientras comía un poco de queso y pan, le dirigió una sonrisa. Lo veía tan delicado que enseguida se encariñó con él.    Volvió su mirada hacia la serpenteante, refulgente y plateada agua que se perdía a lo lejos en el valle, y tras profundas inmersiones en los misterios de su mente, de nuevo retornó la mirada hacia el delicado capullo.  

   - Juraría que había crecido. -se dijo.

    Volvió a sonreir amigablemente y se sumió de nuevo en sus intrincados y complicados pensamientos.

   - ¡ Ahora si! - exclamó en voz alta

Ahora podía comprobar que el delicado brote había crecido en altura y grosor.

    Su atención se centró intensamente para bendecir con enorme cariño a aquella tierna y futura flor.     En el mismo instante,  el crecimiento fué continuo. Una hermosa rosa blanca refulgía a los rayos del sol. Alexis sabía perfectamente que un capullo tardaba como mínimo dos dias en llegar a deslumbrar con su belleza. Así pues, se conoció a sí mismo, como el Jardinero. La hermosa  rosa blanca le había otorgado un extraordinario don. El don de saber quíen era.

     De esta historia hubo algo que no dijo nunca a nadie. De la delicada rosa,  nació una diminuta forma, parecida a una niña. Aquel ser angelical voló hacia él y le dió un beso en la frente.

     Alexis partió hacia el norte, y cuando llegó a las gélidos páramos, era capaz de ver en cada una de las escasas briznas de hierba, a diminutas niñas que le saludaban. Jamás olvidó aquel beso, y cuando después de muchos años regresó por aquel camino, ya no vió una niña. Había una hermosa dama vestida de azul y blanco que cuidaba de aquella extensión de tierra cercana al riachuelo.

     Se miraron a los ojos, se tomaron de las manos y comprendieron que uno sin el otro no habrían sido ellos mismos.

 

Ilustraciones: Maria Eliana Aguilera Hormazabal

Autores: María Eliana Aguilera Hormazabal/ Quintín García Muñoz

 

 

 

 

 

   

 

 

 

   

 

   

 

 

Revista Alcorac

 

 

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