El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha
(de Alonso Fernández de AVELLANEDA)



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TEXTO ÍNTEGRO
Quinta Parte Tabla de capítulos
Preliminares
Al alcalde, regidores y hidalgos
Prólogo
Capítulos I al XII
Sexta Parte Capítulos XIII al XXIIII
Séptima Parte Capítulos XXV al XXXVI y último
























Tabla de los capítulos Ir al inicio

Quinta parte del ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha y de su andantesca caballería
Capítulo primero De cómo don Quijote de la Mancha volvió a sus desvanecimientos de caballero andante, y de la venida a su lugar del Argamesilla de ciertos caballeros granadinos
Capítulo II De las razones que pasaron entre don Álvaro Tarfe y don Quijote sobre cena, y cómo le descubre los amores que tiene con Dulcinea del Toboso, comunicándole dos cartas ridículas; por todo lo cual, el caballero cae en la cuenta de lo que es don Quijote
Capítulo III De cómo el cura y don Quijote se despidieron de aquellos caballeros, y de lo que a él le sucedió con Sancho Panza después de ellos idos
Capítulo IIII Cómo don Quijote de la Mancha y Sancho Panza, su escudero, salieron tercera vez del Argamesilla, de noche, y de lo que en el camino desta tercera y famosa salida le sucedió
Capítulo V De la repentina pendencia que a nuestro don Quijote se le ofreció con el huésped al salir de la venta
Capítulo VI De la no menos estraña que peligrosa batalla que nuestro caballero tuvo con una guarda de un melonar que él pensaba ser Roldán el Furioso
Capítulo VII Cómo don Quijote y Sancho Panza llegaron a Ateca, y cómo un caritativo clérigo, llamado mosén Valentín, los recogió en su casa, haciéndoles todo buen acogimiento
Capítulo VIII De cómo el buen hidalgo don Quijote llegó a la ciudad de Zaragoza, y de la estraña aventura que a la entrada della les sucedió con un hombre que llevaban azotando
Capítulo VIIII De cómo don Quijote, por una estraña aventura, fue libre de la cárcel, y de la vergüenza a que estaba condenado
Capítulo X Cómo don Álvaro Tarfe convidó ciertos amigos suyos a comer, para dar con ellos orden qué libreas habían de sacar en la sortija
Capítulo XI De cómo don Álvaro Tarfe y otros caballeros zaragozanos y granadinos jugaron la sortija en la calle del Coso, y de lo que en ella sucedió a don Quijote
Capítulo XII Cómo don Quijote y don Álvaro Tarfe fueron convidados a cenar con el juez que en la sortija les convidó, y de la estraña y jamás pensada aventura que en la sala se ofreció aquella noche a nuestro valeroso hidalgo
Sexta parte del ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
Capítulo XIII Cómo don Quijote salió de Zaragoza para ir a la corte del rey católico de España a hacer la batalla con el rey de Chipre
Capítulo XIIII De la repentina pendencia que tuvo Sancho Panza con un soldado que, de vuelta de Flandes, iba destrozado a Castilla en compañía de un pobre ermitaño
Capítulo XV En que el soldado Antonio de Bracamonte da principio a su cuento del rico desesperado
Capítulo XVI En que Bracamonte da fin al cuento del rico desesperado
Capítulo XVII En que el ermitaño da principio a su cuento de los felices amantes
Capítulo XVIII En que el ermitaño cuenta la baja que dieron los felices amantes en Lisboa por la poca moderación que tuvieron en su trato
Capítulo XIX Del suceso que tuvieron los felices amantes hasta llegar a su amada patria
Capítulo XX En que se da fin al cuento de los felices amantes
Capítulo XXI De cómo los canónigos y jurados se despidieron de don Quijote y su compañía, y de lo que a él y a Sancho les pasó con ella
Capítulo XXII Cómo prosiguiendo su camino don Quijote con toda su compañía, toparon una estraña y peligrosa aventura en un bosque, la cual Sancho quiso ir a probar como buen escudero
Capítulo XXIII En que Bárbara da cuenta de su vida a don Quijote y sus compañeros hasta el lugar, y de lo que les sucedió desde que entraron hasta que salieron dél
Capítulo XXIIII De cómo don Quijote, Bárbara y Sancho llegaron a Sigüenza, y de los sucesos que allí todos tuvieron, particularmente Sancho, que se vio apretado en la cárcel
Séptima parte del ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
Capítulo XXV De cómo al salir nuestro caballero de Sigüenza encontró con dos estudiantes, y de las graciosas cosas que con ellos pasaron hasta Alcalá
Capítulo XXVI De las graciosas cosas que pasaron entre don Quijote y una compañía de representantes con quien se encontró en una venta cerca de Alcalá
Capítulo XXVII Donde se prosiguen los sucesos de don Quijote con los representantes
Capítulo XXVIII De cómo don Quijote y su compañía llegaron a Alcalá, do fue libre de la muerte por un estraño caso, y del peligro en que allí se vio por querer probar una peligrosa aventura
Capítulo XXIX Cómo el valeroso don Quijote llegó a Madrid con Sancho y Bárbara, y de lo que a la entrada le sucedió con un titular
Capítulo XXX De la peligrosa y dudosa batalla que nuestro caballero tuvo con un paje del titular y un alguacil
Capítulo XXXI De lo que sucedió a nuestro invencible caballero en casa del titular, y de la llegada que hizo en ella su cuñado don Carlos en compañía de don Álvaro Tarfe
Capítulo XXXII En que se prosiguen las graciosas demostraciones que nuestro hidalgo don Quijote y su fidelísimo escudero Sancho hicieron de su valor en la corte
Capítulo XXXIII En que se continúan las hazañas de nuestro don Quijote y la batalla que su animoso Sancho tuvo con el escudero negro del rey de Chipre, y juntamente la visita que Bárbara hizo al Archipámpano
Capítulo XXXIIII Del fin que tuvo la batalla aplazada entre don Quijote y Bramidán de Tajayunque, rey de Chipre, y de cómo Bárbara fue recogida en las Arrepentidas
Capítulo XXXV De las razones que entre don Carlos y Sancho Panza comieron acerca de que él se quería volver a su tierra o escribir una carta a su mujer
Capítulo XXXVI y último De cómo nuestro buen caballero don Quijote de la Mancha fue llevado a Toledo por don Álvaro Tarfe y puesto allí en prisiones en Casa del Nuncio, para que se procurase su cura
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Preliminares

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Por comisión del señor dotor Francisco de Torme y de Liori, canónigo de la santa Iglesia de Tarragona, Oficial y Vicario General, por el ilustrísimo y reverendísimo señor don Juan de Moncada, Arzobispo de Tarragona, y del Consejo de Su Majestad, he leído yo, Rafael Ortoneda, dotor en santa Teología, el libro intitulado Segundo tomo del ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, compuesto por el licenciado Alonso Fernández de Avellaneda, y me parece que no contiene cosa deshonesta ni prohibida, por la cual no se deba imprimir, y que es libro curioso y de entretenimiento.

Y por tanto, lo firmo de mi mano hoy, a 18 de abril del año de 1614.

El dotor Rafael Ortoneda.







Nos, el dotor Francisco de Torme y de Liori, canónigo de la santa Iglesia de Tarragona, y por el ilustrísimo y reverendísimo señor don Juan de Moncada, por la gracia de Dios Arzobispo de Tarragona, y del Consejo de Su Majestad, en el espiritual y temporal, Vicario General y Oficial. Atendida la relación del dotor Rafael Ortoneda, a quien comitimos que viese y examinase este libro, que se intitula Segundo tomo de don Quijote de la Mancha, compuesto por el licenciado Alonso Fernández de Avellaneda, que no contiene cosa deshonesta ni prohibida, damos y atorgamos licencia que se pueda imprimir y vender en este Arzobispado.

Fecha de nuestra propria mano en la dicha ciudad de Tarragona, a 4 de julio, 1614.

El dotor y canónigo Francisco de Torme y de Liori,
Vicario General y Oficial.













Al alcalde, regidores y hidalgos de la noble villa del Argamesilla de la Mancha, patria feliz del hidalgo caballero don Quijote, lustre de los profesores de la caballería andantesca

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Antigua es la costumbre de dirigirse los libros de las excelencias y hazañas de algún hombre famoso a las patrias ilustres, que como madres los criaron y sacaron a luz, y aun competir mil ciudades sobre cuál lo había de ser de un buen ingenio y grave personaje. Y como lo sea tanto el hidalgo caballero don Quijote de la Mancha (tan conocido en el mundo por sus inauditas proezas), justo es para que lo sea también esa venturosa villa que vuesas mercedes rigen, patria suya y de su fidelísimo escudero Sancho Panza, dirigirles esta segunda parte, que relata las vitorias del uno y buenos servicios del otro, no menos invidiados que verdaderos.

Reciban, pues, vuesas mercedes bajo de su manchega protección el libro y el celo de quien contra mil detracciones le ha trabajado, pues lo merece por él y por el peligro a que su autor se ha puesto, poniéndole en la plaza del vulgo, que es decir en los cuernos de un toro indómito, etc.

























Prólogo
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Como casi es comedia toda la historia de don Quijote de la Mancha, no puede ni debe ir sin prólogo; y así, sale al principio desta segunda parte de sus hazañas éste, menos cacareado y agresor de sus letores que el que a su primera parte puso Miguel de Cervantes Saavedra, y más humilde que el que segundó en sus Novelas, más satíricas que ejemplares, si bien no poco ingeniosas. No le parecerán a él lo son las razones desta historia, que se prosigue con la autoridad que él la comenzó y con la copia de fieles relaciones que a su mano llegaron; y digo mano, pues confiesa de sí que tiene sola una; y hablando tanto de todos, hemos de decir dél que, como soldado tan viejo en años cuanto mozo en bríos, tiene más lengua que manos. Pero quéjese de mi trabajo por la ganancia que le quito de su segunda parte, pues no podrá, por lo menos, dejar de confesar tenemos ambos un fin, que es desterrar la perniciosa lición de los vanos libros de caballerías, tan ordinaria en gente rústica y ociosa; si bien en los medios diferenciamos, pues él tomó por tales el ofender a mí, y particularmente a quien tan justamente celebran las naciones más estranjeras y la nuestra debe tanto, por haber entretenido honestísima y fecundamente tantos años los teatros de España con estupendas e inumerables comedias, con el rigor del arte que pide el mundo y con la seguridad y limpieza que de un ministro del Santo Oficio se debe esperar.

No sólo he tomado por medio entremesar la presente comedia con las simplicidades de Sancho Panza, huyendo de ofender a nadie ni de hacer ostentación de sinónomos voluntarios, si bien supiera hacer lo segundo y mal lo primero. Sólo digo que nadie se espante de que salga de diferente autor esta segunda parte, pues no es nuevo el proseguir una historia diferentes sujetos. ¿Cuántos han hablado de los amores de Angélica y de sus sucesos? Las Arcadias, diferentes las han escrito; la Diana no es toda de una mano. Y, pues Miguel de Cervantes es ya de viejo como el castillo de San Cervantes, y por los años tan mal contentadizo, que todo y todos le enfadan, y por ello está tan falto de amigos, que cuando quisiera adornar sus libros con sonetos campanudos, había de ahijarlos como él dice al Preste Juan de las Indias o al Emperador de Trapisonda, por no hallar título quizás en España que no se ofendiera de que tomara su nombre en la boca, con permitir tantos vayan los suyos en los principios de los libros del autor de quien murmura; ¡y plegue a Dios aun deje, ahora que se ha acogido a la iglesia y sagrado! Conténtese con su Galatea y comedias en prosa, que eso son las más de sus novelas: no nos canse.

Santo Tomás, en la 2, 2, q. 36, enseña que la envidia es tristeza del bien y aumento ajeno, dotrina que la tomó de san Juan Damasceno. A este vicio da por hijos san Gregorio, en el libr. 31, capít. 31, de la exposición moral que hizo a la historia del santo Job, al odio, susurración, detracción del prójimo, gozo de sus pesares y pesar de sus buenas dicha; y bien se llama este pecado invidia a non videndo, quia invidus non potest videre bona aliorum; efectos todos tan infernales como su causa, tan contrarios a los de la caridad cristiana, de quien dijo san Pablo, I Corintios, 13: Charitas patiens est, benigna est, non aemulatur, non agit perperam, non inflatur, non est ambitiosa... congaudet veritati, etc. Pero disculpan los hierros de su primera parte, en esta materia, el haberse escrito entre los de una cárcel; y así, no pudo dejar de salir tiznada dellos, ni salir menos que quejosa, mormuradora, impaciente y colérica, cual lo están los encarcelados. En algo diferencia esta parte de la primera suya, porque tengo opuesto humor también al suyo; y en materia de opiniones en cosas de historia, y tan auténtica como ésta, cada cual puede echar por donde le pareciere; y más dando para ello tan dilatado campo la cáfila de los papeles que para componerla he leído, que son tantos como los que he dejado de leer.

No me murmure nadie de que se permitan impresiones de semejantes libros, pues éste no enseña a ser deshonesto, sino a no ser loco; y, permitiéndose tantas Celestinas, que ya andan madre y hija por las plazas, bien se puede permitir por los campos un don Quijote y un Sancho Panza, a quienes jamás se les conoció vicio, antes bien, buenos deseos de desagraviar huérfanas y deshacer tuertos, etc.


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De Pero Fernández

Soneto

Maguer que las más altas fechorías
homes requieren doctos e sesudos,
e yo soy el menguado entre los rudos,
de buen talante escribo a más porfías.

Puesto que había una sin fin de días
que la fama escondía en libros mudos
los fechos más sin tino y cabezudos
que se han visto de Illescas hasta Olías,

ya vos endono, nobres leyenderos
las segundas sandeces sin medida
del manchego fidalgo don Quijote,

para que escarmentéis en sus aceros;
que el que correr quisiere tan al trote,
non puede haber mejor solaz de vida.

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